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¿Volver a las bombas o avanzar hacia un acuerdo? La encrucijada de Trump en Irán

¿Volver a las bombas o avanzar hacia un acuerdo? La encrucijada de Trump en Irán

La tregua entre Estados Unidos e Irán, ese papel biblia tan frágil, se encuentra al borde del colapso total tras una serie de ataques de represalia recíprocos y amenazas cruzadas, lo que incrementa el temor a un retorno inmediato a la guerra abierta. Llevamos ya así dos días, tras incontables reproches y declaraciones ardientes semanas atrás. Pero esto es distinto, es la vuelta a las bombas, cuando justo la Administración Trump anunciaba triunfante que estaba a punto de firmar un acuerdo definitivo con Teherán. Todo al revés.

La nueva espiral de hostilidades se desencadenó tras el derribo, el pasado lunes, de un helicóptero Apache estadounidense cerca del estratégico Estrecho de Ormuz. El presidente de EEUU, Donald Trump, atribuyó directamente la responsabilidad del incidente a las fuerzas iraníes, declarando que el Ejército de su país debía "por necesidad responder". Por su parte, las autoridades de Teherán negaron las acusaciones, sugiriendo que el aparato sufrió un accidente. Los dos pilotos estadounidenses resultaron ilesos. 

La tensión ya había subido varios grados días antes: Israel insistió en bombardear Beirut, la capital de Líbano, pese a que Irán insistía en que con ese frente abierto no había diplomacia que valiera y cuando hasta la Casa Blanca pidió al Ejecutivo de Benjamin Netanyahu de parar máquinas. Los ayatolás atacaron a Israel en represalia, para defender a sus aliados de Hezbolá, y desde entonces, los disparos han dejado de ser esporádicos. Hasta tocar al helicóptero, hasta desbaratarlo todo. 

La respuesta de Washington ha sido rápida. Trump hubiera quedado como un pelele débil si no lo hubiera hecho. Y ya estamos, otra vez, con el "y tú más" y la testosterona a chorros. El Comando Central de EEUU (CENTCOM) ejecutó lo que describió como "ataques de autodefensa proporcionales" contra casi 20 objetivos en territorio iraní. La ofensiva, calificada por Trump como "muy fuerte y muy poderosa", dio inicio a las 17:00 hora local del martes y golpeó infraestructuras clave, incluyendo sistemas de defensa aérea, estaciones de control terrestre y radares de vigilancia cerca del Estrecho de Ormuz. Medios estadounidenses señalan que se atacaron emplazamientos de radares en localidades como Goruk y en la isla de Qeshm.

Pocas horas después, Irán lanzó una contraofensiva utilizando enjambres de drones contra instalaciones militares norteamericanas en Kuwait, Baréin y Jordania, activando las alarmas de ataque aéreo y los sistemas de defensa antimisiles de dichos países ribereños del Golfo. El ministro de Relaciones Exteriores de Irán advirtió mediante un comunicado oficial que ninguna amenaza o ataque contra su país "quedará sin respuesta".

Diplomacia al límite en la "Situation Room"

Este agravamiento de la crisis militar coincide con un estancamiento absoluto en el plano diplomático. Según informes de inteligencia y reportes de la web de noticias Axios, el presidente Trump se reunió de urgencia el miércoles por la tarde en la Situation Room de la Casa Blanca con su equipo de seguridad nacional de alto nivel para evaluar nuevas oleadas de bombardeos.

Entre los asistentes a la reunión se encontraban el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional Marco Rubio, el director de la CIA John Ratcliffe y el presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, además del enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff.

Horas antes de ordenar los ataques iniciales, la Casa Blanca intentó sin éxito obtener una respuesta de Teherán sobre una propuesta de acuerdo enviada por el propio Trump, advirtiendo de forma anónima que "el tiempo se estaba agotando". Durante el despliegue de las aeronaves norteamericanas, Washington notificó a Irán que los ataques se limitarían estrictamente a instalaciones militares. Fuentes oficiales confirmaron igualmente a Axios: "Les dijimos a los iraníes que si los pilotos del Apache hubieran muerto, hoy estaríamos en un escenario completamente diferente".

Internamente, los asesores de la Casa Blanca reconocen a medios como la CNN que, obviamente, este no era el plan del presidente. Pensaba, alentado por Israel, que podía dar un golpe en Irán a la venezolana, pero todo se ha ido rompiendo: eliminó al líder supremo, Ali Jamenei, pero también se mató a los otros destacados políticos locales que se tenían en lista para sucederle; ha habido relevo, a más radical, con el hijo de Jamenei, Mojtaba; no se sabe el estado del programa nuclear ni de los misiles, y ya hace un año los informes sobre el daño fueron contradictorios y, al final, erróneos; Teherán ha cerrado Ormuz y ha demostrado que ese poderío geográfico es imbatible y que mantiene el suficiente armazón militar como para mantener el órdago. 

En estas circunstancias, ni victoria ni rápida. Hoy hay más dolor, más muerte, más destrucción y más bloqueo que en febrero, sumando el bloqueo del cuello de botella por el que, entonces, pasaba el 20% del crudo del mundo. Enredarse en una guerra más larga no es bueno para ninguna de las partes, pero la incógnita está en saber si alguien cederá antes, si salvarán los muebles con algún apaño vendible como triunfo o con una huida hacia adelante que a saber dónde acaba. 

Las negociaciones, en un callejón sin salida

La crisis militar entierra, al menos temporalmente, las expectativas de paz. Apenas un día antes del incidente del helicóptero, Trump había asegurado que las negociaciones para extender el cese al fuego y reabrir el Estrecho de Ormuz estaban en sus "últimos estertores" y que un acuerdo definitivo era factible "en dos o tres días".

Sin embargo, el tono del mandatario estadounidense cambió radicalmente este miércoles tras el vencimiento de sus ultimátums. "Estábamos muy cerca de un acuerdo, pero nos siguen dando largas, nos siguen tomando por tontos", recriminó Trump ante la prensa antes de advertir que los ataques continuarán con dureza: "Vamos a seguir atacándolos, atacándolos con mucha fuerza".

Analistas de seguridad, en un análisis del Washington Post, coinciden en que ambos países han sustituido los canales diplomáticos formales -sin reuniones directas conocidas desde el pasado 11 de abril- por una peligrosa dinámica de negociación basada en ultimátums y demostraciones de fuerza militar, situando a la región en su momento más vulnerable desde el estallido de la guerra, el pasado 28 de febrero. Aun así, ambos países parecen estar buscando una manera de poner fin al conflicto, exponen fuentes de la agencia AP, si es que logran presentarlo como una victoria en sus respectivos países. Es la clave, el relato. 

Mientras tanto, Netanyahu -que también tiene elecciones en otoño- parece decidido a perseguir objetivos que dificultan el compromiso: el colapso del Gobierno teocrático de Irán, la eliminación de su programa nuclear y la destrucción de Hezbolá en el Líbano. En su caso, también necesita vender logros y no los tiene hoy en su mano. 

Los escenarios posibles

La analista Mona Yacoubian, directora del Programa para Oriente Medio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), se pregunta en un análisis publicado por el tanque de pensamiento norteamericano si proceso diplomático puede resistir un periodo de 100 días de conflicto, pese al fuerte estancamiento de las propuestas y, sobre todo, la hostilidad militar directa de estos días, muy contaminada por el impulso de Tel Aviv. Trump ha dicho esta noche que, o se firma algo hoy, o va el infierno de camino a Irán, aunque no es la primera vez que hace amenazas similares y luego no las cumple. Ahora, sin embargo, la situación es más desesperada, por frustrante.

Habla de unas negociaciones como "muñecas rusas", que se dividen en dos fases complejas. La primera es negociar un Memorando de Entendimiento (MOU), que es el paso previo para volver a la mesa de debate. Irán exige la liberación inmediata de hasta 24.000 millones de dólares en activos congelados para reabrir Ormuz. Para la Administración Trump esto es difícil de aceptar, ya que previamente criticó el pacto de la era Obama (JCPOA) por dar "dinero en efectivo" a Irán.

Y luego están las conversaciones nucleares: si se firma ese MOU, se abre una ventana de 60 días para negociar el tema nuclear. Hay profundos desacuerdos, reconoce la autora: EEUU exige que Irán envíe fuera su uranio altamente enriquecido (tiene unos 450 kilos, según la ONU) e imponga un congelamiento de 20 años, mientras que Irán propone diluirlo en casa y un congelamiento de apenas cinco años, sin aceptar sistemas estrictos de verificación. 

Yacoubian define rres posibles escenarios finales. El primero es una paz exitosa, con un acuerdo nuclear verificable y la reapertura incondicional del estrecho (el menos probable, dice). El segundo es un "acuerdo vacío", con lagunas legales, donde EEUU cede a las compensaciones financieras e Irán mantiene un control condicional sobre el estrecho sin someterse a inspecciones rigurosas. La presión política (guerra impopular), militar (escasez de misiles de defensa de EEUU) y económica (crisis de suministro energético) empujan a Washington hacia esta opción.

Y el tercero es el más temido a estas horas, el retorno al conflicto total, con un estancamiento permanente con el estrecho cerrado e interrupciones bélicas constantes. Es posible. 

Políticamente, el conflicto con Irán es cada vez más impopular en EEUU, y una reciente encuesta de The Economist y YouGov indica que casi el 70% de los estadounidenses está a favor de poner fin a la guerra cuanto antes. Aunque simbólica, la reciente votación en la Cámara de Representantes para invocar la Resolución de Poderes de Guerra, en la que cuatro republicanos se unieron a los demócratas, es otro indicador de la disminución del apoyo, incluso interno, a Trump. Las próximas elecciones de mitad de mandato, en noviembre, también podrían influir en las decisiones del magnate. 

La autora no es especialmente optimista. "Tras cien días de guerra con Irán, la probabilidad de un resultado positivo es escasa. Si bien las negociaciones ofrecen la mejor oportunidad para poner fin al conflicto, es improbable que se vuelva al statu quo anterior. En cambio, se está configurando una 'nueva normalidad': una en la que Irán probablemente mantendrá el control de facto del estrecho y su capacidad para amenazar a sus vecinos del Golfo. Los próximos meses y años estarán marcados por medidas para mitigar los peores impactos de esta inminente realidad, mientras los actores regionales y globales lidian con sus nuevas características", concluye.

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