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A sus 82 años, Keith Richards aún no ha dicho su última palabra: "Si se trata de energía, la tenemos"

A sus 82 años, Keith Richards aún no ha dicho su última palabra: "Si se trata de energía, la tenemos"

Keith Richards no suele revisitar discos antiguos de los Rolling Stones, a menos que se quede en blanco al intentar recordar uno de sus muchos riffs emblemáticos. «Me digo: '¿Cómo demonios iba esa canción? Más me vale repasar'». Escapar de la nobleza del rock no es tarea fácil. Richards tiene cuatro hijos adultos y, como él mismo reconoce, «ponen mis canciones». «A veces las oigo en la radio, aparecen de la nada».

En esos momentos, el guitarrista se queda boquiabierto, como el resto de nosotros. «Me impacta», dice con una sonrisa pícara. «Tío, qué buena es».

Recostado en un sillón de un hotel del Midtown de Manhattan con vistas al Rockefeller Center envuelto en niebla, Richards sigue irradiando una energía pícara y electrizante a sus 82 años. Juega nerviosamente con unas gafas y señala con su nudoso dedo índice para subrayar un punto, mueve la pierna sin parar y, en un momento dado, simula tocar la guitarra.

Arrugado y con el rostro marcado por las arrugas, con un aro del tamaño de una moneda de veinticinco centavos colgando de su oreja izquierda, recurre a gestos -encogimientos de hombros, muecas, carcajadas- para dar cuerpo a unas respuestas que tienden a ser lacónicas. Está hablando del último álbum de los Rolling Stones, Foreign Tongues, que salió a la venta el 10 de julio y que ha reunido a la banda en Nueva York. Mick Jagger está cerca, paseando por el pasillo del hotel.

En 2023 los Rolling Stones lanzaron su primer álbum de canciones originales en 18 años, Hackney Diamonds. Ahora el grupo saca un segundo álbum menos de tres años después, un ritmo de producción sin precedentes desde la década de los 80. «Sus fans reaccionaron muy bien a la nueva música y eso les dio un poco de impulso», afirma Andrew Watt, que produjo tanto el álbum anterior como Foreign Tongues.

Richards ofrece una explicación alternativa para este estallido de actividad en el estudio: «Andrew es una pequeña bola de fuego, lleno de energía; no le importa dar caña, y tampoco le importa a quién se la dé».

Con las líneas de guitarra retorcidas y abrasadoras de Richards y la voz arrastrada y declamatoria de Jagger, no hay duda de qué banda hay detrás de Foreign Tongues. El álbum fue precedido en mayo por Rough and Twisted, un tema de blues errante con riffs como alambre de espinas, e In the Stars, una canción que suaviza el rock de estadio con unos coros pulidos.

Logan Peterson, un fan de 25 años, afirma que estas dos canciones «destacan con creces sobre lo que sacaron en Hackney Diamonds».

«Daba la sensación de que se habían calentado tras el proyecto anterior», añade. «Casi parecía algo al estilo de los Stones de la vieja escuela».

«Tras años de duro trabajo en el anonimato, ha llegado su momento», bromeó Conan O'Brien al presentar al grupo para que ofreciera un adelanto de algunas canciones nuevas ante sus fans en Brooklyn el pasado mes de mayo.

Cuando O'Brien le lanzó preguntas a Richards, muchas de las respuestas del guitarrista resultaban ininteligibles; parecía que no le interesaba mantener el micrófono cerca de la boca. «Todavía estoy intentando volver a cogerle el tranquillo», dice Richards, al recordar la actuación del día siguiente. «No puedo decir que no haya tenido mucho entrenamiento».

Cuando los Rolling Stones llegaron por primera vez a Estados Unidos desde Inglaterra, «era otro mundo», recuerda Richards con asombro en su voz curtida. «Triunfamos en EEUU. Eso era con lo que soñabas».

El guiso musical primigenio del grupo procedía de ingredientes totalmente estadounidenses: blues desgarrado, rock trepidante, country embriagador y soul ronco. A veces Richards, un astuto fanático de la guitarra que ideaba riffs contundentes, pasaba días sin salir del estudio. Unas dos docenas de ellos siguen teniendo un impacto visceral e inmediato en una amplia franja de la población, y la banda lanzó una serie de álbumes impresionantes entre Beggars Banquet, de 1968, y Tattoo You, de 1981.

La mayoría de los artistas «ni siquiera se acercan a alcanzar la grandeza de la forma en que los Stones lo hicieron en su momento», afirma Peterson. «Y ellos lo hicieron cuatro o cinco veces».

En Brooklyn, O'Brien se maravilló de que Jagger siga sonando casi igual que en 1968. «Yo tomaba muchas más drogas en 1968», respondió el cantante, sin revelar ningún secreto para la longevidad vocal más allá de la práctica.

«Nunca te creas lo que dice Mick», se ríe Richards al día siguiente.

Dicho esto, «el hecho es que sí, suena igual», comenta el guitarrista. «Si no fuera así, lo despediría», añade riendo.

«Pobrecillo, está lleno de energía», continúa, describiendo así a Jagger dos veces en 30 minutos, «y toca la armónica de blues de maravilla en este disco».

A lo largo de los años, la relación entre Richards y Jagger ha tenido sus altibajos. Un momento de gran complicidad podría ser la grabación de Wild Horses, que apareció en el álbum Sticky Fingers, una joya un tanto sórdida de 1971: «Los dos se plantaron juntos ante el micrófono con una botella de bourbon, pasándosela de uno a otro, y cantaron la voz principal y los coros en un solo micrófono», recordaba el pianista Jim Dickinson en la autobiografía de Richards, Vida.

En el otro extremo del espectro, durante la grabación del álbum de 1983 Undercover, en medio de «discusiones y pullas» y sin poder tolerarse apenas, Jagger se encargaba del turno de tarde y Richards trabajaba en plena noche para que no tener que cruzarse. El capítulo de Vida dedicado a este periodo comienza con la frase: «Era principios de los 80 cuando Mick empezó a volverse insoportable».

Cierta fricción es productiva -«Uno va a la izquierda y el otro a la derecha, y así es como se consiguen las canciones que te encantan», explica Watt-, pero en exceso se convierte en un problema si el objetivo es terminar un álbum.

Durante la producción de Foreign Tongues, actuó tanto de mediador como de traductor. «Mi trabajo consistía en coger algo que Mick pensaba que quizá no le gustaría a Keith y se lo llevaba a Keith si a mí me gustaba. Y entonces, a veces, a él sí le gustaba y decía: 'Creo que podría quedar aún mejor si hicieras esto'».

No todo fue un camino de rosas. «A menudo no adivinan de forma adecuada o correcta cómo se va a sentir el otro ante lo que le están presentando», dice Watt. «A veces te cortan la jodida cabeza. Pero luego te la vuelves a poner, te levantas y vas a por otra ronda».

Hoy en día, Richards elogia a Watt por haberle «cogido el truco a trabajar entre Mick y yo».

Hay muchas facciones entre los seguidores de los Rolling Stones, cada una con su propia idea sobre cuándo la banda estuvo en su apogeo... y cuándo empezó a decaer. «'No me gusta la producción del nuevo disco de los Stones' es algo que la gente lleva diciendo desde hace 50 años», afirma Christian Bonner, copresentador de Under the Radar: A Rolling Stones Podcast.

Pero, aunque los fans lanzan opiniones acaloradas, siguen acudiendo en masa a los conciertos del grupo. Los Rolling Stones siguen siendo un valor seguro capaz de llenar estadios, con más giras que han recaudado más de 100 millones de dólares que nadie en la Historia.

En este momento, los conciertos del grupo provocan «una punzada de asombro al ver que son capaces de hacer esto a su edad», explica Justin Sosa, que ha asistido a 25 conciertos y presenta su propio pódcast sobre los Rolling Stones llamado Hang Fire. «Sales impresionado, orgulloso, satisfecho. Aunque esas sensiblerías sean probablemente lo último que Mick quiera oír, no puedes evitar pensar: 'Joder, mira a estos tíos, siguen en activo'».

En 2024, Bonner y su copresentador, Tim Lindsay, condujeron desde Toronto hasta Nueva Jersey para ver actuar a su grupo favorito tras el lanzamiento de Hackney Diamonds. «Ambos conciertos fueron realmente geniales», recuerda Lindsay. «Estábamos bastante cerca del escenario y sonaba increíble. Estamos dispuestos a verlos en cualquier momento y en cualquier lugar».

Sin embargo, la banda no ha anunciado ningún concierto para 2026, lo que ha desatado especulaciones inquietantes en internet: quizá esto sea el final y el grupo no vuelva a salir de gira. En los últimos años, Richards ha sufrido artritis en las manos.

Quizá porque en su día se perforó un pulmón al caerse de una escalera en la biblioteca de su casa y más tarde se fracturó el cráneo al caer de un árbol en Fiyi, se toma la artritis a la ligera, como si fuera un mosquito molesto. «No duele; es benigna», afirma Richards. «Es solo que necesitaba más espacio. Así que fabriqué unas cuantas guitarras con el cabezal más ancho» para dar a los dedos más espacio para tocar.

Descartó salir de gira este año. «Pero no veo ninguna razón por la que no vayamos a salir el año que viene», dice Richards. «Aunque, claro, podría estar equivocado». Ha planteado la idea de intentar una residencia en lugar de una gira por varias ciudades.

«Si solo es cuestión de energía, sí, la tenemos», añade. «Se trata de retener y luego volver a abrir el grifo. Aprender a reservarse un poco y jugar con la energía, en lugar de lanzarse a por todas sin más».


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