El Servicio Secreto estadounidense ha detenido este sábado por la noche a un hombre armado en el lobby del hotel Washington Hilton, donde se celebraba la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, uno de los espectáculos mediáticos del año en la capital, con la presencia del presidente Donald Trump, la primera dama y la plana mayor del Gobierno. Es el mismo hotel en el que Ronald Reagan sufrió un atentado que casi le cuesta la vida en 1981.
«Una noche memorable en Washington D.C. El Servicio Secreto y las fuerzas del orden hicieron un trabajo fantástico. Actuaron con rapidez y valentía. El tirador ha sido detenido, y he recomendado que ‘el espectáculo continúe’, pero nos guiaremos completamente por las autoridades. Tomarán una decisión en breve. Independientemente de esa decisión, la noche será muy diferente a lo planeado, y simplemente tendremos que repetirla», ha escrito Trump en sus redes sociales, deseando volver para que la cena pudiera retomarse.
Poco después de las 20.30, decenas de agentes han irrumpido en la sala principal, donde miles de personas estaban invitadas a una cena/gala con enorme tradición, en la que los periodistas y los políticos se juntan, habitualmente, en un ambiente distendido, con discursos llenos de chistes, pullas y bromas. En cuestión de segundos, Trump, su mujer y su equipo han sido escoltados, mientras todo el público se tiraba al suelo sin saber qué había ocurrido.
Las imágenes muestran una enorme confusión, con mucho ruido y distracciones. Mientras una parte de la sala mostraba ya señales de pánico, al escuchar los disparos, en la mesa en la que estaban el presidente y la primera dama parecen ajenos a todo. Igual que los escoltas. Instantes después, que parecen un mundo en el vídeo, varios agentes corren a ponerse delante del presidente y lo sacan rápidamente. Poco después, hicieron lo mismo con el presidente de la Cámara de Representantes, senadores, congresistas, los secretarios del Tesoro o de Estado, otros miembros del gabinete y de la Casa Blanca. También Erika Kirk, la viuda de Charlie Kirk, asesinado el pasado septiembre.
Wolf Blitzer, un periodista de la CNN, que estaba en la fiesta, ha explicado en la cadena minutos después cómo vio a un hombre, a pocos metros de dónde él mismo estaba, y cómo abría fuego de forma descontrolada muy de cerca de la puerta de entrada al salón de baile.
La Policía ha derribado rápidamente al hombre, sin que nadie entienda cómo logró introducir un arma a uno de los recintos con mayores medidas de seguridad de la ciudad. Varios de los presentes han confirmado que se escucharon sonidos, pero la mayoría de los presentes no escuchó nada. A la confusión del momento se añadía la pésima cobertura en el Hotel y la presencia de cientos de policías, que se han duplicado en los momentos posteriores.
La de hoy es, al menos, la tercera vez en la que el presidente ha estado muy cerca de un tirador. La primera fue antes de las elecciones de 2024, en un pueblo de Pensilvania, en el que Trump resultó levemente herido por un disparo que le pudo costar la vida. Meses después, un hombre fue detenido con un rifle mientras estaba apostado en un campo de Golf de Trump en Florida. Ya ha sido condenado por intento de asesinato. La de hoy, a falta de los detalles, es una más en un momento en el que la polarización y la violencia política están de nuevo en máximos en EEUU.
