Eduardo Montero se ha pasado meses cruzando los dedos. Desde Dubai, donde vive hace 20 años, compró cuatro entradas "a ciegas" para el que quedase primero del grupo de España. "Imagínate cómo vivimos el partido frente a Uruguay", dice entre risas cuando está punto de entrar en el estadio SoFi de Los Ángeles, acompañado de sus tres hijos, Cristina, Eduardo y Gonzalo. Al final, España hizo buenos los pronósticos y el sueño se hizo realidad: ver a Lamine Yamal, Pedri, Dani Olmo y compañía en un Mundial en una ronda eliminatoria y en Estados Unidos, un país que nunca antes habían visitado sus hijos.
Claro que el precio a pagar ha sido muy alto. Montero confiesa que ha desembolsado 2.000 dólares por entrada y que su mujer no viajó porque se disparaba el presupuesto. "Estamos muy emocionados de ver un partido de España en vivo, de verlos ganar y disfrutar de la experiencia de estar por primera vez en Los Angeles, pero hemos venido a un solo partido porque está todo prohibitivo", analiza.
Es la misma cantidad que ha desembolsado Guillermo Pérez, un abogado de Valencia que, además del Mundial, ha aprovechado para hacer turismo y visitar familia. "Sé que es una burrada, pero esto es solo una vez en la vida y estoy feliz de estar aquí". Si a eso le añades el vuelo, el hotel, y los gastos para darse una vuelta por Hollywood y Santa Mónica, estar aquí es poco menos que un lujo asiático.
1.600 dólares en reventa
Es un fenómeno insólito que se ha dado casi en cada partido del Mundial. Precios prohibitivos y aun así, estadios llenos hasta la bandera. El SoFi, el estadio más caro jamás construido con sus 5.000 millones de dólares de inversión, se llenó de camisetas españolas por amplia mayoría, con un puñado de austríacos, conscientes de la dificultad del partido, y los mexicanos, siempre presentes en cada encuentro que se ha disputado en Los Angeles. José Posada, de Chihuahua, lo tenía claro: "Nos encanta el fútbol español y no podíamos dejar pasar la oportunidad de ver un Mundial en casa. Yo vivo a cinco minutos".
Desde Tenerife han viajado Andrés Rodríguez y Jennifer Volpe con su hija Ariadna, de 12 años. Llevan varios días de peregrinaje por EEUU, desde Dallas hasta Los Ángeles, pagando hasta 1.600 dólares en reventa para el España-Austria. Rodríguez, que estuvo en Rusia y en Qatar, recuerda que entonces se podían conseguir entradas por 200 dólares. "Ahora eso se acabó. Todo está disparado".
Marcos Marcos y Javier Abaigar presumen de haber mantenido la cordura dentro de la locura de precios del Mundial. Viajando uno desde Frankfurt y otro desde Nueva York, han pagado 5.000 dólares por cuatro partidos. "No hemos hecho como los argentinos, que algunos han hipotecado su casa para ver a Leo Messi", decía Marcos, que trabaja en finanzas en la ciudad alemana.
La de Los Angeles no es una comunidad muy numerosa de españoles, con unos 15.000 inscritos en el consulado, entre residentes en la zona metropolitana de Los Ángeles y San Diego. "Y están más bien dispersos, repartidos por muchas partes de la ciudad", según explica a EL MUNDO Gerardo Fueyo, cónsul de España en Los Angeles. Fueyo fue el encargado de presidir la delegación española en el palco de autoridades ante la ausencia del rey Felipe VI y de la embajadora de España en Washington, Ángeles Moreno. El cónsul no ocultaba su emoción un día antes del encuentro, con "mucho optimismo de cara a pasar de ronda frente a Austria" y una confesión: "Es mi primer partido viendo a España en un Mundial. Estoy muy ilusionado".
También se apuntaron a la fiesta Penélope Cruz y Javier Bardem, además del actor Timothée Chalamet, el comediante británico James Corden y Flea, el bajista de los Red Hot Chili Peppers. ¿Quién no quiere ver a España en el Mundial?