La tensión crece en las dos orillas del Golfo Pérsico horas antes de que se cumpla el plazo de Donald Trump para enviar a Irán «a la edad de piedra» y, literalmente, «terminar con su civilización». Desde Teherán, como respuesta a estas amenazadas, se han roto todas las negociaciones indirectas con EEUU y asegura que los aliados de Washington en el Golfo Pérsico se quedarán «a oscuras». El choque, si nadie levanta el teléfono y lo remedia, escalará otro peldaño. Es el juego de la gallina: una confrontación en la que dos partes se desafían hasta el límite, confiando en que el otro ceda antes de provocar un choque que perjudicaría a ambos.
Los bombardeos se han intensificado en las últimas horas. Estados Unidos ha atacado con sus aviones la estratégica isla de Jark por segunda vez desde que comenzó este conflicto entre EEUU e Israel contra Irán. En este caso, según la agencia iraní Mehr, se han escuchado explosiones durante toda la mañana. Más tarde, un militar estadounidense aseguró a medios de EEUU que su aviación ha alcanzado una decena de objetivos, entre búnkeres, una estación de radar y un depósito de municiones. Aún es pronto para saber si se trata de un bombardeo preparatorio previo a un desembarco estadounidense en la isla o se trata de otro intento de desgastar las capacidades militares de la Guardia Revolucionaria.
En realidad, ese tipo de ataques contra la infraestructura energética ya se suceden desde hace varios días, pero se han intensificado en las últimas horas. Ayer, Israel volvió a bombardear los campos gasísticos de South Pars e Irán atacó esta madrugada la ciudad industrial de Jubeil, el mayor centro petroquímico de Oriente Próximo. Desde Teherán, un funcionario de alto nivel aseguró que Irán ordenará a sus aliados hutíes que cierren el Estrecho de Bab el Mandeb, en el mar Rojo, ante cualquier movimiento que suponga una invasión estadounidense de la soberanía iraní.
En la ciudad saudí de Jubeil funciona, además, la planta desalinizadora más importante de la región. Si resultada dañada por estos ataques, podría producirse una crisis de falta de agua potable para millones de personas. Los países del Golfo presentan una dependencia estructural del agua desalada que los convierte en especialmente vulnerables: en Emiratos Árabes Unidos, más del 80% del agua potable procede de la desalación; Bahrein es totalmente dependiente desde 2016, reservando sus acuíferos como recurso de emergencia; y Qatar depende al 100% de este sistema. En Kuwait, la desalación cubre el 90% del consumo doméstico, mientras que en Omán alcanza el 86% de las necesidades de la población. Incluso en Arabia Saudí, que dispone de mayores reservas de agua subterránea, la mitad del suministro procede de plantas desaladoras.
Otras infraestructuras críticas han sido clausuradas a la espera de nuevos ataques, como el puente Rey Fahd que une Bahrein con Arabia Saudí, que permanece cerrado desde ayer por la mañana. Además, el Departamento de Estado de EEUU emitió un aviso para todos los estadounidenses en Bahrein, en el que se indica: «La Embajada de EEUU en Manama ha ordenado a todos los empleados del gobierno estadounidense que permanezcan en sus lugares de residencia. Recomendamos a todos los estadounidenses en Bahréin que hagan lo mismo hasta nuevo aviso».
No hubo que esperar al ultimátum de Trump para que Israel también atacara infraestructura crítica: según el primer ministro Benjamin Netanyahu, Israel bombardeó vías férreas y puentes con valor logístico para las fuerzas iraníes. Medios locales informaron de ataques contra un puente en Yahya Abad, en la ciudad de Kashan, y otro en las proximidades de Qom, ambos al sur de Teherán.
Según el portal de noticias Axios, Estados Unidos está considerando desde hace semanas ocupar la isla de Jark para tener una palanca poderosa que haga que Irán se vea obligada, en contraposición, a aflojar el cierre del Estrecho de Ormuz, donde el régimen de Teherán tiene una evidente ventaja estratégica. Es allí donde, en este contexto de ultimátum, muchos analistas ponen su atención.
Con tan solo 20 kilómetros cuadrados de superficie y situada a 25 kilómetros de la ciudad iraní de Bushehr, en el extremo norte del Golfo, la terminal petrolera de la isla de Jark exporta alrededor del 90% del crudo iraní y se abastece mediante oleoductos procedentes de yacimientos marinos cercanos. Estados Unidos e Israel han bombardeado las instalaciones militares de la isla, pero no las petrolíferas, algo que podría suponer el fin de Irán como estado viable. Muchos analistas creen que esto aún no ha sucedido porque Washington, a diferencia de Tel Aviv, aún desea tener un interlocutor al otro lado para poder negociar.
El propio informe al que tuvo acceso Axios revela que se trata de un plan estudiado en serio por el Pentágono, aunque Trump no había tomado una decisión definitiva sobre esta opción en las últimas semanas. Es de suponer que los iraníes tengan la isla bien defendida incluso antes de conocer esta filtración.
Los omaníes han propuesto colaborar con Irán para establecer un nuevo marco para el Estrecho de Ormuz. Si bien es inaceptable para los estados del Golfo que Irán mantenga el control del estrecho, si ambas partes logran recaudar derechos de tránsito como parte de un fondo regional para la recuperación tras la guerra, esto quizá pudiera ser aceptado por todos los vecinos como un mal menor.
Ian Bremmer, politólogo del Eurasia Group y escritor, asegura que se ha llegado a esta situación tan desafiante porque «Trump pensó que, tras los ataques de decapitación y la demostración de impacto y pavor del ejército estadounidense, los iraníes capitularían y ofrecerían nuevas condiciones, pero se confió en exceso por la experiencia exitosa en Venezuela y los ataques más limitados contra Irán cuando los iraníes hablaban mucho pero no respondían. Además, lo más problemático es que las personas que compiten por adular al jefe dan un sesgo sistemáticamente más positivo a sus informes con el presidente».
