Cierra 'Litoral', la revista que fue germen de la Generación del 27
Exactamente con el siglo, la revista Litoral echa el cierre. Quién sabe si será definitivo, pero el último número está previsto para el próximo mes de noviembre y con un título exactamente último: Antología final. En él se reencontrarán 300 poetas y otros tantos artistas para cumplir con el último encargo de una revista principal en la articulación de la cultura en España. Una revista de poesía. Una revista como una gran plaza donde encontrarse con poetas de la Generación del 27, de la Generación del 36, de la Generación del 50, los novísimos y los que llegaron después. Cien años de historia resumidos en un volumen con el que Lorenzo Saval se despide sin nostalgia, sin tristeza, sin ese eco funeral de las despedidas: "Litoral es una parte de la historia de este país", dice. "Una revista donde todo el mundo tuvo su sitio a favor de la poesía, del arte y del diálogo". Lleva medio siglo al frente. Y en los últimos 22 años, junto al ensayista y agitador cultural Antonio Lafarque, ha mantenido algo más que un espíritu, una manera de estar en la cultura y de dar razón de la poesía en todas sus posibilidades.
Litoral nació con el bullicio de dos minervas portátiles. En Málaga, el 11 de noviembre de 1926. Dos poetas amigos le dieron forma y vida: Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Eran los años del charlestón, nacía Marilyn Monroe y moría Rodolfo Valentino. "¡Qué bellísimo nombre para una revista», decía entonces Rafael Alberti. "Debo recordar que yo he tenido algo que ver con él. En mi viejo soneto A un capitán de navío... por ti los litorales de frentes serpentinas..., y en muchos otros poemas de Marinero en tierra y libros posteriores empleé esta palabra con tanto éxito que cuando en aquellos años iniciales de mi generación lanzaron la revista, la palabra que ya ondeaba desde hacía tiempo repetida en el aire fue elegida y estampada por ellos, en lo alto de su cubierta, en bellos caracteres negros sobre un profundo azul Mediterráneo".
En el principio, como germen de aquel milagro poético, flota un documento que está considerado la carta fundacional de Litoral. Es la misiva en la que Emilio Prados le encarga al pintor granadino Manuel Ángeles Ortiz la portada para la primera entrega de la publicación: "La revista promete ser una cosa prodigiosa", escribe Prados. "Hazte cuenta de que para el primer número tenemos ya poesías espléndidas de Juan Ramón, Federico [García Lorca], Rafael Alberti (poeta nuevo, cumbre) y otros, todos de primera fila, y solamente nos falta para la composición del número un dibujo para la portada que tú mejor que nadie puedes hacer por sentir con tanta intensidad como nosotros el mar este al que más que a ninguno dedicamos la revista".
Tras esta consigna, Litoral vio la luz con un pez curvo saliendo del agua estampado en su cubierta. En el número dos, tomó el testigo una sirena de Benjamín Palencia. A su tercera cita con los lectores se sumó el popular marinerito de García Lorca. El Mediterráneo era un leitmotiv inevitable. Desde el pequeño taller de la imprenta Sur en el que fueron compuestas sus páginas se oían las sirenas de las embarcaciones que llegaban al Puerto de Málaga.
Con su ruido guadianesco, el estruendo portuario no distorsionaba un ambiente de trabajo en el que reinaba la música de Falla. Además, de la pared colgaban cuadros de Picasso y en las estanterías hacían equilibrio los libros del entonces monarca de los poetas, Juan Ramón Jiménez... Era la inspiradora atmósfera de la antigua imprenta en la que fueron publicados muchos títulos de los poetas del 27 siguiendo la estela iniciada por Ámbito, el primer poemario de Vicente Aleixandre; La toriada, de Fernando Villalón; Jacinta la pelirroja, de José Moreno Villa; y Perfil del aire, de Luis Cernuda.
"Aquellos años fueron fundamentales", explica Saval, nacido en Santiago de Chile de 1954 y sobrino de Emilio Prados. "Cuando llego a España, a principios de los 70, tuve la suerte de continuar con el espíritu de la revista. Ésta se mantuvo en la Guerra Civil y después en los años del exilio. En México aparecieron cuatro números muy distanciados en el tiempo. Imagínate: tanta gente obligada a marchar de España... El caso es que continuaron el proyecto. Y éste regresó a España.Y aquí mantuvo el vitalismo tantos años después de la mano de José María Amado, ya en 1968, con el auspicio de algunos de los compañeros de viaje fundadores como José Bergamín o Alberti, sin olvidar a Picasso. Sortearon la censura, las escaseces, la incomprensión, pero no dejaron de trabajar por mantener en pie Litoral".
Se sumaron a la aventura, colaborando con sus originales, poetas jóvenes de entonces como José Manuel Caballero Bonald o Ángel González. Mantuvo la lealtad Vicente Aleixandre. Los artistas tampoco los dejaron solos. Nadie quiso que Litoral se consumiera de olvido.
Desde que la revista inició con Amado la travesía que ahora tiene, y después con Lorenzo Saval, Litoral ha prestado cada vez más atención a los poetas de su tiempo, a otras disciplinas de la cultura y a variopintos aspectos de la vida. El camino está plagado de hallazgos y de sonoras ocurrencias. Por ejemplo, en 1987 le rinde tributo al surrealismo con un sobre dentro de cada ejemplar que llevaba una cuchilla de afeitar, como guiño a la famosa escena de Luis Buñuel en Un perro andaluz, también un telegrama imaginario de André Breton. Y en 1989, cuando publicó el número sobre la Poesía del rockinlcuyeron la reproducción de dos acuarelas enviadas por Leonard Cohen.
Otra de sus ediciones especiales, bautizada como El juego de hacer versos (1986), le brindó el penúltimo homenaje en vida a Jaime Gil de Biedma. El humor, el juego y el asombro han sido también sus proteínas.
Pero a unos meses de que empiecen las celebraciones para conmemorar a la generación que dio cuerpo a Litoral (más de 300 números), ésta echa el cierre. "Con alegría por lo vivido, eso sí", insiste el pintor y escultor Lorenzo Saval. Cien años de poesía. Cien años enteros. "No es un problema económico, sino de ciclo cumplido". Pero cierra Litoral.