No hizo falta Christian Pulisic. Estados Unidos se deshizo de Australia tras firmar otra primera parte notable y ya tiene el pase a la siguiente fase. No es poca cosa para un equipo que no había ganado dos partidos en una fase inicial desde 1930, cuando Uruguay organizó el primer Mundial, con solo 13 equipos. Deja, además, buenas sensaciones, con jugadores iluminados y alternativas ante la ausencia de su gran estrella, un Pulisic que fue clave en el primer partido ante Paraguay. [Narración y estadísticas (2-0)]
Australia hizo un mal partido en la primera parte, pero reaccionó en la segunda. Mereció, al menos, subir un gol al marcador del estadio Lumen Field de Seattle. Logró embarrar el encuentro y frenar la inspiración de los locales, que salieron enchufados desde el principio, con las ideas muy claras y percutiendo por las bandas para superar la resistencia de los socceroos.
Pronto encontraron remedio a la ausencia de Pulisic. Folarin Balogun, autor de un doblete ante Paraguay, dejó sentado a su marcador por la izquierda para meter un balón atrás que iba hacia Ricardo Pepi y que no alcanzó a despejar Cameron Burgess. El central australiano de 1,94 metros de estatura envió el balón al fondo de su propia red. No es nuevo lo del delantero de origen nigeriano como extremo por la izquierda. Fue su demarcación en los primeros años como profesional.
Una afición entregada
Era tan solo el minuto 11 pero el partido pareció acabarse ahí para Australia. El gol liberó una corriente de fútbol ofensivo americano que apenas podían contener los australianos. Weston McKennie se entendía bien con Sergiño Dest, reconvertido a extremo por la derecha, Malik Tillman se asociaba con Balogun por la otra banda y Alex Freeman las pocas incursiones de los australianos desde el lateral derecho. Con 21 años, se ha convertido en una de las principales sensaciones de los estadounidenses, hijo de Antonio Freeman, legendario wide receiver de los Green Bay Packers y campeón de la Super Bowl.
En el minuto 43, el lateral del Villareal le puso la guinda al pastel de una primera parte que resultó brillante para el espectador. Culminó con un cabezazo una jugada ensayada desde el córner que empujó a la red tras un balón rechazado a disparo de Dest. La grada, mientras, entregada y disfrutando a lo grande, en un ambiente eléctrico, como se presumía, con entradas a precios más populares que las del debut en el estadio SoFi de Los Angeles frente a la selección de Paraguay.
Ni la ausencia de Pulisic por lesión pareció ensombrecer el ambiente en un Lumen Field abarrotado y una ciudad, Seattle, volcada con el equipo nacional. La FIFA sabía lo que hacía cuando se decantó por la principal ciudad de Washington para albergar seis partidos de este Mundial. Es una de las urbes con mayor tradición futbolística del país, y su equipo de la MLS, el Seattle Sounders, uno de los más queridos de la liga. Son, podríamos decirlo así, el Betis de la competición nacional.
Los billetes del tren de Portland a Seattle se agotaron. Desde Los Angeles llegaron miles de aficionados en avión. Las calles de la cuna del grunge y de la sede de Microsoft se llenaron de aficionados del equipo de las barras y las estrellas y de australianos celebrando sus opciones de triunfo frente a los locales. Es cierto que llegaban ambos con el ego por las nubes. La selección anfitriona por dominar de principio a fin a Paraguay (4-1), en uno de los mejores resultados de su historia mundialista. Balogun marcó el primer doblete en la historia de los estadounidenses en Mundiales y Pulisic desbordó por la izquierda como se esperaba. Y Australia, por dar la sorpresa y derrotar a Turquía 2-0 con una ejecución táctica impecable.y los goles de Nestory Irankunda y Connor Metcalfe. Pero a los oceánicos se les hizo de noche muy rápido en Seattle.
En cualquier caso, aún les resta la última jornada ante Paraguay para soñar con un pase a la siguiente ronda. Estados Unidos buscará un triplete de victorias inédito frente a Turquía, todo un hito para el fútbol gringo, que ya está clasificado para los dieciseisavos de final.