Pogacar gana al sprint a un bravo Enric Mas en la vibrante etapa del 'sterrato'
Primera pregunta en la salida de Alcossebre: ¿Llegará una escapada a Castellón? Segunda pregunta: ¿Ganará allí alguien que no sea Pogacar? Respuesta a la primera pregunta: No, no llegó una escapada. Respuesta a la segunda: No, no ganó alguien que no fuera Pogacar. Pero esta vez no llegó solo. Llegó, ante el asombro, la sorpresa y la maravillada admiración con... Enric Mas.
Cuando Tadej, tras el trabajo de maceración emprendido por Almeida, Vine, Sivakov, Torres y compañía, su guardia de corps, forzó la marcha en el Puerto del Bartolo, de 1ª, el último y más duro de los cuatro del día, pensamos que estábamos viendo de nuevo una película moderna y, a la vez, añeja. Una hermosa cinta protagonizada por Tadej Pogacar, dirigida por Tadej Pogacar y con guión de Tadej Pogacar. Sus ilustres acompañantes, los que le seguían, que no perseguían, en la general, quedaron instantáneamente detrás. Iban adelantando a los restos de una fuga de 16 hombres que hasta ahí habían llegado y ahí se habían quedado en un trayecto que siempre controló UAE a la espera del zarpazo del esloveno. Que no se demoró.
De pronto, de ese grupo de notables generalmente resignados a la superioridad de Pogi, emergió una figura azul que fue aproximándose a la fiera. Pogacar había atrapado a Ramses Debruyne (Alpecin), el último superviviente de la escapada, un poco más allá del comienzo del tramo de tierra.
Un inciso, a riesgo de interrumpir la trama. Un descanso en la película. Algunos no somos precisamente entusiastas del sterrato, moderno objeto de loas sin cuento. El ciclismo de carretera debe discurrir sobre asfalto en mejor o peor estado, preferentemente en el mejor posible, y según las circunstancias climáticas imperantes, no sobre tierra. O, en ciertos casos, sobre tramos de pavé, que, aparte de su pertenencia a una tradición sagrada, conforma un tipo de pavimento. La tierra, en cambio, es una superficie descarnada, embarrada o polvorienta que añade a los azares propios del ciclismo un elemento artificial e indeseable.
El ciclismo ya tiene el ciclocross, la bici de montaña o el gravel para satisfacer la parte arriscada y silvestre de su espíritu. Es cierto que, en el principio de los tiempos, las bicicletas rodaban por carreteras así. Pero es que no había otras, o casi, en una época que todavía no era la del automóvil. Ya hace muchos decenios que aquellos tiempos han cambiado. Sin embargo, debemos reconocer que la etapa adquirió un considerable plus de espectacularidad.
Seguimos con el desarrollo de la película. Pogacar, decíamos, había superado a Debruyne y, poco después, lo hizo Mas, que atrapó a Tadej y ambos cruzaron la cima, con Roglic y Gall a 34 segundos. Estábamos contemplando algo insólito o poco menos. Alguien, primero, no se resignaba a su suerte ante Pogacar y, segundo, inconformista, rebelde, corajudo, conseguía alcanzarlo. Pogacar era el de siempre, el rey divinizado. Pero Enric era un resucitado en el capítulo físico y en el psicológico.
Los dos se lanzaron a compartir un descenso extremadamente técnico, con una emboscada en cada curva. Y los dos se llevaron un susto en forma de derrapaje. Especialmente Tadej, que se salió unos metros de la carretera y controló con serenidad y maestría la máquina. Ya en el llano, camino de Castellón, flotó en el ambiente, súbitamente recordada con claridad la imagen de Enric doblegando a Tadej, en 2022, en el Giro de Emilia.
No volvió a ocurrir semejante maravilla, y el milagro del jueves, como el título de aquella película de Berlanga de 1957, se quedó en un deseo incumplido, en una hipótesis imposible, porque Tadej impuso su mayor punta de velocidad para ganar su tercera etapa en la Vuelta. Significaba, suma y sigue, el 130º triunfo de su carrera y el 22º del año. Debruyne, Carapaz, Tejada, Gall y Roglic aparecieron a 46 segundos. Mas es ahora el principal aspirante al segundo escalón del podio. La etapa reforzó a Pogacar. A Enric Mas le ha devuelto la vida. Hay un Enric nuevo que suscita esperanzas también nuevas mientras Pogacar, seguramente también sorprendido por la actuación del balear, prosigue su vuelo.
Valdelinares, de 1ª, espera en su cima a la séptima etapa. Nosotros también.