Vivimos en una sociedad sumamente dinámica, en la cual el flujo de información es cada vez mayor. En este sentido, para muchas personas el hantavirus, al día de hoy, puede parecer un tema del pasado. Sin embargo, los científicos no lo consideran de esta manera; aún advierten sobre el peligro de esta enfermedad.
Cabe recordar que el hantavirus es una infección viral grave transmitida por roedores; su letalidad es cercana al 30 %. Hace unas semanas se originó un brote de dicha afección en un crucero de lujo, el cual zarpó desde aguas argentinas. Lamentablemente, 3 personas fallecieron en la embarcación. La situación sanitaria requirió la intervención de diversos países para repatriar a sus nacionales y crear un plan de contención para evitar su propagación.
No obstante, un especialista en el estudio integral de animales señala que existe una amenaza latente de que se origine una epidemia. Se trata de Ulicies Pardiña, un zoólogo que, por medio de un artículo publicado en el diario francés Le Monde, profundiza respecto al fenómeno que viene ocurriendo con los roedores en la Patagonia.
La relevancia de una exótica planta
Todo reace a la introducción de una planta exótica en el ecosistema del cono austral sudamericano, la rosa silvestre europea. Dicho tipo de flora abarca en la actualidad cerca de 700 kilómetros de norte a sur de la Patagonia.
Estos matorrales se han convertido con el pasar del tiempo en un fortín para los roedores, en especial para una pequeña rata denominada Oligoryzomys longicaudatus, quien es considerada el principal reservatorio regional de hantavirus.
Por ende, la población de los pequeños mamíferos ha aumentado significativamente, inclusive en zonas. A tal punto que se ha convertido en una especie dominante en zonas donde anteriormente era solamente una pequeña minoría.
Si además se tiene en cuenta “la creciente ocupación humana de las zonas forestales, la disminución de los incendios naturales y los inviernos cada vez más suaves, todas las condiciones parecen propicias para un mayor riesgo epidemiológico”, afirma Pardiñas.
“Tal vez, en estas transformaciones silenciosas que afectan a los bosques, roedores y virus, ya se estén gestando procesos cuyas consecuencias futuras apenas comprendemos”, concluye.