Hace dos años, durante el Gran Premio de Qatar, un hombre vestido con una chupa de cuero aparecía en todas las fotos del palco del circuito de Losail junto al emir de Qatar, Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, el presidente de la Fórmula 1, Stefano Domenicali, y el presidente de la Federación Internacional de Automovilismo, Mohammed Ben Sulayem. Charlaba con ellos, incluso bromeaba, a tenor de las sonrisas, observaba la carrera que ganó Max Verstappen y recibía el mismo trato preferencial que el resto. Era Paul Kagame, presidente de Ruanda desde 2000, vencedor de las últimas elecciones en el país africano con un ajustado 99,18% de los votos e impulsor de una transformación económica tan profunda como desigual. Este martes, el mismo Kagame anunció que la Fórmula 1 celebrará un Gran Premio en Ruanda dentro de unos años, «en la década de 2030», en lo que será el regreso del Mundial a África desde 1993.
«Es un orgullo para Ruanda y lo compartiremos con los más de 100 millones de fans de la Fórmula 1 que hay en toda África», aseguró el dirigente. Un éxito para él. Y un éxito para Qatar. Porque aquella aparición con chupa de cuero en Losail no era sólo una visita amable. Era algo más.
Detrás del proyecto de Ruanda en la Fórmula 1 está Qatar, como está detrás de otras grandes infraestructuras que aspira a desarrollar el país africano. La relación entre ambos va mucho más allá de aquella fotografía. El emirato encuentra en Ruanda un socio para extender su influencia económica en África; el Gobierno de Kagame, un aliado rico para acelerar su transformación. La Fórmula 1 es la última pieza de una estrategia conjunta en la que el deporte, el turismo y el lujo avanzan de la mano. «La nueva Qatar», llaman a Ruanda. Y ese es el modelo: convertirse en un emirato en África oriental.
El circuito de Bugesera
El ejemplo más visible está en Bugesera, a unos 40 kilómetros al sur de Kigali, la capital. Allí se construye el nuevo aeropuerto internacional, una infraestructura llamada a multiplicar la capacidad del país para recibir visitantes, convertirse en un hub africano, lo que permitiría a Qatar Airways sortear algunas de las restricciones regionales que padece, e incluso atraer residentes extranjeros. El fondo soberano de Qatar controla el 60% del proyecto y ha comprometido nuevas inversiones para completar las obras. De momento, la pista ya está construida, pero las grúas no paran para levantar la terminal cuanto antes. Justo al lado se debería construir el circuito que acogerá el Gran Premio y, en principio, otros acontecimientos, como ferias y exposiciones. Ya se ha encargado un diseño a las firmas de Alexander Wurz y Hermann Tilke, cómo no, y se pretende aprovechar las irregularidades del terreno, especialmente una colina cercana.
La operación luce pomposa, pero deja muchas dudas. El anuncio es sólo el principio: faltan obras, compromisos económicos y una fecha concreta. En el proceso, además, la Fórmula 1 podría desvincularse de Kagame. La ambición del actual presidente de Ruanda se basa en un poder político muy concentrado, cuestionado por organizaciones internacionales. Antiguo comandante del Frente Patriótico Ruandés, el movimiento que puso fin al genocidio de 1994, gobierna el país desde el año 2000, con victorias electorales de porcentajes tan extraordinarios que cuesta desligarlas de las condiciones en las que compite la oposición. Amnistía Internacional ha denunciado en los últimos años las restricciones a los partidos opositores, las detenciones arbitrarias, las amenazas contra periodistas y los obstáculos a las organizaciones de la sociedad civil.
El crecimiento económico y la estabilidad que el Gobierno presenta como sus grandes logros conviven con las críticas por la falta de libertades políticas. El deporte también se ha convertido en escenario de esa disputa, con acusaciones de sportswashing: el uso de grandes acontecimientos y patrocinios deportivos para mejorar la imagen internacional de un Gobierno cuestionado por su historial democrático.
La huella en el deporte
La marca Visit Rwanda ha aparecido en las camisetas y los estadios de clubes como Arsenal, Paris Saint-Germain y Bayern, además del Atlético, mientras organizaciones de derechos humanos han cuestionado esa estrategia. Ruanda, además, organizó el año pasado los Mundiales de ciclismo en carretera, los primeros de la historia celebrados en África; acogió en 2023 el Congreso de la FIFA y participa en la Basketball Africa League, la competición impulsada por la NBA y la FIBA. Los vigentes campeones, de hecho, son los RSSB Tigers de Kigali.
La Fórmula 1 representa ahora el salto de escala para Ruanda, mientras que para el Mundial supone su preciado regreso a África. Sudáfrica y Marruecos también han presentado proyectos, pero Kigali cuenta con el respaldo de Qatar y una estrategia de desarrollo que va mucho más allá de una carrera. Ahí vuelve a aparecer la fotografía de Losail. Aquel hombre con chupa de cuero, entre el emir, Domenicali y Ben Sulayem, aspira a colocar a Ruanda en los escenarios donde se decide el negocio global. Y ya asoma en ellos. Si los monoplazas llegan finalmente a Bugesera, será un éxito para él, para el Mundial y para el socio que haya pagado por ello.