Paco Lluna, el ángel de la guarda de Ayuso que también lo fue de Pantani: "Viví lo mejor y lo peor con él"
En mitad del desenfreno de un paddock cada vez más sofisticado, rodeado de bicicletas que son odas a la tecnología, de autobuses última generación y ciclistas afilados, Paco Lluna se antoja un personaje de otra época. Lo fue. Por sus manos mágicas pasó Marco Pantani, entre otros, y los ojos se le humedecen al mencionar al malogrado amigo. Ahora lo hace Juan Ayuso, que le recuerda a su hijo, «tienen la misma edad». Un masajista siempre es mucho más, alivia el dolor, pero sobre todo es el recipiente de los desvelos y de las alegrías.
Y ahora con Juan es momento delicado, de incertidumbre tras un arranque esperanzador del Tour de Francia. «Cuando van las cosas bien es todo fácil. Cuando hay que estar encima, cuando necesita más el apoyo, es cuando las cosas no salen», advierte Paco, que repasa, sin perder el optimismo por lo que viene, otros momentos recientes de mal fario con su pupilo: «Este año, cuando mejor estaba, en la Paris-Niza... Ahí se te rompe un poco el corazón. El sacrificio, la planificación del invierno... Iba líder y una caída tira todo al traste. Luego en el País Vasco estuvo enfermo».
Cuando Paco -al que en invierno, cuando la rueda del ciclismo para por un momento, le gusta cuidar de los canarios que cría- le conoció por primera vez, Juan era una perla de 18 años que llegaba al UAE: «Matxin me había hablado de él...». Y desde el primer día se hicieron inseparables. No ha habido una carrera profesional de Ayuso en la que no haya tenido a Lluna a su vera y, cuando este invierno fichó por el Lidl-Trek, con él se marchó sin dudar. «La verdad es que tenemos una afinidad increíble. Digo siempre que somos compañeros, somos amigos y es como si fuera mi hijo», destaca el soigneur, también, a su manera, psicólogo, pues tan importante en la camilla es hablar como saber callar: «Depende del día. Si le notas enfrascado en lo suyo, le dejas tranquilo. Otras veces repasamos algo de la etapa, otros hablamos de MotoGP, de la Fórmula 1, de fútbol, de lo que sea».
Mercatone
Y ese «de lo que sea» podría ser cualquier memoria de Lluna, arcano de secretos, porque cuando llegó al pelotón, aún «tenía pelo y coleta». «Comencé gracias a mi tío, que era director del Helios. Yo estaba estudiando y había dejado de correr pronto. Entré como masajista y fui prosperando. Cuando al principio íbamos a la Vuelta, el staff éramos cinco personas y ahora aquí somos 45. Imagínate, esto ha cambiado mucho. Pero para bien», celebra quien pronto se iba a encontrar con una de las personas que marcaría su vida.
«Me llamó Martinelli para el Mercatone y allí estuve cuatro años. Pantani y yo teníamos prácticamente la misma edad. Creamos una buena relación. Él estuvo en mi casa, yo estuve en la suya y viví lo mejor y lo peor con él, las cosas como son», pronuncia Paco, al que le cuesta leer o ver ahora sobre el Pirata -«está todo tan distorsionado...»-: «Yo tengo mi libro en mi mente. La gente que se quede con lo que quiera y yo tengo lo mío».
Y lo suyo «era un chaval con un corazón increíble que cuando yo lo necesité, me prestó toda la ayuda del mundo por mi hijo. Le encantaban los niños, se involucraba mucho, pero siempre desde el anonimato. No se daba ninguna publicidad cuando prestaba ayudas. Era un fenómeno sobre la bicicleta pero también era un chaval al que le gustaba divertirse. A raíz de lo que pasó (sanción por dopaje) se juntó con quien no debía, entró en un bucle y de ahí no hubo manera de que saliera», lamenta.
El sábado el Tour pasará por la cima del Galibier, una de las cimas en las que Pantani escribió su leyenda, aquel ataque que destrozó a Jan UIlrich en la edición de 1998. Su pañuelo, su perilla, la ligereza en la ascensión... «Cuando pasas por esos sitios... se te pone la piel de gallina», rememora Lluna, el ángel de la guarda de tantos, a quien le cuesta recordar las Grandes Vueltas en las que estuvo presente: «Aproximadamente 14 o 15 Tour con éste. Vueltas a España llevó más que años tiene Juan (23). Y otros 14 ó 15 Giros. Ha habido años que he hecho las tres». Y que, entre el buen puñado de anécdotas con el campeón italiano, fallecido en 2004, recuerda una en el estadio de Mestalla. «Marco era muy futbolero y fuimos a ver un Valencia-Barça. Se le acercó un niño y le dijo: 'Pirata, tengo un pendiente, como tú'. Él metió la mano en su bolsillo y le dio otro: 'Ahora ya tienes uno como el mío'. Ojalá ese niño lo conserve», relata.