En 1977, Columbia Pictures decidió dar vida cinematográfica por primera vez a un Spiderman de carne y hueso con una película que funcionara de gancho para una serie de la CBS. El superhéroe, nacido de cómics de Stan Lee y Steve Ditko y con versión animada previa, estuvo dos años en antena. En esos años, nuevamente de gancho, fue rescatado dos veces en películas antes de que Sam Raimi iniciara en 2002 un fenómeno que hoy es difícilmente mesurable. Pero intentémoslo.
En cinco días, Spider-Man: Brand New Day, la novena película de la saga estrenada este verano, rompió el techo de los 1.000 millones de dólares en taquilla; en menos de dos semanas, ya es la más que más recaudación suma este año en todo el mundo. El mayor ingreso de la Historia en un primer fin de semana para cualquier película en Norteamérica es también suyo -360 millones de dólares- en plena crisis del blockbuster. Lo que podría sonar a esporádico éxito está muy lejos de serlo para el superhéroe que ahora esconde bajo su máscara a Tom Holland y que antes encarnaron Tobey Maguire y Andrew Garfield.
Spider-Man es una máquina de billetes desde que se fundó esta saga con el Spider-Man de Raimi en 2002. Ésta ya fue la primera película que superó los 100 millones de dólares de taquilla en Estados Unidos en su primer fin de semana. Acabó ingresando 800 en todo el mundo, vendió 12,2 millones de copias en DVD en un par de meses y convirtió en icono a un superhéroe bajo el que se ocultaba un joven inadaptado. De las ocho películas que la seguirían, ninguna se quedó por debajo de los 700 millones. La saga completa ya ha superado los 9.000 millones en recaudación. Distintos informes sitúan en unos 1.000 millones anuales los ingresos por la venta de merchandising del personaje.
«Spider-Man, como sucede sólo con Batman y veremos si Los Vengadores, funciona en otro nivel diferente al de cualquier superhéroe. Nadie ha conseguido su tono para llegar a todos los públicos, tiene sus propias reglas porque es un personaje multigeneracional. Ha sabido encontrar el camino para no parecer viejo ante las nuevas generaciones», señala Julián M. Clemente, experto en el género y autor de Spiderman: La historia jamás contada. Apuntala su testimonio Íñigo de Prada, la mitad del pódcast TBO en pantalla y autor de El viaje del superhéroe: la historia secreta de Marvel en el cine: «El cine como evento todavía funciona dentro de la crisis de los blockbuster de Hollywood, pero ya no todas las películas de superhéroes consiguen ser eventos. Batman y Spider-Man lo siguen consiguiendo. Y, en el caso de Spider-Man, puede parecer una tontería, pero como los derechos son de Sony y no tiene plataforma de streaming, le beneficia. Esa mayor ventana en cines y que su público sepa que en poco más de un mes no va a estar en Disney+ juega a su favor».
Los motivos que se pueden encontrar son muchos más. El primero, que el superhéroe trepador ha conseguido superar las barreras del género y convertirse en cine familiar para todos los públicos. Lo hizo ya desde la película de 2002, que fundó una nueva era en Marvel, con sus colores chillones en contraposición al filtro oscuro para dotarla de seriedad que dos años antes había acompañado a X-Men. Eso atrajo a un público que no sólo iba a las salas buscando al personaje de los cómics.
Spider-Man cala además en sus fans por pura identificación: casi cualquiera se puede ver reflejado en ese joven algo torpe e inadaptado en algún momento. Sus películas, con más o menos acierto, siempre han sabido jugar también con los diferentes géneros -entre lo cómico y lo romántico- sin renunciar a ser filmes de superhéroes. Lo explica con un ejemplo concreto Julián M. Clemente: «Hay un gran movimiento en No Way Home, donde se repite la cuestión de la tragedia familiar, en este caso con la Tía May, como origen para seguir contando su historia. En ese momento se pone el traje original de los cómics. Ahí te das cuenta de que su origen está completado, pero se pueden seguir haciendo más películas suyas. Ahora le ves integrado en su dermis, con el espíritu y la naturalidad que se muestran en los tebeos».
Sin embargo, si algo ha disparado la popularidad de Spider-Man es cómo ha ido calando generación tras generación. Están quienes en los 60 se aficionaron a los cómics y las primeras versiones audiovisuales. Quienes fueron llegando con las series animadas de los 80 y los 90. Quienes se subieron a la ola de la saga de películas de los 2000. Y, sobre todo, los que entraron al universo con las series animadas de Disney y los videojuegos. Marvel's Spider-Man y Spidey y su superequipo son dos fenómenos de masas. La franquicia de videojuegos que Insomniac Games ha creado para PlayStation, según los informes, había superado ya los 50 millones de copias en febrero de 2024. Con el estreno de Brand New Day ha vuelto a ascender a los primeros puestos de los rankings de ventas en Estados Unidos.
«Las series infantiles no son muy atractivas para el público adulto, pero han conseguido crear un universo animado en torno a Spiderman para llegar a una generación mucho más joven. Son los niños que llevan a Spiderman en su mochila. ¿Cuál es el que llevan? El de los dibujos animados. Y eso les ha traído también al cine, a la película de Holland», apunta Íñigo de Prada.
A esta popularidad se aferra Marvel -y al inminente desembarco de Los Vengadores- tras algunos estrenos fallidos o no muy exitosos. ¿Es Spider-Man la piedra inicial para la refundación? Ya veremos.