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El Atlético sobrevive en Alemania y celebra por fin un gol de Julián

El Atlético sobrevive en Alemania y celebra por fin un gol de Julián

Aunque por normas publicitarias el Stuttgart Arena perdió el Mercedes Benz, pareció que los jugadores alemanes iban montados en uno, mientras que los españoles ronroneaban en un tractor. Los futbolistas germanos mordían como perros provocando errores a jugadores tan seguros como Marcos Llorente o Marc Pubill. Afortunadamente, detrás estaba un Jan Oblak que se inventó una primera parada de cuento de hadas y aún tuvo que intervenir dos veces más con mucho mérito antes del minuto quince. Fue el mejor rojiblanco en un día en que el Atlético volvió a celebrar un gol de Julián y pudo sobrevivir a la expulsión de Hjulmand. [Narración y estadísticas, 1-1]

Tanta era la presión, que la posesión de los chicos del Cholo la iniciaba el esloveno con un pelotazo. Sólo cuando ese balón terminaba en una segunda jugada en las botas de un jugador del Atlético en campo contrario, se permitían los colchoneros enlazar tres o cuatro pases hasta que el rodillo alemán iba poco a poco asfixiando las líneas de pase. Simeone se desgañitaba en la banda haciendo aspavientos para pedir tranquilidad y que las líneas se juntaran. Incluso Hancko reclamaba en más de una ocasión a sus centrocampistas que se acercaran a ayudar en la salida de balón. Pero no les dejaban. La pregunta era, ¿cuánto aguantaría esta energía? Fueron dos momentos: el inicial y el final, pero qué momentos.

Tardó casi media hora el Atlético en discutir un poco la posesión a los alemanes. Cuando lo hicieron, provocaron un córner que Pubill a punto estuvo de meter en la portería de Seimen. Faltaba un puntito más de agresividad para igualar a los chicos de Hoeness. Pero no pudo llegar antes del gol alemán, que fue tras un error grosero de Pubill. El central no estaba teniendo su noche, quizás por la presión de suplir a un general como Cuti Romero, y en una que se durmió, le robaron la cartera, y Leweling la puso, con un roce de Hjulmand en la red de Oblak. No se puede decir que fuera injusto el resultado.

Es cierto que al Atlético se le había visto otra actitud en los duelos a domicilio esta temporada. En liga había vencido en cuatro de cinco y el reto era intentar emularlo en Champions después de la derrota en Liverpool. Pero faltaba un cambio de actitud, mostrar la personalidad del Metropolitano también en Alemania. No le dio tiempo a hacerlo en los primeros 45 minutos, y eso que los alemanes decidieron bajar un poco el ritmo tras verse en ventaja.

Al descanso quitó Simeone a un David desaparecido por un Lookman que necesitaba reivindicarse. Lo hizo al segundo. El nigeriano puso un balón perfecto para aliviar las penas de Julián Álvarez, que no perdonó. Llegó por fin su gol 175 días después tras aquel penalti contra el Arsenal. El gol aplacó la energía alemana e insufló fuerzas y calma al Atlético. Lo necesitaba, porque el duelo lo comenzó con pánico escénico.

Pero un error individual de Hjulmand no dejó a los colchoneros disfrutar de esa recién estrenada tranquilidad. En una jugada intrascendente en medio campo, el danés se tiro por los tacos por delante contra Stiller, quizás el mejor jugador bávaro, y le cazó con la pierna apoyada. Gozübüyük no lo dudó. Tocaba remar casi media hora con uno menos. Afortunadamente, los germanos parecían haber perdido el impulso inicial, pero al oler la sangre y con la salida de Demirovic, su delantero centro y máximo goleador de esta Champions desde el banquillo, iban a ir a por su presa de nuevo.

Defensa y defensa

Ahora se trataba de supervivencia, resiliencia si quieren, la misma que mostró el Atlético tras la estampida inicial. Más cansado y con uno menos, pero con la necesidad imperiosa de no dejarse tres puntos en Alemania para no complicarse otro año el top-8. Especialmente porque el siguiente rival es un Bayern que más que gasolina quema queroseno.

Así que Simeone prefirió firmar el empate y retiró a Julián y Barrios por Vargas, inédito esta temporada, y un Le Normand que debía reivindicar tras unas pobres últimas actuaciones. No siempre la defensa se gana por número. A veces es importante tener el balón y aguantarlo, pero entre que a unos les quemaba y los otros iban a por él como si de ello dependiera la vida, sólo el cronómetro podía salvar de la derrota. Lo hizo y gracias. Vaya supervivencia.


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