El fútbol da dinero. Es sencillo. Y Gianni Infantino se ha propuesto que la FIFA gane mucho, mucho dinero. El presidente de la mayor organización del fútbol mundial impulsó una Copa del Mundo de 48 selecciones que en su primera edición está rompiendo récords económicos, sociales y deportivos. Es un hecho. La FIFA prevé ingresar 13.000 millones durante el ciclo 2023-2026, la inmensa mayoría (9.500) gracias a este torneo, doblando las cifras del ciclo de Qatar, repartirá más de 1.000 millones en premios, acumula ya más de tres millones de espectadores en las gradas y se ha inventado un extra para la televisión de 250 millones gracias a las pausas de hidratación.
Nunca antes un Mundial había movido tanto dinero y a tanta gente. La geografía del certamen, el más amplio de la historia con partidos en tres países con sus visados y leyes como Estados Unidos, México y Canadá no ha sido un inconveniente para la afluencia a los estadios, como algunos expertos preveían. La polémica por el rechazo de la administración Trump a los visitantes de algunos países sigue viva y es real, pero a nivel de espectadores se ha compensado por la asistencia de las diásporas en la grada. La ampliación a 48 selecciones y 104 partidos mezclado con el potencial publicitario del mercado norteamericano, el más potente del mundo, han disparado las previsiones.
La FIFA vendió sus 16 paquetes globales de patrocinio, espera a más de 6.000 espectadores por televisión, a más de seis millones en las gradas y calcula que ingresará 2.600 millones por la venta de entradas, por los 824 millones de Qatar. La implementación de un nuevo sistema de venta de tickets, controlado por FIFA, ha sido clave. Si hay mucha demanda, sube el precio. Si hay poca, baja. Y hay opciones de última hora que hacen que se terminen de llenar las butacas a un precio inferior. Además, la propia organización participa del mercado oficial de reventa, donde percibe una comisión del 15%. Todo eso, insisten fuentes de FIFA a este periódico, se reinvierte en el desarrollo del fútbol en competiciones masculinas y femeninas y en las 211 federaciones que son miembros de ella.
Fondo de compensación
«Hasta ahora está siendo un éxito total. Ya hoy este Mundial es el más exitoso. Los estadios tienen una ocupación del 99,6 % y el nivel futbolístico está siendo increíble», aseguró esta semana Infantino.
Un informe de Bank of America Global Research estima que el Mundial podría llegar a inyectar 35.500 millones de euros en el Producto Interior Bruto (PIB) mundial. En resumen, un filón que también desemboca en las selecciones, protagonistas del juego. El equipo campeón recibirá 50 millones de dólares, ocho más que los que se le entregaron a Argentina en Qatar, y en total, entre premios deportivos y el programa de ayudas a los clubes que ceden futbolistas, la FIFA repartirá 1.007 millones.
Ese programa es interesante, porque compensa el debate sobre el peligro que los encuentros de selecciones tienen para los clubes, responsables de las nóminas de los jugadores. La FIFA reserva 250 millones para dicha circunstancia y paga, como mínimo, 5.000 dólares diarios por cada internacional convocado. Si España llega a la final, por ejemplo, un internacional estará 51 días concentrado, por lo que se compensará a su club con 250.000 euros, aproximadamente.
Y el negocio no termina cuando rueda el balón, como sí sucedía antes. Una de las grandes polémicas han sido las pausas de hidratación. Oficialmente responden a motivos de salud por el calor, pero oficiosamente generan un extra de dinero a las televisiones que la FIFA aprovechará para vender por más dinero los derechos audiovisuales de los próximos ciclos. Puro sistema estadounidense de cuatro cuartos, como la NBA o la NFL, aunque no tan extremo. Cada pausa dura tres minutos, los anuncios empiezan 20 segundos después de que el árbitro pite y terminan 30 segundos antes de que se reanude el duelo, por lo que la televisión dispone de 130 segundos para emitir ocho anuncios, más o menos. Los expertos calculan que cada anuncio cuesta entre 170.000 y 270.000 dólares, por lo que rozaríamos los 250 millones de ingresos por las pausas en los 104 partidos del Mundial.
«La FIFA no gana absolutamente nada con esto. Todos los contratos ya estaban firmados antes, con lo que no es una cuestión económica, para nosotros es una cuestión puramente deportiva», insistió estos días Infantino, que derivó directamente al calor. «El motivo por el que hay estas pausas es claramente el calor. En un Mundial en el que juegas ocho partidos en 39 días, poder tener un momento para descansar un poquito es muy importante».
El impacto, además, se extiende más allá de la FIFA. Vuelos, transportes privados y hoteles han elevado sus precios con respecto a otra etapa del año. La plataforma 'Travelgate' calcula que los aficionados españoles que viajarán a Estados Unidos pagarán hoteles un 48% más caros que hace un año, con una tarifa media de 249 dólares la noche. Un Mundial millonario.