El vértigo tiene siempre dos caras, porque quien lo provoca está también en riesgo de perder el equilibrio. España no lo pretendió en el Mundial, donde se imponía la máxima de control-control-control, del mismo modo que el fallecido Julio Anguita repetía lo de «programa-programa-programa». En ningún momento, ni ante la desbordante Francia, tuvo la sensación de abrirse en canal como le sucedió en Wembley, en la acción del gol de Gordon. También la tuvo Inglaterra en cada zigzag de Lamine o llegada de Ferran Torres, convertido inicialmente el duelo en un intercambio de golpes colosal. Cuando eso ocurre con las dos mejores selecciones de la actualidad, salvo por el ataque de pánico de Tuchel ante Argentina, la victoria y la derrota son como la cara y la cruz. En Estados Unidos, en cambio, España no le prestó la moneda a nadie.
El regreso en plenitud de Nico Williams llevó a De la Fuente en Wembley a la fórmula original que permitió a España asombrar en la Eurocopa, con dos extremos como cuchillos. En el Mundial, en cambio, el bajo estado de forma del jugador del Athletic, unido al de Lamine, que llegaba de una lesión, hizo que el seleccionador se refugiara en la vieja de posesión del pasado, con Baena, un centrocampista más. La fórmula anuló a los rivales, narcotizados por el aplastante control del balón, y trajo a España el segundo Mundial por el mismo camino que el primero.
A esa senda volvió De la Fuente en este estreno de la Liga de Naciones, después de perder el control ante Inglaterra, al llamar a Baena y Oyarzabal. Dos goles y una asistencia entre ambos, y la campeona, en su sitio, victoriosa en una catedral.
En el nuevo ciclo que se inicia, renovado De la Fuente de aquí a la eternidad, porque eso son seis años en el fútbol, se enfrentará en más de una ocasión a ese dilema. Entre más control y más gol, es fácil elegir más gol. La cuestión es que también significa más gol en contra. Con la pelota y el control, la diferencia de nivel de España con cualquiera es un abismo. En el intercambio de golpes, depende del día. Elegir el cuándo y el cómo es la clave.