España es uno de los principales destinos turísticos del mundo en parte por su clima. Pero demasiado calor en verano, con las oleadas de temperaturas extremas que sufre la península en los últimos años empieza a ahuyentar a algunos visitantes.
Así lo concluye un estudio elaborado por Caixabank Research, que detalla que cuando los visitantes internacionales experimentan temperaturas “excepcionalmente altas” durante su estancia, su disposición a volver es aproximadamente un 15% inferior con respecto a la de quienes disfrutan de condiciones climáticas próximas a la “normalidad”.
El centro de estudios de Caixabank advierte de que la “pérdida de fidelización” asociada a las olas de calor “podría afectar a largo plazo” a uno de los principales motores de la economía española. El estudio asegura que las altas temperaturas también “están impulsando cambios” en las preferencias vacacionales dentro del mercado turístico del Estado, en busca de zonas de clima más moderado.
Los datos de Caixabank, publicados en el análisis , provienen de los pagos con tarjetas extranjeras en TPV del banco, y se han cruzado con información climática. La propensión de los visitantes a no regresar ya se observaba en el mismo estudio elaborado en 2022 y 2023, y ahora se confirma –y sube ligeramente– en los años 2024 y 2025.
“Cuando la temperatura experimentada por el turista se sitúa en torno a su promedio histórico, la propensión a regresar a España se mantiene estable. En cambio, a medida que la desviación positiva de la temperatura aumenta por encima de los cuatro grados, la probabilidad de retorno se reduce”, sostienen los autores, David César Heymann y Eduard Alcobé. En episodios más extremos, por encima de los 8ºC más de la media histórica, es cuando la probabilidad de no volver sube al 15%.
El centro de estudios pide “adaptar” la oferta turística para “preservar la calidad de la experiencia del visitante”. Entre las medidas recomendadas, apuesta por la “mejora” del confort térmico en alojamientos y espacios públicos, la ampliación de zonas de sombra, la adaptación de horarios y la diversificación de actividades tanto en interiores como en exteriores.
Los autores concluyen que la capacidad de adaptación “será clave” para mantener “el atractivo y la competitividad” de España como destino turístico internacional, en un contexto marcado por el aumento de la frecuencia e intensidad de los episodios de calor extrema.