Cultura

El último mono: Patriarcado como puedas (**)

El último mono: Patriarcado como puedas (**)

Una comedia romántica consiste básicamente en hacer creíble lo increíble y apetecible lo despreciable: que un rico caprichoso se enamore de una prostituta, que un paleontólogo triste acabe con una millonaria alegre o que un librero sociópata llame la atención de una estrella de Hollywood. Uno de los dos, eso sí, tiene que tener dinero y el otro no. La base fundacional de todo es la existencia de un aglutinante de suyo tan sospechoso como el amor romántico. Sin un elemento tan irracional, manipulable y, en efecto, patriarcal que justifique, romantice y oculte milenios de maltrato, abuso y explotación no hay ni comedia romántica ni, apurando, capitalismo. Es así. Era cuestión de tiempo que alguien planteara la posibilidad del más difícil todavía: que un propagandista de su más íntima estupidez en la esfera macho (machosfera pues) acabara en compañía de un ser humano. Da lo mismo el género. Si además es mujer, se corre el riesgo de subir un peldaño: ya no es comedia romántica, sino tragedia. O ciencia-ficción incluso. Pero como sea que la realidad es flexible y el sexo polimorfo, que decía Freud, todo puede pasar. Y pasa.

Sobre este presupuesto y con un guion simpático, ocurrente y más oportunista que oportuno firmado por dos maestros en la materia como Joaquín Oristrell y Yolanda García Serrano, Joaquín Mazón confecciona una especie de comedia a la carrera o urgente: lo importante es que todo avance, da lo mismo cómo y por qué, de la mano de una puesta en escena muy cerca de la sit-com. No faltan, eso sí, y por dar nivel al asunto, las citas a ¿Qué me pasa, doctor?, La fiera de mi niña y hasta a Carrie. A nadie se le escapa que la gracia del asunto consiste en buena medida en la reconversión del inaudito Juan Dávila de cómico repentista con la improvisación descabellada como deslumbrante argumento a actor libre de método y de marca. Y, cumplida la sorpresa inicial, empiezan los problemas. El primero es que se nota mucho que el texto va más rápido que él y que le cuesta seguir el paso a una actriz, ella sí velocísima, como Susana Abaitua.

Pero aquí no acaban los tropiezos. Hay más. En verdad, muchos de ellos disculpables, pero ahí están. El último mono se pelea desde su arranque por resultar no exactamente creíble, pero sí, cuanto menos, plausible. Son las reglas de la romcom. Y en su esfuerzo por convencernos y, lo peor, autoconvencerse de que puede llegar a ocurrir que un machista 'semincel' (o incel del todo) con serios problemas de madurez y una persona racional, inteligente y brillante se amen, coquetea con eso tan sospechoso (o solo repugnante) como la equiparación de lo sencillamente no homologable. No, los derechos humanos —eso es básicamente el feminismo— no es el justo complemento de la esclavitud. Pero claro, y los guionistas lo saben bien, si nos ponemos así, no hay ni comedia ni película ni motivo para ver a Dávila, que siempre gusta. Y ésa es básicamente la dificultad principal de todo. Dávila y Abatida directamente se las ven con dos personajes imposibles.

Bien es cierto (por eso decíamos lo de disculpable) que la película, por momentos, acierta a sintonizar con agilidad y energía con la longitud de honda del mundo que nos rodea (el Zeitgeist que dicen algunos) con ánimo crítico y buen juicio, como antes que ella lo hiciera, por ejemplo, la serie Machos Alfa.Sí, es parodia, no es retrato de nada y, como tal, vuelve a demostrar que la comedia romántica es de todos los géneros cinematográficos el más denostado, el más peligroso, el más machista, el más idiota y, por todo lo anterior, uno de los más disfrutables por sencillamente insoportable. Así de contradictorio, qué le vamos a hacer.

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Director: Joaquín Mazón. Intérpretes: Juan Dávila, Susana Abaitua, Conchi Espejo. Duración: 85 minutos. Nacionalidad: España.


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