«Se ha producido sin explicaciones suficientes la salida o apartamiento de mandos históricos». «Pensar, discrepar o evaluar se ha convertido en un problema». «El partido ha protagonizado cambios relevantes de orientación política que no han sido explicados». Son algunas de las críticas hacia la actual dirección de Vox que recoge el manifiesto que, en la media noche del miércoles, lanzó un grupo de ex dirigentes para pedir la celebración de un congreso extraordinario del partido. Ninguno de esos reproches es nuevo, pues quienes firman el documento ya vienen deslizándolos públicamente en los últimos meses, incluso años. Sin embargo, es la primera vez que ex dirigentes de Vox que un día estuvieron en la primera línea del partido se organizan así para defender su postura ante la cúpula. Un golpe de efecto que no mueve, por ahora, al partido de su negativa a organizar ese cónclave.
«El congreso extraordinario no tiene ningún sentido en un partido que está creciendo», zanjó la portavoz parlamentaria de Vox, Pepa Millán, y el secretario general en el Congreso, José María Figaredo, defendió el funcionamiento interno del partido señalando que los actuales estatutos «se aprobaron con el voto de todos los díscolos». Entre quienes hoy piden por escrito repensar el rumbo de Vox están, por ejemplo, su ex secretario general, Javier Ortega Smith, el que fuera portavoz parlamentario Iván Espinosa de los Monteros y la ex líder en Madrid Rocío Monasterio. Los tres, impulsores del partido casi desde su nacimiento, y que han ido saliendo de él desde 2023.
Los actuales dirigentes de Vox saltaron ayer en tromba en respuesta a los críticos. Y, entre los reproches que les hacían, algunos de ellos vincularon su movimiento -el manifiesto llamando a un congreso- con una «estrategia» del PP. «Yo veo evidente que hay una estrategia de Génova, que están intentando malmeter y socavar e intentar atacar la moral de los simpatizantes de Vox», dijo Figaredo en los pasillos del Congreso, y antes se había dirigido directamente a Espinosa en redes en la misma línea: «Veo evidente que estás ejecutando la estrategia del PP y tratas de socavar y boicotear al único partido que se opone al bipartidismo». También se pronunció el portavoz adjunto en el Congreso, Carlos Hernández Quero: «El PP quiere (en verdad necesita) un Vox dócil, sin mordiente, sumiso a los poderes de siempre, sin capacidad para impugnar nada», escribió en redes, deslizando presuntas «reuniones» de Espinosa con el PP.
Con estos argumentos, y asegurando que el liderazgo de Abascal no está en duda, en Vox intentaron ayer contrarrestar el incendio que habían abierto quienes un día fueron sus compañeros de filas. Creen en el partido que se trata de voces que ya venían expresando sus diferencias con la dirección actual, y por ello no aprecian que se esté descontrolando el movimiento crítico. En todo caso, en la formación advierten de que el proceso organizado para presionar por la celebración de un congreso -una recogida de firmas- no garantiza que quienes secundan la propuesta sean afiliados de Vox -no se aporta ningún comprobante-, y por tanto no sería válido, pues es necesario que el 20% de la militancia pida una Asamblea Extraordinaria para que esta se celebre.
Con Ortega Smith, Espinosa y Monasterio firman el manifiesto el ex vicepresidente de Vox Víctor González Coello de Portugal y dos ex vicesecretarios del partido, además de varios diputados nacionales en la pasada legislatura, con lo que es un grupo constituido por dirigentes que un día tuvieron cierto peso en la formación. Hace un año, un grupo de militantes ya impulsaron una iniciativa parecida -se conoció como la Declaración de Barajas-, pero entonces no contaban con ningún referente de la primera línea que les secundase.
Además, esta vez figura como promotor del congreso el afiliado número uno de Vox, Ignacio Ansaldo, afín a Ortega Smith y que hace unos días anunció que había sido expulsado de Vox. Su significación a favor de una asamblea extraordinaria es, pues, simbólica, como también la de Inés Cañizares, vicealcaldesa de Toledo, uno de los cargos públicos de mayor nivel que el partido tiene en este momento -tras su salida de los gobiernos autonómicos-.
No secunda el manifiesto, sin embargo, el ex líder de Vox en Castilla y León, Juan García-Gallardo, pese a que es una de las voces que en las últimas horas se ha mostrado más crítica con la cúpula de Abascal. «Tenemos algunas coincidencias, también algunas diferencias», dijo ayer Gallardo sobre Espinosa en Antena 3, alegando este como el motivo por el que no firmó el manifiesto. Aun así, el ex líder en Castilla y León sostuvo que sería «muy positivo y constructivo para el partido» que se celebre un congreso.
