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Dónde y cómo podría Putin extender su guerra en Europa más allá de Ucrania

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Alemania ha culpado directamente a Rusia de una incursión de drones cargados de explosivos del mes pasado en Leipzig y ha anunciado medidas diplomáticas de represalia contra Moscú. El incidente y la respuesta de Berlín marcan un nuevo capítulo en la tensa relación de Europa con la Federación Rusa, con los líderes de la UE manifestándose con firmeza en apoyo de Berlín.

El intento de ataque del pasado agosto involucró a tres aviones no tripulados que transportaban material explosivo y que fueron avistados en el aeropuerto de la citada ciudad, en el este de Alemania, o en sus inmediaciones. Un UAV, incluso, fue encontrado cerca de un avión Antonov ucraniano utilizado para transportar municiones.

"El liderazgo ruso está tratando a nuestro país con abierta hostilidad", declaró ayer el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul. "Con el intento de atentado en Leipzig, el liderazgo ruso ha optado deliberadamente por dañar aún más nuestra ya tensa relación bilateral", añadió. La Comisión Europea, el Consejo Europeo y la OTAN salieron en tropel ayer para ponerse al lado de Alemania ante esta agresión, calificada directamente de "ataque híbrido". El mensaje es claro: "plena solidaridad" y "unidad" ante acciones que precisamente buscan dividir a los europeos. 

Suma y sigue

Es una agresión seria, que se puede calificar según Berlín de atentado, pero que se suma a un reguero de incidentes previos con los que el régimen ruso presiona a los aliados occidentales. El pasado 11 de agosto, el Congreso de Estados Unidos publicó un informe llamado Russian Hybrid Warfare Activities in Europe: Considerations for Congress (Actividades rusas de guerra híbrida en Europa: consideraciones para el Congreso) en el que se explica que los ataques atribuidos a Rusia han aumentado tanto en número como en agresividad desde 2022, cuando comenzó la invasión de Ucrania. Algunos estudios citados indican que las operaciones híbridas se cuadruplicaron entre 2023 y 2024, y se contabilizaron al menos 151 incidentes entre febrero de 2022 y marzo de 2026.

Entre las acciones atribuidas a Moscú se incluyen sabotajes contra infraestructuras, asesinatos y tentativas de asesinato, ciberataques, interferencias políticas y electorales, campañas de desinformación, violaciones del espacio aéreo, interferencias GPS, daños o amenazas contra infraestructuras submarinas críticas y el uso instrumental de los flujos migratorios. Lo que más le preocupa a los especialistas de Washington es que se pongan en la diana cables submarinos, oleoductos y gasoductos, redes de telecomunicaciones, sistemas de navegación y transporte e infraestructuras energéticas. En tocas esas áreas, dice Washington, se han detectado "actividades rusas de vigilancia y reconocimiento" con fines potenciales de sabotaje.

La guerra híbrida, expone el Congreso norteamericano, busca generar daño mientras dificulta la atribución directa de responsabilidades. Rusia suele negar su implicación y muchas operaciones están diseñadas para mantener una zona gris entre la paz y la guerra que complique la respuesta de los países afectados.

El documento identifica como actores principales en esta contienda diferente, que son el SVR (Servicio de Inteligencia Exterior); el GRU/GU (inteligencia militar) y el FSB (servicio de seguridad interior). Especialmente el GRU es señalado por varios gobiernos europeos como el organismo más vinculado a sabotajes, operaciones clandestinas y actividades agresivas en territorio europeo. Sin embargo, tras la expulsión de cientos de diplomáticos y presuntos espías rusos de Europa, Moscú habría adaptado sus métodos recurriendo a delincuentes comunes, redes criminales, agentes reclutados por internet y personas que a veces desconocen que trabajan para intereses rusos. "Esta estrategia aumenta la negación plausible y dificulta aún más vincular las operaciones directamente con el Kremlin", señala.

Los objetivos son claros: "debilitar el apoyo europeo a Ucrania, crear inseguridad y desconfianza social, probar los límites de respuesta de los aliados, complicar la toma de decisiones colectivas en la OTAN y la UE e ncrementar los costes políticos y económicos para los Gobiernos europeos". La Alianza Atlántica considera que determinadas acciones híbridas podrían llegar a activar el Artículo 5 de defensa colectiva. Paralelamente, la Unión Europea ha incrementado sanciones y medidas para combatir las actividades desestabilizadoras rusas. Está por ver cuán efectivo resulta. 

En la diana

En este contexto, el 25 de agosto pasado, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, voló a Moscú para una visita no anunciada. Según se informó, el motivo del viaje fue advertir a los líderes rusos sobre los peligros de atacar a los aliados de la OTAN. Se han disparado las preocupaciones, generando comparaciones con el viaje idéntico del entonces director de la CIA, Bill Burns, poco antes de que Rusia lanzara su invasión a gran escala de Ucrania. 

En el Atlantic Council, un tanque de pensamiento de la capital norteamericana, han elaborado una lista de posibles riesgos para Europa por parte de las autoridades rusas. La conclusión general hay bastante por lo que preocuparse, empezando por la Alemania que ahora confirma agresiones con drones. 

Alemania: Desde 2022, explica la especialista Phyllis Berry, el país ha experimentado un grave aumento de las acciones híbridas y de sabotaje patrocinadas por Rusia. Entre los incidentes más destacados se encuentran, Leipzig aparte, un ciberataque al sistema de control de tráfico aéreo alemán en 2024 y el descubrimiento de planes y arsenales destinados a asesinar a ejecutivos del sector armamentístico en 2025. El canciller, el conservador, Friedrich Merz definió la situación en 2025 señalando que el país está en un punto intermedio entre la paz y la guerra. Para hacer frente a esta amenaza, Berlín ha adoptado una postura más firme, con el anunciado cierre del consulado ruso en Bonn y de su centro cultural en Berlín, además de buscar nuevas sanciones en la UE y actuar contra la flota clandestina rusa. Se ha propuesto una ley para dar mayor autoridad operativa a los servicios de inteligencia. A nivel internacional, Berlín está liderando iniciativas en la OTAN (junto a Noruega) para proteger las infraestructuras submarinas y ha desplegado fuerzas militares, como una fragata en Dinamarca. A pesar de estas medidas y de los esfuerzos por mejorar la coordinación entre las autoridades, los expertos en política de seguridad alemana señalan que la respuesta del gobierno sigue siendo demasiado lenta y tímida ante la magnitud de la amenaza.

Estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania): En este caso, Rusia pone a prueba constantemente los límites de la OTAN mediante acciones por debajo del umbral de la guerra abierta, como ciberataques, sabotajes y desinformación. A pesar de estar centrada en Ucrania, la frustración por el estancamiento bélico o la percepción de debilidad en la OTAN podrían llevar a Putin a intensificar estas agresiones contra los aliados occidentales, señala la especialista Justina Budginaite-Froehly. Lituania, Letonia y Estonia están reforzando sus defensas, advirtiendo que estas operaciones híbridas pueden ser la preparación para un ataque militar convencional. Instan a la OTAN a reconocer estas acciones como una estrategia rusa coordinada. El objetivo final es la OTAN: Moscú busca socavar la credibilidad y la unidad de la Alianza Atlántica, indica. Por eso, la disuasión es fundamental: para evitar un conflicto mayor, la OTAN debe demostrar una unidad inquebrantable y mantener una fuerte presencia militar en la región, incluyendo el apoyo estratégico de Estados Unidos, para dejar claro que cualquier ataque tendrá una respuesta conjunta y contundente.

Polonia: El país del este tiene claro que la de Rusia es una "amenaza real y demostrada", como la califica Aaron Korewa. Polonia toma en serio el peligro de una expansión de la guerra debido a acciones hostiles rusas que ya han ocurrido en su territorio, incluyendo incursiones de drones, caída de misiles, sabotajes y ataques incendiarios. Ante el riesgo de un ataque convencional desde Kaliningrado o Bielorrusia, está invirtiendo fuertemente en su seguridad. Lidera el gasto en defensa de la OTAN (4,8 % de su PIB) y está adquiriendo armamento avanzado (tanques Abrams, sistemas HIMARS, cazas F-35, etc.). Rearme masivo y el "Escudo Oriental", como lo llama. Está en primera línea de defensa, pero no es "invencible": aunque Polonia posee ahora una "importante capacidad militar" para hacer frente a la fase inicial de un conflicto, sus fuerzas armadas aún están en desarrollo y no han sido probadas en combate, avisa el analista. Para un conflicto prolongado, necesita el respaldo de la Alianza, especialmente en defensa aérea y mediante la presencia de los miles de soldados estadounidenses estacionados en su territorio. Ahora mismo, el objetivo principal de la defensa polaca es asegurar que cualquier ataque ruso contra su país desencadene inmediatamente una guerra directa contra toda la OTAN.

Los estados nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia): Anna Wieslander es la elegida para explicar en el Atlantic lo que pasa con el norte de Europa, donde saben bien ya lo que es Putin. Rusia lleva más de una década empleando tácticas desestabilizadoras contra estos países y por eso han apostado por el retorno a la "defensa total" y el rearme, reactivando estructuras de defensa civil y militar propias de la Guerra Fría, aumentado significativamente su gasto en defensa (entre el 2,5 % y el 3,34 % del PIB) y liderado el apoyo a Ucrania. Con los cinco países dentro de la OTAN ahora, su defensa aérea y terrestre está unificada. Destaca la creación de una Fuerza Terrestre Avanzada en Finlandia para proteger el vulnerable norte (la Calota Nórdica), cerca de las bases rusas. La autora identifica puntos clave que Moscú podría intentar controlar para bloquear el acceso de la OTAN y ampliar su alcance, como las islas bálticas (Gotland, Åland, Bornholm) y el archipiélago ártico de Svalbard. Noruega y Suecia, en concreto, son nodos logísticos cruciales: desempeñan un papel fundamental para la OTAN al servir como puertas de entrada, bases de acogida y rutas de tránsito esenciales para la llegada de refuerzos militares a la región.

Moldavia: El caso moldavo es delicado porque se trata de un aspirante a entrar en la UE, cuyas aspiraciones pueden verse dañadas por estas agresiones. Shelby Magid explica que Moscú lleva años presionando a Moldavia para frenar su integración en el club comunitario mediante tropas en Transnistria, presión energética, desinformación y financiación ilícita para influir en sus elecciones. La agresión rusa se siente cada vez más cerca a través de la violación repetida del espacio aéreo moldavo por parte de drones rusos y ataques a la infraestructura fronteriza ucraniana, a raíz de la invasión de 2022. A pesar de los "masivos esfuerzos desestabilizadores" de Rusia, la especialista sostiene que sociedad moldava ha demostrado ser "resistente", respaldando en elecciones recientes y en referéndum su trayectoria hacia la integración en la Unión. Sin embargo, al no pertenecer a la OTAN ni a la UE, y contar con un ejército limitado, Moldavia es vulnerable a ataques convencionales. Como respuesta, está priorizando la mejora de sus capacidades de vigilancia y defensa antiaérea. Aprendiendo de la situación ucraniana, Chisináu ha intensificado su cooperación en materia de seguridad, energía e infraestructura de forma trilateral con Ucrania y Rumania para hacer frente a las amenazas comunes en la región.

Rumanía: Alex Șerban escribe en el Atlantic que la guerra ya afecta a Rumanía a través de repetidas incursiones y caídas de drones en su territorio, minas navales en el mar Negro y amenazas directas a la navegación y a infraestructuras energéticas estratégicas. A su entender, si miramos al futuro, el escenario más probable de escalada rusa no es una invasión militar blindada, sino ataques híbridos y de "zona gris" (sabotajes en la plataforma continental, ciberataques, acoso marítimo y aéreo) para evitar una respuesta total de la Alianza. La presión sobre la vecina Moldavia también es un factor de riesgo, como se ha citado más arriba. Rusia, además, utiliza estas acciones para poner a prueba los tiempos de reacción de la OTAN en su flanco oriental y evaluar la capacidad militar rumana, especialmente contra drones en el mar Negro, un escenario "crítico". Como respuesta, Rumanía está ampliando infraestructuras clave (como la base aérea Mihail Kogălniceanu) y creando una sólida red logística militar. Además, está equipando a sus fuerzas con armamento estadounidense avanzado (sistemas Patriot, misiles HIMARS, cazas F-16 y futuros F-35, y tanques Abrams). Aunque el país puede hacer frente a un primer embate con sus recursos y los de sus aliados presentes, un ataque sostenido requeriría de "refuerzos rápidos". El objetivo final de Moscú, también en este caso, es comprobar si puede generar una crisis más rápido de lo que la OTAN puede movilizarse, buscando evidenciar posibles fracturas en el compromiso de la Alianza.

Europa Occidental, EEUU... más allá: El análisis lo concluye John Sipher, recordando que, aunque el uso de la "subversión" y la "propaganda" por parte de Moscú es histórico, desde 2014 el Gobierno de Putin ha intensificado sus operaciones encubiertas de manera mucho más "descarada". El objetivo principal de Rusia durante el próximo año será la política interna de Occidente, avisa, y será así porque el Kremlin ve una oportunidad de oro en la actual polarización política, el auge del populismo y la desconfianza ciudadana en las instituciones. Quedan por delante meses de elecciones decisivas, de Francia a Italia, pasando por España. La división es lo que busca Putin y, para lograrlo, amplificará mensajes diseñados para sembrar discordia: convencer a los estadounidenses de que la OTAN es obsoleta y una carga, mientras fomenta en Europa la idea de que Washington es un aliado poco fiable, por ejemplo. Consciente de que Rusia es globalmente más débil que Occidente, el objetivo de Putin no es una victoria militar directa. Su mejor estrategia es aprovechar las vulnerabilidades y divisiones internas de sus adversarios para empujarlos hacia su propia destrucción, concluye. En eso está.