Cultura

Comedia del atentado

Comedia del atentado

He visto los primeros minutos de Cronos, la nueva película de Fernando González Molina. En ellos vemos el atentado de 2017 en las Ramblas de Barcelona, aquel monstruoso atropello masivo que nos conmocionó a todos. González Molina lo muestra sin morbo pero con crudeza, consciente de que algo tan grave y tan cercano (y, valga la redundancia, tan real) no admite evasivas. No se pueden hacer florituras ni metáforas con una carnicería espantosa. Sobre ella Cronos construirá una ficción con personajes, valga la redundancia, ficcionados. Pero el "basado en hechos reales" en letras blancas sobre fondo negro quizá esté sobre la mesa de los productores de la película. Porque es verdad. Y porque vende.

"Basado en hechos reales" son cuatro palabras que pueden funcionar de muchas maneras distintas. Tras ellas puede parapetarse la vagancia de un guionista, que amparado en el "esto pasó", lo cuente de cualquier manera. También sirven como punto de partida de relatos rocambolescos e inverosímiles que, vaya por dónde, ocurrieron en realidad. De historias inverosímiles basadas en hechos reales están llenas tanto la historia del cine como la de la televisión. Los acontecimientos verídicos pueden ser también el excepcional marco de narraciones y personajes completamente inventados. Así vivían los Alcántara de Cuéntame cómo pasó o Forrest Gump, convertidos a veces casi en mocitos felices de estampas de la Historia.

Y luego está lo innombrable. Lo sagrado. Esos hechos reales en los que no nos atrevemos a basarnos. Hasta que alguien lo hace y desbloquea el logro de, por fin, hablar de lo prohibido, nombrar lo innombrable, cuestionar lo sagrado. El Patronato de Protección a la Mujer, el Valle de los Caídos, la desintegración del felipismo, la Gürtel, la lapidación de Dolores Vázquez, el desprecio a Chenoa, la fascinación con Lady Di, la obsesión con Isabel Pantoja... Cosas que hasta que la ficción, la buena ficción, no aborda, casi tienen rango de tabú.

Como en la célebre Zeige Deine Wunde de Joseph Beuys, las heridas deben mostrarse. Literalmente traducible como "muestra tu herida", la obra de Beuys nos insta a recontar el pasado. En sus dos acepciones: contarlo de nuevo y contarlo de otra manera. Esa es una de las funciones del arte. Y puede haber arte hasta en un telefilm basado en hechos reales. En Fe de etarras, Borja Cobeaga y Diego San José redujeron ETA a lo que era: el absurdo. En Treme, David Simon nos enseñó que una ciudad (Nueva Orleans) es más que sus edificios. Yo, Tonya explica mejor que nadie la máxima de Henar Álvarez: "perdió las formas, pero no la razón". Pero tampoco hay que olvidar aquel "too soon!" (¡demasiado pronto!) con el que se recibieron algunos chistes sobre el 11-S cuando los atentados de Nueva York todavía estaban frescos en la memoria. Es demasiado pronto para contar los de las Ramblas desde la metáfora o, por qué no, desde la comedia. Pero ese momento llegará. Y será sanísimo.

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