La rivalidad futbolística entre España y Francia, forjada durante algo más de un siglo, tuvo unos orígenes muy humildes, alejados de la desmesurada expectación que desata una semifinal de la Copa del Mundo. El 30 de abril de 1922, dos goles de Paulino Alcántara, alias Romperredes, decantaron el primer amistoso (0-4) en el Stade Sainte-Germaine de Burdeos, considerado uno de los templos del rugby bleu. La relativa cercanía de la ciudad del río Garona hizo algo más amable el traslado en tren de Ricardo Zamora, José Samitier o Alcántara, figuras de aquella selección, aunque habituados a las penurias del frío en los vagones y los alojamientos de mala muerte, donde a menudo debían compartir cama. Aquella goleada, cerrada antes del descanso con un doblete de Manuel López, Travieso, delantero del Athletic, fue sólo el octavo partido en la historia de La Roja, pero en las gradas de Le Bouscat ya se contaban casi 5.000 españoles. Fueron ellos quienes también ayudaron a construir y consolidar la leyenda de la Furia. Hoy, tanto tiempo después, el balance de la rivalidad se salda con 18 victorias españolas, siete empates y 13 derrotas, algunas extremadamente dolorosas.
EL ERROR DE ARCONADA
El 27 de junio de 1984 se jugó en el Parque de los Príncipes el primer partido oficial, después de 19 amistosos, entre Francia y España. Era miércoles y era la final de la Eurocopa. En las horas previas, la prensa local seguía preguntado a Luis Miguel Arconada por la razón de sus medias blancas, sin rastro de motivos rojigualdas. El seleccionador Miguel Muñoz andaba rumiando su disgusto en el Trianon Palace, junto a los parterres y estanques de Versalles, por la designación de Vojtech Christov y las bajas de Antonio Maceda, Andoni Goikoetxea y Rafa Gordillo.
Las lesiones y el árbitro checoslovaco, sin embargo, no amilanaron a España, que dominó gracias a la clarividenia de Ricardo Gallego en la posición de líbero y la disciplina de sus marcajes al hombre, con mención especial para José Antonio Camacho sobre Michel Platini. A la media hora, un cabezazo de Carlos Santillana fue sacado bajo palos por Patrick Battiston cuando el balón bien pudo ya haber traspasado la línea. Dos minutos después, el delantero del Real Madrid erró otra clara ocasión tras zafarse de Yvon Le Roux.
Todo parecía controlado hasta que Arconada, el mejor portero del torneo, comete un estrepitoso error en un libre directo, flojo y centrado, de Platini. Fue el último partido de Michel Hidalgo, el seleccionador bleu, que aquel día sólo formó con un futbolista negro en su once: Jean Tigana. La diversidad étnica de aquel vestuario (Luis Fernández, Manuel Amorós, Daniel Bravo y Alain Giresse) se circunscribía principalmente a la emigración española.
ZIDANE, A LOS 34 AÑOS
«Me retiraré cuando yo quiera, no cuando lo diga el Marca». Así de explícito se mostró Zinedine Zidane nada más eliminar a España en los octavos del Mundial 2006. Cuatro días después de cumplir 34 años, tras perderse por acumulación de amarillas el decisivo duelo ante Togo en la fase de grupos, Zizou completó una portentosa actuación en Hannover, coronada con el definitivo 3-1 frente a Iker Casillas. Fue el último gol en juego encajado por España en una eliminatoria de la Copa del Mundo hasta el cabezazo de Charles de Keteleare, el pasado viernes en Los Angeles.
Un infausto adiós para La Roja, que llegaba a la cita después de 25 partidos invicta, incluido el pleno de triunfos en la primera ronda. El 4-3-3 de Luis Aragonés, con Xavi Hernández, Cesc Fábregas y Xabi Alonso en la medular, dejó constancia de su talento hasta que Patrick Vieira impuso su majestuoso despliegue físico. Suyo fue el 2-1, con un cabezazo en el segundo palo tras una falta inexistente sobre Thierry Henry, hambriento de revancha por aquel «negro de mierda» que Zapatones había espetado a José Antonio Reyes. Era el partido 700 de la Copa del Mundo, una derrota imprescindible para la eclosión de aquella prodigiosa hornada de jugadores que dominaría el fútbol mundial entre 2008 y 2012.
DE XABI A LAMINE
España pudo sacudirse los traumas en la Eurocopa 2012, gracias a un 2-0 en cuartos decidido por un doblete de Xabi Alonso, que aquella tarde de Donetsk celebraba sus 100 internacionalidades. La superiordad en la zona ancha resultaba casi insultante, con Xavi, Andrés Iniesta y Sergio Busquets frente a Mathieu Debuchy, Yann M'Vila y Yohan Cabaye. En cualquier caso, el triunfo más celebrado llegaría una década después.
El 9 de julio de 2024, Lamine Yamal enarboló el estandarte de una nueva generación y anotó un golazo desde la frontal que ya es historia del fútbol español. A los 16 años y 362 días se convirtió en el futbolista más joven que marcaba en un gran torneo, destrozando los registros del suizo Johan Vonlanthen (18 años y 141 días en la Eurocopa de 2004) y Pelé (17 años y 249 días en el Mundial de 1958). El dominio de la selección de Luis de la Fuente fue tan abrumador que logró convertirse en el único equipo capaz de alzar un título tras dejar por el camino a cuatro campeonas del mundo (Italia, Alemania, Francia e Inglaterra).
Los ecos de aquel 2-1 aún resonaban durante la semifinal de la Nations League de 2025, el enfrentamiento más reciente. Una obra maestra de fútbol vertical, con Nico Williams y Lamine Yamal imparables. España llegó a dominar 5-1 en el minuto 67 antes del definitivo 5-4.