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Oyarzabal, el 9 más falso de España (y del mundo): "Fue un momento de tensión"

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Cómo explicarlo... Mikel Oyarzabal (Eibar, 29 años) es una de esas personas que siempre, siempre, siempre, mira con distancia a quien acaba de conocer. Mikel fija sus ojos en quien tiene delante. Mikel calla. Mikel deja hablar. Mikel observa y casi nunca dice nada que no se le pregunte. Mikel es, seguramente, el tipo más discreto de la selección española, y sin embargo, en esa discreción se esconde un delantero descomunal, que lo es desde hace apenas un año con unos números intimidantes y que ahora está bajo el foco de la prensa, nacional e internacional, interesada en él hasta el punto de completar 17 peticiones de entrevistas tras el duelo contra Arabia. Un delantero, teóricamente, falso. Muy falso. El más falso.

Hay un antes y un después de marzo de 2025 para Oyarzabal en la selección. En los cuartos de final de la Nations ante Holanda, Luis de la Fuente hizo el relevo: dejó de poner a Morata para poner al vasco como delantero centro. Desde entonces, 14 goles y siete asistencias en sus últimos 13 partidos. Preguntado por ello, Mikel fue Mikel: «Estoy tranquilo, no me importa lo que digan de mí. Sólo me importa lo que dicen mis compañeros, mi staff», decía ayer en la concentración, donde el viernes pasado tuvo un susto morrocotudo.

En el entrenamiento de ese día, el último en Chattanooga antes de viajar a Atlanta para el partido contra Arabia, notó una molestia en el muslo y se retiró. Pensó que, si se había lesionado, por poco que fuera, peligraba el Mundial. Sin embargo, las pruebas a las que se sometió ese mismo día, más el tratamiento de los fisios, le calmaron: no había lesión. Al día siguiente, sábado, ya en la víspera del partido, Luis de la Fuente le preguntó: «¿Estás?». «Estoy», le respondió, lacónico, como siempre.

Y despachó, en 45 minutos, dos goles, una asistencia (a Lamine) y un balón al larguero, compensación divina por los 30 minutos que estuvo sin siquiera tocarlo contra Cabo Verde, estadística que dio la vuelta al mundo. «Estoy con molestias, como todos los que estamos aquí, que a cada uno le duele una cosa, pero vamos, estoy bien», dijo.

En total, el jugador de la Real Sociedad lleva 27 goles en 55 partidos (es el séptimo máximo goleador, empatado con Morientes y a dos de Hierro) desde su debut con la selección formando parte de un grupo de meritorios que se llevó Vicente Del Bosque como relleno para unos amistosos antes de la Eurocopa de 2016.

De ahí pasó a manos de De la Fuente en las inferiores y le recuperó para la absoluta Robert Moreno en junio de 2019, en la primera lista después de que Luis Enrique tuviera que dejarlo por la enfermedad de su hija. Llegó para quedarse, y aunque el ligamento cruzado le dejó fuera del Mundial de Qatar (Luis Enrique le esperó hasta el último momento, pero no pudo ser), desde su rol de suplente le dio a España la Eurocopa con ese gol a Inglaterra en la final.

«Mikel Oyarzabal es un jugador de nivel mundial, que si no fuera español le valoraríais mucho más», suele repetir De la Fuente sobre él. Es más, el técnico, cuando llegó, le puso en la terna de capitanes. Aquí, en la selección, los capitanes son los que más internacionalidades llevan, pero el técnico impuso su nombre por su ascendencia sobre el grupo. Una ascendencia que no necesita muchas palabras, ni siquiera con Lamine y el resto de jóvenes, a los que mira entre divertido y sorprendido, él que tiene un carácter tan opuesto. Radicalmente opuesto.

«Cada vez me ponen nervioso menos cosas del fútbol. Me estoy haciendo mayor, he vivido más experiencias y en ese proceso de aprendizaje creo que hoy me encuentro muy sano. Tengo una familia que me ayuda muchísimo a darle importancia a las cosas que realmente la tienen. Cada vez hay menos cosas que me sacan de ahí», explica.

Hablando de su entorno, en el verano de hace dos años se hizo viral el recibimiento que le hizo su cuadrilla de amigos en Eibar, frente a la casa de sus padres, con la música de la Potra Salvaje después de ganar la Eurocopa. Ahí también tenía esa mirada entre desconfiada y divertida que le resume y que conocen bien en Jaca, donde suele pasar parte del verano. Vive, de verdad, su primer Mundial justo 20 años después de vivir el primero, por supuesto como aficionado y de la mano de sus padres, que le llevaron a la cita de Alemania a ver un Francia-Brasil como regalo de primera comunión.

Una foto de aquel viaje le llegó el otro día al móvil. «Sí, me la mandaron mis padres y me hizo ilusión. Ahora, poder estar aquí y vivirlo...», cuenta, de nuevo sin aspavientos.

Hablamos, pues, de un líder silencioso para una España que mira ya el partido contra Uruguay sabiendo que, ahí sí, empieza ya el Mundial. Él ya tiene su trofeo al MVP de un partido, casi nada. Bueno, no para Mikel. «Ganar estas cosas o no, no es algo que me vuelva loco». Pues eso, Oyarzabal, el 9 más falso, y más discreto, del mundo.