Cultura

Paulina Rubio y Colate Vallejo-Nágera: acabó mal, pero... ¡qué besos aquellos!

Paulina Rubio y Colate Vallejo-Nágera: acabó mal, pero... ¡qué besos aquellos!

Me está entrando la fatalidad después de leer, entre ayer y hoy, 40 textos periodísticos sobre Paulina y Ricardo y otros 60 sobre Paulina y Colate, un conjunto de informaciones absurdas, columnas de opinión maliciosas, y entrevistas tontísimas fechadas entre 1996 y 2011. Ya no quiero más, ya no quiero saber más del ciclo del amor, el escándalo, la envidia, la resaca, el desamor, la indiferencia y volver a empezar desde el principio porque, si sigo, llegaré a la conclusión de que no merece la pena esto y de que sería mejor pasar por la vida sin involucrarse mucho en nada ni nadie. ¿Todo lo que parece una comedia romántica acaba en psicodrama obsesivo?

Así que intentaré entrar en el asunto desde las afueras, desde el público que asistió a la comedia-tragedia de aquellas tres vidas en el cambio de siglo. La principal conclusión es: qué mala uva tenía España entre 1996 y 2011.O a lo mejor era la misma mala uva de siempre, sólo que entonces estaba canalizada en un puñado de despiadados artículos sobre los personajes del ¡Hola! y Crónicas Marcianas. No había columna sobre la cantante mexicana Paulina Rubio que no incluyera la palabra «diminuta». Muchas la trataban de tiranilla, choni, pija y malcriada y alguna empleó frases como esta: «Paulina Rubio iba vestida por su peor enemiga, o sea, por Paulina Rubio».

Los desdenes a su marido Nicolás Vallejo-Nágera fueron un poco más desganados: «Colate es un tal Nicolás que se deja llamar Colate», se escribió en este santo periódico. Bueno: se escribió no.Lo escribió Ángel Antonio Herrera, maestro del dettachment. Ahora, 20 años después, me gustaría corregir aquel desinterés porque creo que de Vallejo-Nágera se quedaron dos o tres cosas importantes que decir: primero, que vestía como un Serge Gainsbourg que fuera al gimnasio en los días buenos y como un Casiraghi resacoso en los malos. Hay cosas peores, que conste. Y segundo, que tenía (tiene) cara de retrato de Tiziano. O quizá podría ser un holandés de los que salen a la izquierda en La rendición de Breda. Nicolás, si nos lee, es un elogio.

Respecto a Ricardo Bofill Vergano, el primer novio español de Rubio, las alusiones en los periódicos se podrían resumir en una frase: «Jo, cómo iba este, anoche». El propio Bofill Vergano contó después que, en el fondo, era cierto, que jo, cómo iba por la vida, noche tras noche. A mí, me caía bien aquel hombre aunque no entendiera lo que decía. Por lo que sé, la segunda mitad de su vida ha consistido en buscar un poco de paz consigo mismo y un poco de salud. Y eso debería ser contado desde la dulzura y la compasión y no desde la sátira. Por cierto: Bofill Vergano también tenía cara de cuadro. ¿De retrato de Francis Bacon, quizá?

«Paulina me horroriza, y su beso con Colate en pleno photocall y con lengua, me puso mala», escribió en EL MUNDO la cronista social Ana Conda, que, obviamente, era el pseudónimo de un periodista cultísimo que siempre fue muy amable conmigo en esa época pero del que ya no sé gran cosa. He visto la foto del beso a la que se refiere Ana Conda. Fue en el estreno de Volver, de Almodóvar, en 2006.Y yo qué sé: entiendo que esos morreos ante las cámaras son una cosa un poco embarazosa para todos pero diré algo en defensa de Paulina Rubio: el suyo fue un beso con dientes, lengua y saliva, un beso de verdad y no la representación de un beso. He visto otra foto de la pareja en su boda, otra foto de un beso y la sensación es la misma. La Paulina Rubio del periodo 1996-2011 debía de ser invivible, pero ¡qué besos! Colate, por cierto, parecía más rígido en las dos fotos y muchas crónicas de la época le atribuyen esa actitud de «¿qué hago yo aquí?», como si se hubiera adelantado 10 años al Ben Affleck depre, el mejor Ben Affleck posible.

¿Era invivible Paulina? ¿O ese era su personaje? He leído estos días algunas entrevistas valiosas al respecto. Hay una, en ¡Hola!. que parece la pesadilla de un periodista en crisis. El diálogo tiene no menos de 40 preguntas que son tópicos del tipo: «Estar al lado de una mujer con tanta personalidad como tú no debe ser tarea fácil para un hombre» [no es una pregunta, lo sé]. Y Paulina responde con frases como «Venecia tiene cuatro estaciones que inspiraron a Vivaldi e igual nos inspiran a todos los que amamos esa tierra y esos canales. Es un sitio romántico y con magia y encanto. Venecia para tantos momentos...». Luego, hay un momento en el que queda claro que el entrevistador tiene más cosas absurdas que decir que Paulina y Paulina se impacienta, se enfurruña y la entrevista termina por ser casi desagradable.

He visto otra entrevista en Telva más cordial y autoparódica: «Creo mucho en el karma y en la filosofía hindú», dice la cantante. «De pequeña, cuando iban a entrevistar a mi mamá, hacía que me entrevistasen a mí antes». «Una de mis pasiones son los filósofos presocráticos. Me sorprende cómo puedes coincidir en el pensamiento con personas que vivieron hace miles de años». Pau, tía, cómo eres.

Luego, todo acabó mal. Paulina y Colate tuvieron un niño y en menos de un año estuvieron separados.Discutieron por dinero. Colate vendió la exclusiva y Paulina se lo tomó fatal. Él le pidió dinero en el divorcio porque había renunciado a su carrera profesional y ella contestó que «¿encima?». Y luego se pasaron media vida discutiendo por la custodia del crío.

Me queda algo más por apuntar, una tontería que quedó descolgada al nombrar a Bofill Vergano: durante su noviazgo con Paulina le atribuyeron una amante llamada Montse Páez. Aquello era un montaje evidente y grosero, confusamente relacionado con el mundo de Tamara y Paco Porras. Pero a lo que iba es a que Montse Páez sacó un disco. Spotify decía el otro día que tenía tres oyentes al mes. Ya sabéis quién es, ahora, el cuarto oyente de Montse, ¿verdad?


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