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Sofia Coppola, directora: "La gente no toma en serio a los adolescentes"

· Culture

La insondable naturaleza de la adolescencia, el diálogo imposible con los adultos, el poder de los mitos, la elocuencia de las miradas, los gestos suspendidos, las frases no dichas, la seducción del azar, las bandas sonoras que, sin miedo al anacronismo, expresan el alma de los personajes, los objetivos analógicos que difuminan con grano las imágenes y las hacen más auténticas que la claridad impersonal de lo digital...

Son los temas recurrentes y las elecciones estéticas de Sofia Coppola, objeto de una retrospectiva presentada en Milán en la Fondazione Prada y comisariada por Paolo Moretti. El ciclo incluyó el arco completo que va desde su ópera prima, Lick the Star, hasta su documental sobre Marc Jacobs.

¿Es cierto que supo que quería ser directora de cine tras leer Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides?
Sí. Siempre que lees un libro, lo imaginas pero esa historia me impactó tan profunda e inmediatamente que en seguida pensé en cómo reproducirla en el cine, cómo interpretarla. Mi padre siempre me hablaba de lo que es escribir y lo que es adaptar. Tenía curiosidad por saber cómo se adapta una historia. Empecé por el primer capítulo, seguí y al final fue como armar un rompecabezas.
¿Qué le impactó de la novela?
La representación de las chicas y la de Lux Lisbon en particular, sus relaciones con los chicos, los puntos de vista alternativos... Esto es lo que siempre me ha intrigado en Las vírgenes suicidas. Era consciente en el rodaje, de que la historia se desarrollaba se veía desde el punto de vista de los chicos que observaban a las hermanas, que jugaban con ellas, que veían cómo se presentaban. Esta es la parte más interesante, más allá de Lux, que es el personaje mítico.
En la película, un médico le dice a una de las chicas: «No has crecido lo suficiente como para saber cómo es la vida». Ella le contesta: «Es obvio que usted, doctor, nunca ha sido una niña de 13 años».
Me encanta ese fragmento. Creo que la gente no toma en serio a los adolescentes, tanto que las películas de adolescentes parecen triviales. No sé qué pasa con los chicos, pero es una edad en la que las chicas están muy conectadas con sus emociones y reflexionan profundamente sobre la vida. Es un periodo intenso. Las niñas se sienten atraídas por temas profundos.Todo es desafiante, hay más emoción. Los conflictos entre chicas a esa edad son muy fuertes, pero culturalmente existe la tendencia a considerarlos cosas infantiles, sin importancia. Creo que, al contrario, durante ese periodo se experimentan sentimientos intensos y se reflexiona profundamente, más que en otras épocas porque no se trata de construir una carrera: se trata de la identidad.
Los chicos de la película no entienden a las chicas pese a leer sus diarios. Eso pasa hoy: leemos todo porque todo está en las redes pero no entendemos.
Es una coincidencia interesante. Intenté mostrar la incomprensión, el misterio entre chicos y chicas a esa edad. No, no creo que toda la información del mundo aclare las cosas. Todavía hay misterio, confusión.

¿Sus hijas escriben diarios?
Mi hija tiene uno, escribe a menudo.
En The Bling Ring retrata el culto fetichista y obsesivo de los fans hacia las estrellas.
Con la llegada de las redes sociales, hemos aceptado la idea de que la privacidad ha muerto de que existe el derecho a la apropiación, porque nos sentimos autorizados a apoderarnos de momentos o situaciones íntimas de personas famosas, solo porque las conocemos de lejos. Hemos cruzado esa frontera: ahora es parte integral de nuestra cultura. La idea de la existencia de una imagen pública y una privada siempre me ha interesado, la diferencia entre ambas. María Antonieta es un reflejo de la relación entre las dos. María Antonieta tenía una habitación pública y otra privada, un espacio tras bambalinas. El yo externo y el yo privado existen por separado.
La pantalla del móvil es el lugar en el que guardamos nuestra intimidad pero también donde podemos buscar pornografía de venganza robada. Y para nuestro cerebro, parece lo mismo.
Exacto. No se puede distinguir entre una película y un momento privado de la vida real. Yo crecí con mi madre. La privacidad fue fundamental para mi educación; era un valor muy importante. Es interesante ver cómo eso ya no existe. Me di cuenta al criar a mis hijas: el concepto de privacidad ya no se percibe de la misma manera. Es un choque cultural.
Pasemos a Lost in Translation. ¿Cuál es su recuerdo más intenso de esa película maravillosa?
Estaba en Tokio cuando llegó Bill Murray. La idea de que él interpretara el papel me obsesionaba, pero fue difícil convencerlo. Cuando llegó, tenía jet lag y andaba de un lado para otro intentando rodar de noche. Parecía una película muy personal, íntima, indulgente, incluso un poco egocéntrica. Lo que más me impactó fue ver cuánta gente conectaba con la historia. Cuanto más íntima, más universal resulta una película. Es extraño.
La película muestra la conexión íntima entre desconocidos. ¿La ha experimentado alguna vez?
Sí, por supuesto. Como en la escena del ascensor... Hay afinidades inesperadas; no sabes por qué suceden. Aparece una persona con la que compartes la visión del mundo y tal vez el sentido del humor... aunque no estemos destinados a pasar mucho tiempo juntos. Compartes un momento memorable con alguien, pero ese alguien no forma gran parte de tu historia. Ha habido momentos de mi vida en los que sentí una conexión así con alguien. Algo pequeño que se convierte en un hito que guardas en tu memoria, la adrenalina que aparece...
Si los dos personajes tuvieran una aplicación de citas, la historia sería menos creíble.
Creo que sí. Estarían en el bar, escondidos detrás de sus teléfonos. Nunca hablarían con un desconocido. Nunca se habrían conocido ni reconocido.
Otra escena icónica: cuando cantan karaoke. ¿Tiene una canción favorita para cantar en el karaoke?
Canto fatal. Pero de joven, cantaba Cherry bomb, de The Runaways, porque no hay que cantarla bien.
¿Qué le susurra Bill Murray a Scarlett Johansson?
No tengo una frase en mente; no tengo una frase que pueda resumir esa experiencia.
En Somewhere, el protagonista es una estrella que recupera su conexión con la realidad a través de la relación con su hija. ¿Había algo autobiográfico?
Cuando estaba con él porque mi madre no estaba, cuando estábamos solo nosotros dos y yo extrañaba mi hogar... Mi padre preparaba mesas llenas de helados. Es ese espíritu lúdico el que me inspiró para la escena en la que van a comprar helado al hotel en Milán, casi como una pequeña aventura.
En esa película usó los mismos lentes que tu padre en Rumble Fish, para crear un efecto romántico.
Me gustan las imperfecciones que produce lo analógico; el brillo real es una imperfección comparado con la luz artificial. Las lentes de película antigua producen una belleza misteriosa que es casi indefinible y que crea emoción. Le dan a la película un sabor diferente a la tecnología digital.