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El PSG aplica la pena máxima al Arsenal y conquista su segunda Champions consecutiva

El PSG aplica la pena máxima al Arsenal y conquista su segunda Champions consecutiva

Han pasado las mejores estrellas, se han gastado cientos de millones y han desfilado una enorme cantidad de entrenadores. Hasta que el PSG ha decidido contratar no a un entrenador sino a un artista. Luis Enrique ha dibujado una obra de arte utilizando una técnica vanguardista. Nadie escatima esfuerzos. Nadie. Y una vez arriba, el lienzo es de los futbolistas. Su primer cuadro fue puro surrealismo, un sueño. Éste ha sido más minimalista, pero el resultado ha sido el mismo. En los penaltis, sí, pero la orejona se queda en París. [Narración y estadísticas, 1-1]

Ni en los mejores sueños de Al Khelaifi, en el palco junto a Ceferin, habría estado el encontrar a un técnico que no sólo te ha dado títulos, sino que te ha llevado a otra dimensión futbolística. Lo hizo, además, cuando se libró del lastre de Mbappé. Dos Champions después, en una discusión imaginaria, Luis Enrique siempre tuvo razón.

Y eso que la final de la Champions League saltó por los aires en el minuto 5. En la jugada más tonta, un despeje y un rebote, ante el jugador más listo de la clase. Kai Havertz recogió ese balón perdido para enfilar a Safonov tras una carrera de 40 metros en solitario. La reventó a su escuadra y se colocó el duelo donde nunca hubiera soñado el ordenador de Arteta. En ese mundo de estadísticas, que te dice que al Arsenal sólo le han remontado un partido en toda la temporada, tuvo que intentar desenvolverse el PSG.

Los franceses decidieron monopolizar el esférico, pero la libertad de sus movimientos estaba más que estudiada por la doble línea de cinco muy junta que colocó Arteta para defender su ventaja. Hablábamos de hormigón armado, habría que añadir también trincheras y ayudas constantes. Ergo, la final dependía de inspiraciones individuales más que de movimientos de balón, pese a que Vitinha fue el que más intentó que el esférico circulara de lado a lado para intentar encontrar una grieta en esa argamasa gunner.

Lo increíble es que, la más clara de la primera mitad, volvió a corresponder al punta alemán del Arsenal. Tras una preciosa pared con Odegaard por el perfil izquierdo, el delantero vio de nuevo a Safonov en su mirilla, pero cuando disparó, apareció Marquinhos como una exhalación para dar aire al PSG y esperanza a los aficionados al fútbol. Una ventaja de dos goles a la mejor defensa de Europa, apenas 6 encajados en 14 partidos, provocaría un colapso en las esperanzas francesas. Encima sería poco antes del descanso, doble golpe moral salvado.

De los franceses a nivel ofensivo poco que decir en 45 minutos pese a ser el equipo más goleador del torneo con 44 tantos. Una internada de Nuno Mendes que terminó con un cabezazo fuera de Fabián quizás fue lo más peligroso. Hubiera sido más si el español hubiera permitido el remate a Kvaratskhelia, mejor colocado en la acción. El único tiro a puerta también perteneció a Fabián, pero fue muy lejano y escorado y, pese a los problemas de Raya para atajarlo, pocas opciones tenía de ser el empate del encuentro.

Luis Enrique debía virar la final del cemento al talento. El que tienen sus jugadores de ataque y a los que el balón les llegaba siempre con el Arsenal muy bien plantado. Así que, lo importante era mayor velocidad de balón y jugar al primer toque. Ese momento llegó en el 64 y lo protagonizaron los dos delanteros más talentosos. Una pared entre Kvaratskhelia y Dembélé terminó con el derribo del georgiano por Mosquera dentro del área. Penalti y el técnico asturiano reclamó con sentido una segunda amarilla que Siebert no concedió. Marcó el mosquito y el partido volvió a empezar con sólo media hora por jugarse.

Ahora Arteta debía decidir qué partido jugar, porque Luis Enrique iba a seguir empujando hacia Raya, como demostró Kvaratskhelia poco después con una contra estrellada en el poste. Y el vasco respondió metiendo a Gyokeres para lanzar un mensaje a los suyos de que sólo defendiendo no se gana una final de Champions. Los londinenses mostraron algo más de intención, poca, y se fueron medianamente contentos a la prórroga, porque Vitinha les perdonó a un minuto del final del encuentro y Barcolá en el añadido.

Prórroga soporífera

El Arsenal agotó los cambios al inicio de la prórroga. Arriesgado, pero efectivo para un equipo que ha estado exprimiéndose hasta casi el final de temporada cuando consiguió abrochar la Premier. Con ellos también mudó la iniciativa ante un PSG al que se vio algo cansado y, por momento, partido. Parte de culpa la tuvo Madueke, eléctrico y retando a Nuno en cada carrera. Le ganó una que pudo ser penalti, pero Siebert prefirió dejarlo pasar. Poco dejó la primera parte de la prórroga salvo el susto de Hincapié, cuando su equipo no tenía cambios.

Sorprendió que en la segunda casi ninguno lo intentara. Descaradamente, ambos equipos se encaminaron a los penaltis salvo por algún error del rival que nunca llegó. En la pena máxima Raya pudo ser el héroe al devolver la esperanza a los británicos tras el fallo de Eze, pero Gabriel lanzó a las nubes el quinto y definitivo y cerró la posibilidad de hacer historia. De la forma más cruel. Pena máxima para los británicos y gloria a Luis Enrique y al PSG.


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