Belfast, en Irlanda del Norte, está viviendo unas jornadas de enorme tensión racial. No son nuevas, porque ya sufrió esta fiebre hace dos años, y eso redobla el peligro: hay recoldos, hay riesgo de repetición de unos incidentes que dejaron más de cien policías heridos y una cincuentena de detenidos.
Lo que ocurre ahora es que grupos que el Gobierno local señala como de ultraderecha están saliendo a la calle en buen número, cometiendo actos vandálicos y atacando casas de civiles en zonas con elevada inmigración, en protesta por un crimen particular cometido por una persona proveniente de Sudán, un acto violento grabado y viralizado, que ha disparado el odio contenido.
Grupos de enmascarados -hombres en su inmensa mayoría- se dedican a incendiar casas de familias y prenden fuego a varios coches particulares. La Policía ha tenido que desalojar a decenas de padres y niños -de un bebé de dos meses a refugiados ucranianos-, expuestos de lo contrario a las llamas. Hoy sus casas han amanecido, como poco ennegrecidas por el humo, pero también completamente destruidas por el fuego, con las ventanas rotas o calcinadas. Sus coches y motos son chatarra. "No sois bienvenidos", se lee en algunas pintadas. La mayoría de las víctimas de esta violencia son negras.
También los propios agentes están recibiendo golpes y lanzamiento de objetos y quema de coches-patrulla. No han trascendido aún datos oficiales de daños personales y materiales.
"No hay excusa ni justificación para estos ataques", declaró la primera ministra de Irlanda del Norte, Michelle O'Neill, esta mañana. "Que grupos de hombres enmascarados incendien las casas de familias es un acto de cobardía repugnante", sostiene. "El ataque en el norte de Belfast fue atroz e injustificable. Pero hay intentos peligrosos de explotar ese hecho para señalar y atacar a personas inocentes que simplemente intentan vivir, trabajar y criar a sus familias aquí", señaló la líder nacionalista en X.
El origen
La propagación de un vídeo de un ataque con cuchillo, que dejó a una persona con graves heridas en el cuello y la cabeza, está en la base de esta crisis. Todo ocurrió en la noche del lunes, cuando un hombre negro de origen sudanés, de unos 30 años, intentó decapitar a otro varón, de unos 40, que en las imágenes parece de raza blanca. Ocurrió en el norte de Belfast. El atacante portaba un cuchillo de cocina de grande dimensiones y la brutalidad con la que lo usa generó de inmediato una riada de comentarios.
Según ha relatado el Servicio de Policía de Irlanda del Norte (PSNI, por sus siglas en inglés), el crimen ocurrió en torno a las diez y media de la noche (una hora más en Madrid). El presunto asesino, que está detenido, intentó acabar con la vida de su víctima a cuchilladas, sobre todo en la parte superior de su cuerpo. La prensa norirlandesa habla de un intento de "decapitación" de su víctima, sobre la que estaba sentado, a horcajadas. El rostro de la víctima está completamente cubierto de sangre.
En las imágenes multiplicadas en las redes sociales se ve cómo un grupo de ciudadanos se abalanza contra el agresor, en un intento de pararlo. Uno de ellos le golpea con un hurley, el bastón de madera plano que se utiliza en el juego del hurling. La policía llega más tarde al escenario, el barrio de Kinnaird.
El detenido, un hombre de origen sudanés, llegó a Belfast tras viajar desde París y Dublín. El 28 de septiembre de 2023, el Ministerio del Interior británico le había concedido un visado temporal por cinco años. Sin embargo, el subcomisario adjunto del Servicio de Policía de Irlanda del Norte (PSNI), Ryan Henderson, ha evitado confirmar si su entrada al territorio fue regular o irregular, escudándose en que la investigación se encuentra en una fase muy inicial. "Por el momento, descartamos que haya más implicados en el incidente o que lo ocurrido tenga algún componente terrorista", puntualizó, según la BBC.
El caso no está siendo tratado por ahora como terrorismo, abunda, y confirma que este miércoles el arrestado comparecerá ante un juzgado, acusado de intento de asesinato y de poseer un arma blanca.
Respecto a la víctima, que al igual que el agresor residía en el barrio donde ocurrió el ataque, las autoridades no han revelado detalles de su identidad. Sólo se ha confirmado que permanece en estado grave con heridas en el ojo, la cara y la espalda. El Tribunal de Magistrados de Belfast, según The Irish News, informa de que el hombre ha perdido un ojo y que trabajaba como radiólogo en el Servicio Nacional de Salud (NHS).
"Esta es la pura definición de racismo"
La ministra de Justicia de Irlanda del Norte, Naomi Long, tiene claro que el vandalismo y el odio son cosa de grupos de ultraderecha, no de una ciudadanía enrabietada por este ataque inicial. "Esta es la pura definición de racismo", declaró a la cadena BBC. "Ayer vimos una avalancha en las redes sociales por parte de comentaristas de extrema derecha que claramente intentaban fomentar la tensión racial, apoyándose en la narrativa que promueven sobre la inmigración", subrayó Long, líder del multiconfesional Partido Alianza. Grupos antiinmigración habían convocado ayer manifestaciones en diferentes puntos de la provincia británica, confirma la política.
A su juicio, personas malintencionadas, que antes habrían tenido "dificultades para ubicar la provincia en un mapa", intentaron instrumentalizar el miedo y la ira, comprensibles tras el ataque con cuchillo, para atacar a personas de su mismo color de piel. "No permitan que personas malintencionadas manipulen sus legítimas preocupaciones", afirmó. "En Irlanda del Norte sabemos el daño que puede causar demonizar a todo un grupo de personas por el comportamiento de unos pocos, y no queremos volver a eso".
El jefe de policía del PSNI, Jon Boutcher, también ha afirmado que los disturbios violentos en Belfast fueron un "enorme acto de autodestrucción por parte de idiotas sin cerebro que, en realidad, solo están perjudicando su propio futuro". Por ahora, los agentes defienden su protocolo de comunicación en este caso, criticado por las comunidades en la diana, ya que inicialmente se informó que agresor era de Somalia y no de Sudán y han sido los miembros de esta comunidad los primeros afectados. El odio, sea cual sea el pasaporte, es innegable.
El servicio de bomberos de Irlanda del Norte llegó a registrar entre las 19.00 horas y la medianoche de ayer 256 llamadas y 62 actuaciones sobre el terreno, la mayoría en la capital de la región, donde necesitó 21 unidades adicionales para hacer frente a las emergencias, informa EFE.
El martes, en un inusual comunicado conjunto, los dirigentes del Sinn Féin, Partido Democrático Unionista (DUP), Alianza, Partido Unionista del Ulster (UUP) y Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP) se declararon "unidos" en la condena de este "horrible incidente". "No hay lugar en nuestra sociedad para este tipo de brutalidad", subrayaron. "Reconocemos -siguió la nota- la angustia y el temor que este incidente causará en la comunidad local. Instamos a la gente a no compartir las imágenes o vídeos profundamente perturbadores, ya que su carácter gráfico sólo serviría para volver a traumatizar a las personas involucradas".
Los cinco dirigentes políticos reiteraron su compromiso para garantizar que "la violencia y el odio, en cualquiera de sus formas" no generen división: "Pedimos calma y que se permita el espacio necesario para que la Justicia siga su curso".
Aún así, Claire Hanna, líder del Partido Socialdemócrata y Laborista de la oposición en Irlanda del Norte, no ha dudado en usar un lenguaje más duro, al ver la persecución a la que se está sometiendo a los migrantes: habla, directamente, de "pogromo racista", que ni la sociedad ni el Gobierno pueden consentir. "El ecosistema digital que lo ensalzó pasará página y la gente de Belfast tendrá que lidiar con las consecuencias", declaró a Reuters.
Un contexto preocupante
El primer ministro británico, Keir Starmer, ha calificado de de "repugnante" el ataque inicial con cuchillo. También entiende "impactante y totalmente inaceptable" la violencia posterior. "No hay justificación alguna para la violencia y el desorden que vimos amenazar a nuestras comunidades, ni para quienes lo fomentaron, ya sea en línea o en cualquier otro lugar", afirma en una publicación en X. El primer ministro añade que es "evidente" que se atacó a personas por sus antecedentes "y no lo toleraré", y agrega que los responsables de la violencia "sentirán todo el peso de la ley". "La prioridad debe ser hacer un llamamiento a la calma, y eso es lo que pido ahora. Debemos dejar que la policía haga su trabajo", afirma.
Esta crisis se produce en un momento de gran tensión en el país tras el asesinato de un estudiante que, mientras agonizaba por las puñaladas, fue esposado por la policía después de que su asesino, un hombre sij, alegara falsamente un ataque racista.
También se produce tras las reiteradas protestas sobre inmigración, en las que los partidos populistas afirman que la política de asilo británica ha permitido la entrada al país de hombres peligrosos, lo que calienta igualmente los ánimos.
El multimillonario tecnológico Elon Musk compartió numerosos mensajes que denunciaban la situación de Reino Unido, por ejemplo. En respuesta a una publicación del activista antiinmigrante Tommy Robinson sobre el incidente en el norte de Belfast, en la que pedía protestas tras "otro ataque de invasores contra nuestro pueblo", Musk declaró: "¡Solo protestando REPETIDAMENTE y CON FUERZA lograremos algún cambio!", recuerda Reuters.
También se registraron pequeñas protestas frente al Parlamento en Londres, y se informaron otras concentraciones en todo el Reino Unido, por ahora sin mayores consecuencias.