En el local donde hemos quedado, espera una mujer con una larga melena rubia. Se parece, pero no puede ser Soraya Arnelas (Valencia de Alcántara, 1982), siempre rapad. Paso un par de veces por delante y, finalmente, ella se da cuenta. "Es una peluca", se ríe quien fue una de las primeras estrellas salidas de la factoría Operación Triunfo, un fenómeno que cumple ahora 25 años. La extremeña, que actuará en Las Ventas el 7 de noviembre, está rematando la gira de presentación de su último disco, Ilúmina.
- Aseguras que es el álbum que ha dado sentido a tu vida. ¿Por qué?
- Cuando empecé hace 21 años apenas componía y con los años me he dado cuenta de que tenía la necesidad de contar mis historias. Conforme van pasando los años, mis discos me salvan prácticamente la vida. Este álbum llegó después de perder un bebé que era nuestra última apuesta familiar por la edad que tengo y, después de aquel terremoto que sufrimos en la familia, necesitaba sacar emociones y buscar la luz en un momento de gran oscuridad. Eso me hizo ponerme a escribir con una necesidad máxima de sacar todo lo que llevaba. A mí, la música me ha salvado en muchos momentos realmente duros. Siempre lo ha hecho.
- En estos tiempos de reguetón y música urbana, ¿aún hay espacio para el pop electrónico ochentero?
- Te lo digo con la mano en el corazón, siento que hay espacio y público para todos los géneros. Somos tan diferentes los seres humanos que debe haber música para complacer a todos. Nunca he sido celosa ni recelosa de no haber hecho reguetón, aunque se me haya propuesto. He tocado algún palo latino, pero el sello de la casa siempre ha sido la electrónica y el remember, el sonido de los años 80 y los sintetizadores de aquella época. Eso resuena en la música que hago hoy en día y no me voy a salir de ahí por modas. Es necesario que haya de todo para todos.
- Este mes se cumplen 25 años del estreno de ‘OT’ en España. Tú participaste en la cuarta edición, ¿qué balance haces del formato y de tu experiencia?
- Lo primero, que es increíble que haya pasado tanto tiempo. Lo segundo, que su impacto cultural, pese a los haters y las críticas, es indiscutible. Y en lo personal, fue mejor de como nos lo pintaron antes de entrar y ya dentro.
- ¿Os lo pintaron muy mal?
- Fatal, la propia productora. Tenían malas experiencias anteriores por habérselo pintado muy bien a los concursantes y que tantos se hubieran dado una hostia al salir, así que a nosotros nos dijeron siempre que aquello no era ningún chollo. En nuestra edición, ya contábamos con un equipo de psicólogos y esto fue importante porque iba a haber muchos cambios en nuestra vida y, una vez se sale de la Academia, pasan muchas cosas difíciles de gestionar si no estás preparada. Teníamos cada domingo terapias tanto grupales como individuales. Siempre nos decían que todo iba mal, que las audiencias no eran las esperadas y que el programa se iba a terminar. La realidad fue todo lo contrario.
- No querían que les pidierais explicaciones si luego no hacíais carrera.
- Claro, pero la realidad es que yo no esperaba nada. Estaba viviendo mi sueño porque era la única que estaba allí sin ninguna experiencia previa en la música. Estaba jugando como una niña con zapatos nuevos. Cada canción que me daban, me divertía, me transformaba, me disfrazaba y me permitía sacar la actriz que llevo dentro. Sinceramente, y con todo el respeto que le tengo a la profesión, 21 años después sigo jugando en cada canción.
- Pero, al salir de la Academia, sí que te encuentras con que tu mundo ha cambiado totalmente.
- De golpe, era aparentemente famosa. Digo aparentemente porque, para mí, ser famoso o popular sólo se consigue si uno trabaja mucho. No creo en la fama efímera. Por eso, valoro mucho más seguir vigente 21 años después, aunque mi nivel de popularidad sea menor, que todos los elogios y las atenciones de entonces. Esa fama repentina es un poco peligrosa, te puede llevar a engaño, a creerte que ya eres una estrella y no entender que habrá un bajón, porque siempre lo hay.
- ¿Tú sí eras consciente de que eso iba a suceder?
- Sí. Siempre he sido una niña muy madura para mi edad. Aquello me pilló con 21 años, venía de estar trabajando en una aerolínea como azafata de vuelo y ya vivía sola con mi salario, así que me lo tomé como lo que era: una oportunidad, pero, por encima de todo, un trabajo. Se idealiza mucho esta profesión, pero los artistas somos trabajadores. Me levanto cada mañana, me siento en mi estudio, abro mi agenda, me organizo el día y me pongo a trabajar como cualquiera. Hacer una carrera en esto no es nada fortuito, hay mucho trabajo detrás. Y, aunque no lo parezca, yo tengo mi propia empresa. Soy mi sello discográfico y ya no estoy con una major. Yo me lo guiso y yo me lo como. Estoy muy bien respaldada por un gran equipo, pero yo dirijo la batuta.
- Y asumo que no todos los años comerás lo mismo.
- Claro, hay años que las cuentas no salen por ningún lado, pero el que se mete en este mundo sabe que hay altibajos. Mira, vamos a hablar claro, cuando salí de OT y empecé a tener reuniones con la discográfica que nos llevaba, Vale Music, y con los mánagers, entendí la realidad: soy un producto. No es que lo sintiera, es que lo era. No seamos ingenuos. Ellos vieron algo en mí que se podía explotar comercialmente. De los 16 participantes, apostaron por mí porque entendieron que iba a ser un producto rentable. Así fue y ese producto estuvo trabajando sin rechistar los primeros años porque daba dinero. Me adapté al mercado y a las necesidades de la discográfica. Era una máquina de trabajar y obediente. Claro, eso les encantaba.
- ¿Hiciste muchas cosas que hubieras preferido no hacer?
- Claro, en aquel momento era muy joven y asumía lo que me decían en cuanto a estilos, giras, apariciones públicas, imagen... También veía que me iba bien, no vamos a mentir. Ahora sí elijo mis proyectos y también es verdad que la edad no me permite hacer las cosas que hacía antes. Acabo de cumplir 44 y ahora me canso [risas]. Por ejemplo, cada vez me apetece menos que los conciertos acaben tarde. Me voy acomodando y, a la vez, mis ambiciones son menos voraces que con 25. Eso también es muy importante. En aquel momento yo no quería más dinero, estaba satisfecha con eso, lo que quería era hacerme mi hueco en el mercado de la música. Un hueco estable. Había venido para quedarme y lo iba a demostrar. Y fue lo que hice a base de picar y picar para crear una base sólida. Eso es lo que me ha dado esta carrera larga.
- ¿Cuál ha sido la mejor decisión que has tomado?
- Las grandes decisiones de mi vida no las tomé nunca yo porque las mejores se tomaron al principio. Es fundamental acertar en los inicios de carrera, sobre todo cuando te vuelves popular de golpe. Y yo ahí habría fallado. Me negué a grabar los dos álbumes de los años 80, no quería hacerlos porque quería hacer temas propios y no sacar canciones de otros. Me obligaron y fue lo que lanzó mi carrera. Todavía lo sigo agradeciendo. por mi carrera, evidentemente, y porque son canciones con las que hago feliz a mucha gente. Hay una generación, los que crecimos en los 80, que esas canciones las llevamos grabadas a fuego y me encanta conectarme con mi generación. Hoy casi todos los artistas están tratando de pescar a los jóvenes de ahora, pero yo sigo creyendo en nosotros.
- Escuchándote ahora, todo suena bonito, pero has pasado temporadas malas.
- Sí, pero parte de que todo se vea tan guay ahora es que llevo 21 años trabajando con la filosofía de que de todos los malos capítulos, y ha habido muchos, se saca un aprendizaje. En la vida, lo malo es inevitable y, a partir de ahí, tienes dos opciones: regodearte en lo malo o buscar lo bueno. Yo lo tengo claro. Mi carrera se puede acabar mañana, nadie me asegura que esto llegue a durar tres, cinco o diez años más. Juego a ser equilibrista cada día e intentar sobrevivir sin caerme. Constantemente salen nuevos talentos y cambia la moda musical. Yo sé que este no es mi momento, pero mis ambiciones no son las de antes cuando hubiese luchado por ser número uno. Ahora vivo con el equilibrio perfecto entre mi familia y mi profesión. Vivo estupendamente y ya no tengo pretensiones de convertirme en Madonna. Con 44 años, sé muy bien cuál es mi sitio.
- ¿Es un buen sitio?
- Estupendo. Vivo de la música. ¿Cuánta gente está esperando esa oportunidad y no le llega? ¿Qué porcentaje de participantes en OT y en tantos programas de talentos musicales han hecho una carrera después? Poquísimos. Hay un embudo en el que entran un montón de artistas cada día y no hay espacio para todos. He tenido montones de compañeros que no han podido llevar a cabo sus sueños, pero también te digo que muchos de ellos siguen creyendo en la música y han buscado otros espacios: en musicales, como coristas… Eso es muy bonito. ¿Cuál es el éxito de verdad dentro de la música? Vivir de ella de un modo u otro, pero para eso tienes que ser realista y no dejarte llevar por los sueños, que nos venden cuando empezamos.
- ¿Se te han reventado muchos sueños?
- Cuando salí de Operación Triunfo mis expectativas eran mucho menores de lo que luego pasó, pero creo que no todos mis compañeros lo veían igual. Yo sólo quería la oportunidad de hacer un proyecto musical. Uno va dando vueltas en la ruleta, tiene momentos de éxito popular y otros en los que parece que todos te han olvidado, pero yo he contrarrestado esos malos momentos con mi vida personal. Quería ser madre y tengo dos niñas maravillosas. Me he casado, que también era un sueño. Mucha gente me dice que, con la voz que tengo, deberías estar muchísimo más arriba. Ya lo he estado y no lo echo de menos. Si tuviera más éxito, no estaría tanto tiempo en mi casa con mis hijas. Tengo exactamente por lo que he luchado.
- Es un equilibrio muy complicado en tu oficio.
- A mí me funciona y de verdad creo que es un mensaje importante para los jóvenes que ahora quieren ese éxito que yo tuve en aquel momento. Ahora es su momento de lucharlo y labrarse el hueco, mientras eres joven, pero que no se olviden de que luego viene una vida muy larga y tan importantes son los éxitos laborales como los personales. No centremos todos nuestros sueños en lo profesional porque ahí vienen los grandes golpetazos de la vida. Tenemos que tener más parcelas que nos ilusionen.
- A raíz de una avalancha de comentarios en redes sociales por tu delgadez, respondiste algo que me gustó: "Mi salud nunca os ha preocupado, siempre os ha preocupado mi físico". ¿Te has sentido cosificada todos estos años?
- Claro, ya te he dicho antes que he sido un producto y, además, vivimos tiempos de obsesión con el físico. Dentro del mundo artístico jugamos mucho con la imagen, así que cierta cosificación entra dentro del contrato. En la letra pequeña está jugar con el pelo, cuidarme y estar guapa. Es así. De todos modos, he sido una mujer que ha ido en contra de los cánones estéticos mucho tiempo con el pelo rapado. Siempre he sido dueña de mi físico por más que me hayan dicho mil veces que me deje el pelo largo. Incluso he hablado abiertamente de mis operaciones estéticas de nariz y de pecho. Yo tenía muchísimo pecho y me lo quité, que estoy segura que no es exactamente la decisión que más vende [risas].
- Actuaste para León XIV durante su visita a Madrid y acabaste llorando.
- Sí, pero quiero dejar una cosa clara. Conocer al Papa me hizo mucha ilusión y aún más verle con mi hija, pero lo que realmente me emocionó aquel día es algo que va más allá de la religión. Fue la energía que había allí ese día. Creo que cuando las masas se juntan y van a por algo bueno somos tan poderosos que todo es posible. No es la religión, es la gente. Me he criado entre monjas toda la vida y creo en Dios, pero ni soy la cristiana perfecta ni estoy de acuerdo con todas las cosas de la Iglesia, no quiero que nadie me ponga una medalla ni me haga abanderada de nada. Lo que sentí en aquel momento y me hizo llorar fue la fuerza energética de la unión entre personas.