Si Lamine sonríe, España sonríe: la selección vuelve en sí y golea a Arabia en 20 minutos fantásticos
Hola, España. El Mundial saluda al fin a la campeona de Europa, que se ha presentado en el torneo con retraso, pero con estruendo, verbalizado en un arranque eléctrico lleno de todo lo que faltó en el debut: velocidad, intención, presión, alegría, vértigo, gritos y sonrisas. Gritos que liberan y sonrisas que anticipan un horizonte limpio, el que conduce a las eliminatorias sin vuelta atrás, lugar donde la selección, con este tiempo de rodaje que anhelaba su cuerpo técnico, debe refrendar el buen partido ante Arabia Saudí, una goleada natural visto el nivel de ambos equipos pero que estuvo en duda durante cinco días. Sonrisas como la de Lamine Yamal. Porque si sonríe Lamine Yamal, sonríe España, que al fin ha llegado al Mundial, veremos si para quedarse. [Narración y estadísticas (4-0)]
No es matemático, pero ya está clasificada para los cruces, en este caso, vista la longitud del torneo, para los dieciseisavos de final. Falta saber si como primera o segunda de grupo (podría ser tercera, pero es una posibilidad muy remota), algo que se decidirá contra Uruguay en la madrugada del próximo sábado, pero eso ya es lo de menos. Una estupenda versión de la selección desterró ante Arabia casi todos los miedos del primer día y en 20 minutos fabulosos se llevó por delante al rival y a las dudas, lógicas, que sobrevolaban sus prestaciones. España compareció en el campeonato con un día de retraso, pues todo el mundo la esperaba en el debut, pero bien está si el plan de ir de menos a más se cumple.
En dos minutos, pim, pam, pum, ya quedó claro que España sonaba distinta. En la primera jugada Lamine se fue contra tres y levantó una polvareda que quedó en nada, pero las polvaredas siempre hacen ruido, y justo después llegó el primer córner. Sin parar, el equipo ganó la línea de fondo y par de veces y Pedro Porro probó a tirar, a ver qué pasaba. No pasó nada, se marchó fuera, pero la orquesta había logrado afinarse con los cambios introducidos por Luis de la Fuente.
Algo de simbólico
El seleccionador hizo cuatro, que sobre 10 (dejemos fuera a Unai Simón de esto de los debates) son bastantes, casi la mitad, por si hay alguno que arrastra matemáticas desde la EGB. Pedro Porro entró por Llorente para ayudar a percutir por la derecha. Olmo sustituyó a Fabián y produjo algo casi inédito con este entrenador, que es verle junto a Pedri en el campo. Gavi dejó su sitio a Baena y, cómo no, apareció Lamine.
Suyo fue el primer gol, minuto 10, consecuencia lógica de esa aceleración que se dio a sí misma la selección. Tuvo algo de simbólico que fuera el extremo del Barça el que descorchara el partido, pues después del debut andaba España necesitada de alegrías, de impulsos, de emociones, de todas esas cosas que no son esquemas y variantes tácticas. Andaba España necesitada de un subidón, y nada simboliza un subidón en este equipo como Lamine, que sin hacer nada del otro domingo lo puso todo patas arriba. Para empezar, cambió el ánimo de sus propios compañeros, y de ahí en adelante todo fue más fácil.
Baena tuvo el segundo, Oyarzabal avisó antes de picar, y total, que en un cuarto de hora la selección ya había generado más peligro que en todo el debut, desde ahora, y a falta de más elementos de juicio, simplemente un mal día. No se liberó el equipo, sin embargo, hasta el 2-0, obra de Oyarzabal tras un follón de mil demonios en el área tras un córner. La celebración del vasco junto a Rodri, los dos dándose voces uno a otro, representaba, ahora sí, el exorcismo de Cabo Verde, multiplicado con el tercero, un minuto más tarde, representación coral de lo mejor de este equipo en una jugada que pasó por Lamine en un lado, Baena en el otro, Porro al primer lado, Cucurella al segundo lado, Olmo y Oyarzabal, que estuvo media hora sin tocar el balón hace menos de una semana, y ayer metió dos de los cinco que tocó en la primera parte.
Llegó el tiempo muerto de este nuevo fútbol para beber agua a 20 grados y España bajó las revoluciones. Definitivamente relajada, tuvo el balón pero ya sin mucho ánimo de hacer daño más allá de un regalo del portero rival que Oyarzabal estrelló en el larguero.
Se marchó el equipo al descanso la mar de satisfecho consigo misma, de tal manera que De la Fuente puso en marcha ese al parecer preparadísimo plan de reparto de minutos para los que han llegado tocados y para los que no. No volvieron del vestuario ni Lamine ni Oyarzabal, los hombres que dieron forma a ese despertar de España.
sin la tensión de la necesidad
Por si hubiese alguna duda, el primer córner de la segunda parte terminó en gol en propia puerta tras un disparo de Cucurella, que lo celebró como si fuese cosa suya. El entrenador siguió a lo suyo y fueron apareciendo Mikel Merino y Nico Williams, también Fabián. La mañana de Atlanta decayó en emoción como no podía ser de otra manera, con tiempo para fijarse en detalles como que el personal de los estadios está muy en contra de las pausas de hidratación o que las aficiones de los equipos pequeños, en este caso Arabia, cantan y bailan más allá del resultado, quizá para recordar aquello de que este show es para disfrutarlo y no estar tenso. España lo estuvo el primer día, pero lo ha dejado atrás. Y ya sin la tensión de la necesidad, sólo cabe esperar que vaya hacia arriba.
Dispone ahora de 10-11 días, depende de cómo termine el grupo, para impulsarse en su campo base de Chattanooga, para respirar hondo y saber que nada ha cambiado y que sigue siendo una de las favoritas para llevarse el torneo, siempre y cuando se presente con la versión ofrecida ante Arabia y no con la del día de la presentación.