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De entrenadores e himnos

De entrenadores e himnos

Con esta semifinal añadida a su currículo, Luis de la Fuente se ha colocado definitivamente en segundo lugar, tras Vicente del Bosque, en el escalafón de seleccionadores españoles. Dos apellidos compuestos y bucólicos. Una coincidencia. Una referencia. Una transferencia. ¿Una premonición? Nos recuerdan al dúo frutal en el Atleti, con Cerezo de presidente y Manzano de técnico.

Del Bosque y De la Fuente son unas personas normales en virtud de su carácter, devenidas especiales en razón de su cargo y éxitos. Y al igual que todos sus colegas, seres únicos que gestionan en soledad y a la intemperie un colectivo numeroso de personalidades jóvenes y fogosas.

Los seleccionadores-entrenadores nacionales pertenecen a una categoría peculiar de técnicos. Se responsabilizan ante el censo, no ante los socios. Sobre sus hombros recae una empresa de país, no de club. Rinden cuentas a una bandera más que a una camiseta. Reportan a la ciudadanía por encima de la hinchada. En calidad de responsables del "equipo de todos", pertenecen a la comunidad y se exponen al juicio público.

Contradictoriamente, muchos son extranjeros, como el de Bélgica, un francés llamado Rudi García, de abuelos almerienses. Se erigen en representantes, en embajadores de un país que no es el suyo. Salvo alguna excepción que expresa así su compromiso con el pagador, no cantan, serios o fieros, mirando al cielo, las estrofas de un himno ajeno, emblema sonoro de una sociedad temporalmente adoptiva.

Tampoco cantan el himno propio los aficionados y los futbolistas de esta España nuestra, de esta España suya, la sola nación del Mundial con una partitura sin letra. Música huérfana. Notas desnudas. Compases huecos, expresión desoladora de un patriotismo sin lírica ni épica. Los aficionados se desgañitan rellenando el vacío con onomatopeyas indignas de la solemnidad de la pieza. Los jugadores se desahogan con un grito explosivo: "¡gooool!".

"La Marcha Real", muda, se comió a "La Brabanzona", blanda. Ahora aguarda, vibrante, "La Marsellesa". España ha ido dando hasta el momento pruebas de vida. Ahora viene una de fuego.

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