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¿Te gusto? Quedemos a cenar

· Culture

"Llévame a un sitio que te guste". Nos gustábamos desde hacía tiempo. El chico me propuso cenar, yo elegí el lugar. Mesas altas, sin mantel, platitos frugales... Algo que no pareciese muy formal. Los dos estábamos un poco nerviosos... O tal vez solo yo... Siempre he odiado las cenas en la primera cita.

Volví a recordar aquel encuentro al descubrir que la generación Z está recuperando este ritual en los primeros encuentros, leí en The Wall Street Journal. El regreso de las cenas no es una moda, sino una señal, una reacción al hartazgo.

Recuperar esta liturgia es rebelarse contra la dinámica de las relaciones actuales. Tan efímeras, tan reacias al compromiso. Sentarse ante una mesa con tu cita ofrece tiempo, un interés genuino por conocer al otro, la ilusión de no ser intercambiable con cualquier otro match.

Lo explicaba al diario económico una chica de 25 años: "En una cena o una comida se consigue un nivel de intimidad, y además, llevan implícito un tiempo determinado, a diferencia de una cita en un bar o un café". Ella lleva dos años haciéndolo: queda con menos hombres, pero conecta más.

Hace tiempo que las cenas habían dejado de ser norma en las primeras citas. Preferíamos un café, unas cañas, un vino. Y más ahora que, entregados a las apps para ligar, uno tiene más matches, más citas, más ligues. Evitamos lo formal por si no fluye la conversación, por si hay momentos incómodos, por si se nos queda algo entre los dientes... "Él le propuso cenar, pero Alicia no tenía hambre (más bien le daba vergüenza la idea de que una de sus bromas la hiciera reír con la boca abierta llena de restos de pan, patatas, kétchup), así que no cenaron", leemos en La chica más lista que conozco, de Sara Barquinero.

Sin embargo, hoy la cena se presenta como una promesa: de que alguien te va a dedicar su tiempo, pero también de sus intenciones. Con el filósofo Roland Barthes (Fragmentos de un discurso amoroso) entendimos que todo en el amor es signo. Una mirada, un gesto; lo que hacemos, lo que callamos... "Ella era entendida y sabía que el carácter amoroso se cifra de algún modo en las cosas sin importancia", escribió Balzac. Y así la cena es el antídoto ante las citas exprés, ante la inseguridad del amor en tiempos de Tinder.

Buscamos signos, sí, pero como avisó Barthes, "no son pruebas", pueden resultar falsos o ambiguos. Aquella cena con el chico que me gustaba fue bien, pero no la historia. Tal vez una cena sea una buena señal, pero no siempre significa lo que anhelamos.