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Sadiq, el "caos" al que se agarra el gol del Valencia: "No es elegante, pero sí efectivo. Es pesado con los centrales"

Sadiq, el "caos" al que se agarra el gol del Valencia: "No es elegante, pero sí efectivo. Es pesado con los centrales"

«Es el caos en persona, una caja de sorpresas». Nadie ha definido con tanto tino a Umar Sadiq (Kaduna, 1997) como su compañero Pepelu. A la anarquía de este tipo desgarbado, capaz de fallar en un remate de infantil pero convertir en gol la jugada más inverosímil, se encomienda el Valencia si quiere tener alguna oportunidad ante el Real Madrid. Al equipo de Javier Aguirre le falta acierto y, junto al colista Málaga y el Getafe, sólo ha marcado ocho goles en las 11 jornadas del campeonato. El nigeriano es el máximo goleador... con dos tantos: uno marcado el 30 de agosto al Deportivo que no evitó la derrota (3-1) y otro para sumar los tres puntos ante el Elche (0-1). Entre ambos, una lesión muscular grave que, una vez más, frena su progresión.

La sensación es que este Valencia de Aguirre, aún sin identidad, necesita de la anarquía que genera. "Es un personaje, por su forma de andar, su talla... hace cosas de gente grande. Es un tipo caótico, pero va de frente y tiene buen corazón", asegura el técnico mexicano que, en el Martínez Valero, lo mandó al campo contra el criterio de los médicos en el minuto 61 y tardó ocho en marcar el gol de la victoria. "No es elegante, pero es efectivo. Es muy pesado para los centrales", le describe José Gomes, el entrenador portugués que avaló su fichaje para el Almería en octubre de 2020 por nueve millones.

Sadiq estaba entonces en el Partizan de Belgrado, con el que había marcado 23 goles en temporada y media. Allí lo había mandado la Roma, que lo fichó casi como juvenil del Spezia, al que llegó de Nigeria con 16 años, y lo tuvo deambulando por Italia. Antes, le dio tiempo a debutar. Jugó cuatro partidos y marcó dos goles. El primero, ante el Génova en el Olímpico siete minutos después de saltar al campo (2-0). El siguiente partido, frente al Chievo Verona, fue titular y volvió a marcar, pero sólo tuvo una oportunidad más con la camiseta giallorossa.

"Volvía a casa llorando"

Bolonia, Torino y Breda fueron sus destinos antes del calvario de Glasgow. En el Rangers, Sadiq se vio sin futuro: "Volvía a casa llorando porque veía que mi sueño se me escapaba", contaba el delantero. La ex estrella del Liverpool, Steven Gerrard, le hizo pasar un calvario. Lo mandó a cambiarse a otro vestuario, en convocatorias con el filial y ni siquiera tenía plaza de aparcamiento en la ciudad deportiva. "Tiene que mejorar en todo para tener minutos", dijo el entrenador nada más verle llegar. En las semifinales de Copa, le recriminó que fallara una ocasión clarísima por intentar regatear al portero y terminar cayéndose. "Si regateas al portero, mantente en pie y mete el balón en la portería", le dijo.

Ese Sadiq, que parece que se enreda en sus propias piernas, sigue viéndose cada domingo, pero en Elche, regateó y marcó. "Sé que tengo que mejorar mi capacidad de definición porque, si pienso en las ocasiones que fallo, creo que podría llegar a marcar entre 35 y 40 goles en una temporada", admite con sorna.

El regreso a Italia desde Escocia no fue mejor y su salvación la encontró en Serbia. Con confianza volvió al escaparate en el Partizan y llegó a Almería. Allí fueron Gomes y, sobre todo, Rubi, quienes exprimieron su potencial: 43 goles en Liga y Copa en tres temporadas. "Rubi me hizo mejor jugador. Me enseñó cuándo tenía que correr, cuándo no ir al área y a administrar mi energía", reconocía el nigeriano, que formó una pareja letal con Ramazani, con quien volvió a encontrarse en Valencia.

Camisetas en Kaduna

La Real Sociedad pagó 20 millones por el goleador por el futuro que se presumía, pero se rompió el cruzado y en San Sebastián no brilló. En el once de Imanol Alguacil no tenía sitio, y, otra vez con ironía, se lo recriminó: "Me canso de contar los días en el banquillo", escribió en redes.

En Valencia ha vuelto a ser feliz. Cuatro goles en sus primeros 10 partidos en febrero de 2025 fueron claves para encarrilar la salvación. La esperanza es que vuelva a ser determinante, y que devuelva al club la apuesta de cinco millones que, en tiempos de escasez, hizo por él, más allá de inundar Kaduna con camisetas valencianistas que reparte entre sus amigos cuando juegan en los campos de tierra.

En el vestuario es el despiste y la broma. Le asustan las tracas, con su 1,91 se golpea al bajar del autobús, viste como un surfero en noviembre o con gafas de intelectual. Es capaz de imitar a Michael Jackson en Thriller y de idear cualquier maldad con Jesús Vázquez. Es Sadiq, y hoy tiene que aparecer en Mestalla si el Valencia quiere ganar al Real Madrid.


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