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Quim Gutiérrez: "He tenido que luchar contra una etiqueta de galán de comedia que nunca he buscado"

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Quim Gutiérrez (Barcelona, 1981) posa con tanta naturalidad que el fotógrafo, curtido en mil batallas, se lo comenta asombrado. Él sonríe, casi resignado. Nunca quiso ser un galán, pero lleva 20 años siendo uno de los más exitosos del cine español y lo asume con profesionalidad. Protagoniza, junto a Antonio Resines y un grupo de actores con discapacidad, ‘Haciendo amigos’, una comedia familiar que se estrena en cines el 10 de julio.

Es una película que reivindica los buenos sentimientos en unos tiempos en que ser bueno no está de moda.
Sí, y, fíjate, yo creo que la peli aboga también por la mala leche horizontal, no de arriba hacia abajo que es la que predomina. Es cierto que hay algunos valores, como la bondad, que parece que ya no molan. Sé que las generalizaciones no son buenas, pero me recuerda a cuando estaba en París y notaba una especie de cinismo muy integrado socialmente en los franceses que ahora veo también aquí. Se menosprecia al que se lo pasa bien, parece que ser feliz, por ñoño que suene, implica que te estás perdiendo algo o que no eres muy listo y no entiendes lo compleja y lo dura que es la vida. Hay un montón de gente que ve la vida así. Allá cada cual, pero yo, sin duda, prefiero estar contento a estar enfadado y prefiero ser bueno que ser cínico.
¿Qué más te molesta de la sociedad actual?
Las etiquetas, que es otra cosa que plantea esta peli al tratar la discapacidad. Ha sido una lección interesante para mí. Al principio me pregunté: "¿Qué tengo que hacer con mi aspecto para parecer una persona con discapacidad?". Pues nada. Me puse una camiseta grande, una gorra un poco pequeña, me quedé muy quieto y ya lo parecía porque, en realidad, discapacidades tenemos todos. Serlo o no oficialmente depende de un grado que ha marcado un organismo administrativo a partir de tal coeficiente intelectual y que podría ser perfectamente otro. Hay personas con discapacidad y otros que tenemos discapacidad disimulada. Además, siempre nos centramos en la intelectual, pero ¿qué pasa con la discapacidad empática? Personas, fácilmente identificables hoy en día, que están en posiciones de poder con una falta flagrante de empatía, con comportamientos dañinos y poco compasivos y cuyos delirios mesiánicos están teniendo consecuencias nefastas para todo el mundo. Eso también es una discapacidad.
Dame nombres…
No, porque luego eso va al titular y no quiero ir por ahí [risas]. El caso es que nuestro algoritmo mental decide que nos resulta más fácil etiquetar y quedarnos con la primera impresión para ahorrarnos tiempo y energía. Tenemos que lograr frenar ese primer impulso porque muchas veces es equivocado y, sobre todo, es empobrecedor. Hay explicaciones detrás de todos los comportamientos, la cuestión está en el tiempo que uno dedica a encontrarlas. El problema es que en la actualidad, cuando todo es consumo rápido, breve, entretenido y superficial, nuestro algoritmo mental se acostumbra a lo fácil. Es una decisión personal darse tiempo para ver las cosas desde otro sitio.
¿Te han puesto alguna etiqueta que te haya molestado?
Sí, pero muchas veces las etiquetas que te molestan dicen más de ti que del que las proclama. Entonces, esto me lo guardo para terapia. Hay una cosa que no sé si es que se me ha etiquetado, pero es verdad que he hecho más comedias que dramas y no es por voluntad propia. Los actores hacemos básicamente lo que se nos ofrece y yo he tenido que luchar contra esa etiqueta de galán de comedia, que me resultaba sorprendente porque uno no busca estos apelativos, te los atribuyen y luego tienes que desmentirlos cuando tú, en realidad, no los has propuesto. Yo no me he querido aferrar a esa imagen y, dentro del margen que he tenido para tomar decisiones, he demostrado que me gusta hacer otras cosas y que puedo hacerlas bien. O eso creo [risas].

Se acaban de cumplir 20 años del estreno de ‘AzulOscuroCasiNegro’, que supuso tu salto al primer plano y te dio el Goya. ¿Te ha impactado?
Siempre impresiona darte cuenta de que lo que parece ayer no lo fue, pero en realidad he tenido una sensación muy constante del paso del tiempo, día a día lo noto. Cada cual tiene su trayectoria y yo me he peleado mucho por intentar hacer las cosas como quería. Eso supone muchas renuncias porque te obliga a pasar tiempo sin trabajar, con el sufrimiento que eso implica y la decisión poco lucrativa que es. Me hubiera resultado mucho más rentable hacer más lo que se me ofrecía y menos lo que quería hacer, pero he encontrado un equilibrio entre el sufrimiento de no trabajar y la felicidad de hacer lo que me gusta. Es como entiendo esta profesión y me ha hecho vivir día a día y darme cuenta de manera palpable del paso del tiempo. Estoy agradecido de que haya sido así.
Es curioso porque, desde fuera, la sensación contigo es que siempre has tenido trabajo, que irrumpiste por arriba y ya te has quedado ahí.
Eso tiene algo de cierto. En el momento en que puedes decidir parar, como he podido yo, es que te está yendo muy bien. Yo no paro si no tengo dinero en el banco acumulado. Soy hormiguita, he sabido ahorrar bien y tengo gustos en función de lo que me puedo permitir. Soy muy afortunado. No porque lo diga, sino porque lo sé y porque realmente lo siento así. Hace falta levantar muy poco la vista para darse cuenta de la enorme fortuna que he tenido en este oficio con todos los proyectos que me han aparecido y lo seguidos que van los unos de los otros. Intento corresponder con la mejor actitud para, retomando lo que comentabas al principio, ser el tío más fácil para mis compañeros y mis directores en los rodajes. De alguna forma, es agradecer la fortuna que se me concede.
¿Se puede ser una estrella en el cine español?
Sí, a su escala. Si tu referente es el cine americano, aquí ocurre lo mismo pero con menos pasta y muchos menos espectadores. Al final, todos colaboramos para generar una cierta magia en la visión externa del cine que es compatible con trabajar de manera muy realista y tener los pies en el suelo. Yo entiendo que parte de mi responsabilidad hacia el gremio es vestirme lo mejor que pueda para ir a una entrega de premios, tomarme el tiempo para lucir lo mejor posible en las fotos, ser responsable y no salir de fiesta el día antes de dar entrevistas… Eso es lo que genera star system y soy incapaz de falsearlo. Lo que se ve de mí es lo que hay y cuando voy a Cannes con la peli de Almodóvar [‘Amarga Navidad’] lo disfruto a tope y les pido a mis diseñadores de referencia que me pongan lo más guapo posible.
No suena mal.
Es divertido. Lo que pasa es que esa es la parte glamurosa, pero la parte realista de este trabajo es mucha soledad y muchos codos, encerrado en mi despacho, investigando para preparar un personaje. A mí es la parte que más me gusta porque soy un enfermo y paso de no saber nada de artes marciales mixtas a ser un experto.
Tengo un encargo para ti desde hace cuatro años. Pregunté a Inma Cuesta, que acababa de ser madre, por la conciliación y me respondió que iba siendo hora de que también hiciéramos esa pregunta a los actores, como a su amigo Quim, que también había tenido un hijo. Tenía razón. ¿Qué tal llevas la conciliación?
Inma siempre tiene razón. La llevo con dificultad porque compiten las dos cosas que me agarran por dentro. Quiero ser tan buen padre como buen actor y un padre tan responsable como el actor responsable que he sido hasta ahora. Entonces, entran en conflicto dos cosas que mueven mi vida y tienes que buscar puntos de acuerdo. Sobre todo, para rodar fuera tiene que ser un proyecto que me interese más que antes porque irme lejos ahora mismo es muy difícil. Tienen cuatro años y 18 meses, supongo que cuando crezcan será más fácil, pero en este momento en que son tan pequeños disfruto mucho de mis hijos y quiero ser un padre presente.
No te creas que mejora luego.
Me lo temía. Un día estaba con mi hijo pequeño en brazos, intentando dormir, y me di de bruces con una realidad: "Joder, es imposible estar más agotado y tener más ganas de que se duerma, pero no hay nada que pueda pasar en este momento que impida que dentro de diez años eche de menos la sensación que tengo ahora. Con lo cual, relájate. Es normal que te sientas cansado. No te sientas culpable, no te rayes y valora el momento".