Durante décadas, los ekranoplanos parecían una reliquia de la Guerra Fría condenada a los libros de historia. Sin embargo, China ha vuelto a ponerlos en el centro de atención con la reaparición de su llamado “monstruo del mar de Bohai”, un vehículo capaz de desplazarse a gran velocidad rozando la superficie del agua y que, según las últimas imágenes, podría tener un papel mucho más militar de lo que se pensaba.
Las nuevas fotografías difundidas en las últimas semanas han revelado un detalle difícil de ignorar: cuatro motores turbohélice y cuatro soportes externos bajo las alas. Este tipo de estructuras suele utilizarse para transportar misiles, depósitos adicionales de combustible o equipos de reconocimiento, un indicio que refuerza la hipótesis de que el proyecto va mucho más allá de una simple plataforma de transporte.
Según recoge Business Insider, esos puntos de anclaje apuntan más bien a una plataforma con capacidad ofensiva o, como mínimo, multirrol. Además, su diseño mantiene el característico camuflaje gris empleado por las fuerzas armadas chinas, alimentando las especulaciones sobre su posible papel en futuras operaciones militares en el estrecho de Taiwán y el mar de China Meridional.
Menor exposición a radares
El Estrecho de Taiwán mide unas 81 millas de ancho en su punto más estrecho, es decir, alrededor de 130 kilómetros, y los grandes ekranoplanos soviéticos llegaron a rozar los 500-550 km/h en pruebas y servicio. Por ello, se dice que su potencia podría cubrir la distancia entre la China continental y Taiwán en menos de una hora, una capacidad que ofrecería una importante ventaja para el despliegue rápido de tropas, equipos o incluso sistemas de ataque en un escenario de crisis.
La familia a la que pertenece este diseño es la de los ekranoplanos o vehículos de efecto suelo, es decir, aeronaves que vuelan muy cerca del agua y aprovechan una mejora aerodinámica conocida como ‘ground effect’. Gracias a este fenómeno, generan una especie de colchón de aire bajo sus alas que les permite desplazarse a velocidades propias de un avión, pero con un consumo de combustible más reducido y una menor exposición a los radares convencionales.
Esta combinación de rapidez, capacidad de carga y discreción es precisamente lo que vuelve a despertar el interés militar por una tecnología que parecía olvidada. Así, se convierte en una posible herramienta de sorpresa, reconocimiento, reabastecimiento o ataque en escenarios marítimos disputados. Con ello, China recupera una vieja apuesta soviética y la adapta a los desafíos de la guerra marítima del siglo XXI.