"Si Andrés Feliz fuera un tirador eficaz...". La sentencia, palabra de algún entrenador que bien conoce al dominicano, es casi un deseo popular. Su dimensión, tremenda en todos los lados de la cancha, desde la defensa al mando, desde las penetraciones al rigor táctico, siempre a más en su carrera, sería total con la puntería regular. Con noches como la de este jueves en el Palacio, un francotirador. Ocho triples para descerrajar al ASVEL Villeurbanne, para resolver todas las dudas de este Real Madrid de Pedro Martínez que se abre paso entre la maleza del comienzo de temporada. [111-92: Narración y estadísticas]
Fue el primer partido de los blancos, sin prórroga, por encima de los 100 puntos en Europa. Fue una noche de vaivenes ante un rival inferior y mermado, pero que no se dio por vencido casi hasta la recta de meta. Si alguien sostuvo las ventajas, fue Feliz, imparable de principio a fin. 26 puntos (su tope en Euroliga), cuatro rebotes y cinco asistencias. Y la sensación de líder, de que este es cada vez más su Madrid, el de un jugador que acudió sin hacer ruido ni reclamar foco.
Bien le acompañó Maledon, frenético ante su ex equipo: 16 puntos, cinco rebotes y nueve asistencias. Fue, en general, un duelo destinado a la abundancia, con dos equipos con clara tendencia ofensiva. El Madrid, por fin, acribilló a triples a su rival (19) y dominó en todo lo estadístico. Más incluso que en las sensaciones.
Para empezar, Tony Parker, que este verano decidió bajar al banquillo del club del que es propietario, se dejó en el hotel de Madrid a sus tres mejores jugadores. Descanso o castigo, no hubo más explicación, ni el demonio Patty Mills (su última vez en el Palacio, el Tenerife expulsó a los blancos en cuartos de la ACB), ni el reputado NBA Joe Crowder ni Tremont Waters. Demasiada ausencia para uno de los equipos llamados a no disputar los playoffs, pese a la bravura de su propuesta. El Real Madrid cogió el guante, la cosa iba a ir de intercambiar golpes.
Por mucho que el veteranísimo Edwin Jackson (sí, el que pasó por Estudiantes y Barça) se empeñara en contestar, el toma y daca ofensivo iba a acabar beneficiando al mayor talento del Real Madrid. La primera embestida, con un Procida reivindicativo, la pudo soportar el equipo galo (del 16-6 al 25-25). Justo ahí se lesionó el tobillo Luwawu-Cabarrot, aunque volvería después.
Fue en el segundo cuarto cuando de nuevo el Madrid hizo tambalearse a su oponente, que se refugiaba como podía en defensa zonales. Llovían triples, se regalaban asistencias, el rebote ofensivo era un abuso. Andrés Feliz fue el paradigma de la fiesta: cerró su potentísima primera mitad sobre la bocina, con su cuarto triples sin fallo (14 puntos). Y el Madrid, en 61 y todo encarrilado.
Más, así lo parecía, con el primer triple de un Luwawu, quien, sin embargo, pronto se mostró desesperado y errático. Y propició, su egoísmo, que el ASVEL volviera, por enésima vez, a levantarse. Del 64-48 al 71-71. Porque los blancos entraron de repente en un tramo horrible, repleto de imprecisiones. Uno de esos bajones que no le dejan de acompañar en ese inicio de temporada, un parón en seco.
Tuvo que pulsar F5 Pedro Martínez, de nuevo con ventaja tras un palmeo de Pradilla sobre la bocina del tercer cuarto y un buen meneo de Maledon. El ASVEL cayó de maduro y el final del duelo fue una tortura para ellos. Tres victorias seguidas blancas para solventar las tres derrotas iniciales.