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Elecciones en el Madrid

Elecciones en el Madrid

España está en precampaña electoral. Pero, impaciente, ha tomado un atajo y ya se halla inmersa en plena campaña, no en su preámbulo. Utilizando un símil deportivo, no se afana en la fase de calentamiento, sino en la de "precalentamiento", que no es otra cosa que el calentamiento en sí, de igual modo que la precampaña ya es la campaña misma.

En el Madrid también están en campaña electoral en la figura de ese hijo pródigo de Pérez llamado José Mourinho, falsamente converso a la beatitud franciscana (¡aquel trueno vestido de nazareno!). Mirando a los banquillos, Florentino ha optado a menudo por una fórmula de alternancia en el mando, cambiando a un entrenador de seda por otro de lija, y viceversa, como quien combina baños fríos con calientes buscando compensaciones sucesivas y estabilizadoras por contraste. Una forma de equilibrio en el eterno y delicado juego de balanzas entre técnicos y vestuarios. El antiguo y el nuevo Mou significaban la síntesis de dos entrenadores en uno, al igual que una prenda reversible.

Y es él, Mourinho, quien se ve sometido en cada encuentro, especialmente en el inmediato Clásico, a un plebiscito continuo y acumulativo hasta el final del curso. Comicios sucesivos en partidos de todo pelaje y resultados, que, a tenor de éstos, dictarán su futuro más bien cercano en el club. El Madrid no da tiempo al tiempo. Mucho más después de temporadas de secano. En leal sintonía con su superior, y en traducción al actual lenguaje político, Mou ve law fare en cada decisión adversa de los árbitros, los jueces del fútbol. Y considera "pseudomedios" o "pseudoperiodistas" a aquellas corporaciones o personas que publican o preguntan cosas que no le gustan.

En su primera etapa, sustituyó la rivalidad Madrid-Barça por la polarización entre ambos clubes y sus plantillas en la soberbia época barcelonista de Guardiola (y Vilanova) y Messi. Y ahora, una jugarreta del destino, se enfrenta a otra posible era dorada de un Barcelona con Flick y Lamine. Hace ocho años, en el Congreso, Sánchez, sectario, levantó un muro ideológico entre españoles para separar a los "progresistas" de los "fascistas". Hace 16, en Valdebebas, Mourinho, maniqueo, abrió una zanja frentista para dividir a los socios y seguidores blancos en "madridistas" o "antimadridistas".

Roma traditoribus non premiat. Roma no premia a los traidores, pero sí elogia a los que rectifican, que es de sabios Rectificare sapientis est. En Roma y ante la Roma presentó The Special One una alineación inicial que daría la razón a todos sus detractores. Pero la cambió por otra que se la otorgaría a todos sus defensores. Dos Mourinhos en uno. Un Mourinho en dos.

En la Liga sucede otro tanto con decisiones discutibles y juego desigual, de altibajos. De aquí al 29 de noviembre quedan muchos mítines de muchos partidos y muchos partidos de muchos equipos. Ese día el Madrid se enfrenta al Alavés. España, en unas elecciones generales, y el Madrid, en otra parcial, votan. Se espera una alta participación del pueblo soberano.

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