Cultura

Quién ganará el Nobel de Literatura, según el tarot: un Tres de copas (al revés) para Rivera Garza

Quién ganará el Nobel de Literatura, según el tarot: un Tres de copas (al revés) para Rivera Garza

¿Quién ganará el Premio Nobel de Literatura? Las razones las conoceremos en medio siglo; del pasado reciente informaría una güija, que me asusta -¿y si se presentara Cela?-, y el futuro lo adelanta la cartomancia. Después de todo, algunos fallos solo se entienden desde lo sobrenatural.

La tarotista que me recomiendan -como un abogado o una dentista- utiliza la baraja de Etteilla, un ocultista francés del XVIII que fundó un sindicato de adivinadores. Se concentra, parte en tres mazos. Escojo el central. El Fuego al revés indica cólera y discordia, 18 suecos gritándose bajito. La Fuerza Mayor, un espíritu del mal impregnado de poder y violencia, reserva para quien gane un disgusto proporcional a la dotación. No mejora con La Locura, el delirio: un exceso de fabulación que agradezco en alguien que escribe; si la rodean otras «benéficas» -así parece- anticipa éxitos. El Siete de Espadas al revés remite a buenas noticias -pues claro-, y consejos sabios que la persona laureada acaso desoirá. El Ocho de Oros al revés, la usura, avanza un turbio asunto económico. Culmina con el Nueve de Bastos, algo que se postergó de manera injusta. ¿Un eterno candidato? ¿Haruki Murakami, Salman Rushdie, Margaret Atwood? ¿Unos eurillos por Michel Houellebecq?

Insisto en los nombres que encabezan las apuestas: Can Xue. ¿Ganará? Como no especifiqué el año, quizá los astros se fijen en el futuro de después. Empezamos mal: Nueve de Oros al revés. El engaño. La tarotista prefiere esta baraja porque muchos naipes no significan por sí mismos, sino que completan o matizan. El engaño: ahí lo deja. Nueve de Bastos otra vez, algo que debería haber sucedido por justicia, pero no. La siguiente es El Pueblo, la ciudadanía: al revés anticipa terribles discusiones, y regreso a los suecos discrepantes. Seis de Espadas, la excursión: el camino machadiano. Acaba con el Tres de Oros al revés, el niño, una vida por vivir, y El Viaje, la felicidad, y una mudanza o un desplazamiento. Muy favorable, celebra, mientras sopla la varilla de incienso que le habrá facilitado la dirección gremial.

¿Y Cristina Rivera Garza? Cuántos hay, con fastidio, respondo que 20 en las apuestas -va tercera-, y me advierte que ella y un par más; deduzco que a la tarotista los premios literarios no la entretienen tanto como los enamoramientos o los cambios de empleo. A Rivera Garza la recibe el Nueve de Espadas al revés: la desconfianza, una candidez que fructificó en aprietos ya resueltos. Me tranquiliza. As de Espadas: furia y energía, ímpetu, los extremos. Caballo de Bastos al revés: el desacuerdo, la desunión. Dos de Oros: obstáculos y dificultad, turbación, emoción. La Tierra, magnánima, que señala el origen. Y Tres de Copas al revés: negocios en marcha, suerte, un asunto con cierre feliz. Oye, igual, resume la tarotista.

El próximo en la lista es Enrique Vila-Matas. Al recoger el montón descartado, una carta queda sobre el tapete. La incorpora. Tres de Espadas: la ausencia, «genios encontrados»; muestra una ruptura. Siete de Oros al revés: la inquietud. El consultante padecerá auténticas zozobras, previene la tarotista, un pentáculo tras ella a pesar del gotelé, y no sé si se refiere a Vila-Matas -¡cuidado!- o a mí misma. Nueve de Bastos, al revés: obstáculos y adversidades, lentitud en los negocios. Cinco de Copas, al revés: los parientes. Dos de Espadas: la amistad. Tres de Bastos: las empresas, a la vez el fin de los disgustos. Habla con él, me recomienda la tarotista, háblale de sus emprendimientos.

No consulto sobre Mircea Cartarescu por Krasznahorkai, ni sobre Thomas Pynchon por Dylan, y entre Gerald Murnane y Alexis Wright me decido por ella. Tirada estupenda, sentencia la tarotista, urgida por alguien que insiste en la puerta ante el silencio, y a quien se calma: voooy. No empieza tan bien, con el Tres de Oros de Can Xue, pero remonta. La Reina de Copas al revés, con su vínculo con personas de posición social elevada, y visualizo el banquete; el Seis de Copas al revés, que implica la posteridad; el Diez de Oros, la casa, también la familia, la descendencia; el Rey de Bastos, que anuncia noticias felices y ganancias generosas; y la Reina de Oros, la riqueza, los bienes colmados, una transferencia inmediata desde Estocolmo.

Agradezco el tiempo, pago la voluntad -la voluntad, señala: el billete naranja-, me cruzo con un hombre concentrado en la salud, el dinero, el amor. El del Nobel de Literatura es un juego al que muchos juegan, y en el que casi siempre gana un francés.

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