La respuesta de La Habana a la escalada estadounidense ha recaído en el señalado Miguel Díaz-Canel: «Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba. Tropezará con un pueblo decidido a defender la soberanía y la independencia en cada palmo del territorio nacional».
El presidente cubano, cuya cabeza está en juego, decidió dar la cara horas después de que Donald Trump echara mano del guion escrito para Venezuela y anunciara que está dispuesto a llevar a uno de sus portaaviones estrella, el USS Abraham Lincoln, a 100 metros de la costa cubana para que sus dirigentes digan «muchas gracias, nos rendimos». El mismo paso anunciado para el portaaviones Gerald Ford, el más poderoso del planeta, enviado al Caribe para presionar a Nicolás Maduro dos meses antes de la captura del dictador en una operación militar histórica.
El mandatario estadounidense aprovechó un evento entre amigos en Florida para profundizar en sus amenazas: «Estaremos tomando Cuba casi de inmediato, Cuba es lo próximo«. No se trataba de una broma, como quisieron interpretar algunos y pese a lo impredecible que es Trump incluso consigo mismo. El inquilino de la Casa Blanca habló para quienes están convencidos en el exilio que «la cosa viene».
«Una escala peligrosa y sin precedentes», balbuceó Díaz-Canel, pese a saber que la revolución cubana ha perdido el apoyo popular que la convirtió en un mito en el continente.
Nada queda de las viejas glorias de Fidel Castro en la Cuba actual, corroída por una voraz crisis multisistémica provocada por el fracaso revolucionario: economía ralentizada y en cuidados intensivos, apagones constantes, escasez de alimentos, desabastecimiento de productos básicos, principales servicios públicos cercanos al colapso y calles semivacías de vehículos. Todo ello genuinamente castrista, pero aumentado por el bloqueo energético ordenado por Washington para forzar cambios en la isla.
A Trump no le gustó la exhibición del régimen cubano en el Malecón habanero, como ya sucediera con los bailes grotescos de Maduro y sus cánticos desafinados con el jingleNot war, yes peace. El régimen alardeó con una concentración manipulada visualmente, la peor marcha del Primero de Mayo de la historia, aunque contó con una llamativa novedad: Raúl Castro (94 años) reapareció tras varias semanas y contó con la protección directa del famoso Cangrejo, su nieto favorito y jefe de sus guardaespaldas. Raúl Guillermo Rodríguez Castro ha fungido como interlocutor en las negociaciones secretas entre el entorno de Raúl y el Departamento de Estado, que exigió la cabeza de Díaz-Canel para avanzar en los acuerdos.
Pese al montaje gubernamental, varios detalles no pasaron desapercibidos, entre ellos el aislamiento de Díaz-Canel, que parecía una isla dentro de otra isla, alejado emocionalmente del círculo íntimo de la familia Castro, la que verdaderamente gobierna la isla.
«Fue un show grotesco y mentiroso. No solo están divorciados de la realidad, han tomado deliberadamente la decisión de divorciarse de ella», precisó para EL MUNDO Manuel Cuesta Morúa, presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC).
La última encuesta realizada en la isla por medios independientes, que será hecha pública la semana que viene, confirma el deslinde total de los cubanos con la revolución, con un 90% en contra.
«La situación se pone mucho más tensa. Lo más fuerte son las sanciones que recibe el Gobierno cubano, que cierran mucho más la posibilidad del Gobierno de prevalecer en una situación difícil en la que él mismo se ha colocado. El régimen debe hacer lo que es correcto para el pueblo cubano para evitar mayor sufrimiento, es el principal obstáculo para las reformas profundas que el país necesita para salir adelante. Y esas reformas profundas son básicamente una demanda del pueblo durante años. Es una necesidad histórica», subrayó Cuesta Morúa.
El endurecimiento de las sanciones contra La Habana, en forma de orden ejecutiva de Trump, también apareció como si se tratara de un déjà-vu venezolano. Se está a la espera de conocer los dirigentes y entidades sancionadas por apoyar la represión, la violación de derechos humanos y los actos de corrupción.
«Es significativo el énfasis que el decreto pone en las relaciones de Cuba con Irán, Hamas y Hizbulá y el recordatorio al final de las acciones ya realizadas en Venezuela e Irán. Sin echarlos a un lado, se desplaza de los temas de democracia y derechos humanos a los de seguridad nacional. Eso es rupturista con las políticas de todos los presidentes anteriores desde Kennedy, que habían enmarcado sus acciones en la doctrina de contención (y convivencia con regímenes enemigos), no en la de rollback (reversión del statu quo interno) limitando sus acciones a apoyos simbólicos a los derechos humanos y los disidentes. Estamos en aguas no navegadas anteriormente y no estoy seguro de que en La Habana lo hayan entendido», desveló para este periódico Juan Antonio Blanco, presidente del Laboratorio de Ideas Cuba Siglo XXI.
Términos similares a los que acompañaron a la operación Lanza del Sur contra el chavismo y el Cártel de los Soles, que incluyó el despliegue de una fuerza imponente, que no se veía en el Caribe desde la Segunda Guerra Mundial.
Expertos consultados por EL MUNDO barruntan que un cese de hostilidades en Irán permitiría a Washington la flexibilidad estratégica suficiente para regresar al Caribe y buscar una «victoria corta, clara e histórica» antes de las elecciones que en noviembre renovarán la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.
Cinco claves consolidarían la estrategia de Marco Rubio, el trascendental secretario de Estado cubanoamericano: el antecedente venezolano, el atasco en Irán, la cercanía de la isla, los votos latinos y la mayoría aplastante de cubanos que quieren un cambio ya y al precio que sea, como adelanta la misma encuesta de los medios independientes.
