"El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos". La celebérrima y cada vez más actual sentencia de Gramsci le sirvió tiempo atrás, en 2015, a Félix Sabroso (Las Palmas de Gran Canaria, 1965) para componer una bellísima película que era también carta de amor a su compañera de tanto tiempo Dunia Ayaso. Ella, con la que firmó películas que ya forman parte de la memoria colectiva como Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí, moría un año antes. El tiempo de los monstruos, así se llamaba la cinta gramsciana, era a la vez una reflexión sobre el oficio de creador y un homenaje a una filmografía construida a lo largo de media docena de obras siempre en equilibrio entre el melodrama y la parodia; entre el histerismo y el simple grito; siempre consciente de su lugar necesariamente excéntrico, extraño y a la intemperie. "Pasa el tiempo y siento que Dunia sigue conmigo. Sigue en los amigos comunes, en la casa que compartimos. Está en el día a día. Está en mi presente. Escribo pensando en ella y sé que lo que hago se parece a lo que hacíamos. Es más, sé que ella estaría muy orgullosa de Furia", dice Félix Sabroso.
El que habla recibe estos días homenaje con forma de premio (La Luna de Valencia) en el Festival Cinemajove de la capital del Turia. Los motivos son los que son: haber construido, no por fuerza de manera consciente, un puente entre la vanguardia trash y la comedia española más popular y recia; haber llenado de sangre y vida el adjetivo desaforado, y haber creado una manera de acercarse a la realidad en la que la realidad sencillamente explota. A las películas que firmó con Dunia, le siguió la película de monstruos citada, otra más y la serie que le ha devuelto a la parte más interesante de la conversación: Furia. Cerrada la primera temporada, le seguirá una segunda y ya está firmada (valga como primicia) la tercera.
"Prefiero no pensar mucho en el éxito, porque la experiencia me dice que solo te das cuenta de que lo tienes cuando llega el momento del fracaso. Imagino que Furia ha gustado y no solo en España porque es un espejo social con grandes actrices que habla de cosas que en verdad están pasando en todo el mundo", dice y lo dice desde la espuma del presente. "Si pienso en el pasado, creo que nuestro cine [siempre habla en plural] de finales de los 90 llegó en un momento en el que lo respetable y admirado era el cine social. Siento que nos adelantamos a nuestro tiempo. Y tengo claro que adelantarse al tiempo es tan torpe como llegar tarde". Pausa. "Recuerdo que la etiqueta que algunos nos pusieron de cine petardo, además de falsa, me hizo mucho daño. Recuerdo haber sufrido humillaciones o comentarios de desdén de productores, de colegas e incluso durante la entrega de algunos premios. Me sentí muy identificado con ese rechazo porque yo venía de que mis padres no querían que me dedicara a esto. Sí, de joven, ya no, me hizo mucho daño", dice.
Lo cierto es que tanto Perdona bonita... como El grito en el cielo y siguientes fueron recibidas como lo que fueron: terremotos con la misma capacidad para entusiasmar a unos que para irritar a los demás. Se diría, sin embargo, que la prueba del tiempo le ha dado la razón. A él, a Dunia y a todas y a cada una de las cintas recibidas ahora con devoción por las nuevas generaciones. "Eso me llama la atención. Me gusta que la expresión 'perdona bonita' se haya convertido incluso en un latiguillo para muchos jóvenes", afirma.
- ¿Es más complicado o más fácil ser joven ahora?
- El sistema se ha hecho muchísimo más monstruoso, más gigante y más devorador. Creo que las nuevas generaciones han sido educadas para un mundo en el que las cosas iban a ser fáciles. Y eso te hace conservador. Nosotros somos una generación que vivimos los coletazos de las dificultades que nos contaron nuestros padres. Y luego empezamos a vivir una fantasía de bienestar, de crecimiento económico, de progreso, de bonanza... que hemos transmitido a nuestros hijos. Pero todo eso se ha empezado a desmoronar. Hay una generación educada para que el sistema les proteja y ahora ven que tienen muchas dificultades para alquilar una casa, para tener un trabajo, para tener un sueldo digno o para hacer una carrera artística verdaderamente libre que no esté apegada a una corporación, a un sistema, a una plataforma.
Queda claro.
Félix Sabroso habla desde la consciencia de la segunda explosión de libertad que vino, como toca, después de la primera. "Con 15 años y desde Canarias, vi todo lo que pasaba en la España de los 80 y, sin entenderlo del todo, no me lo podía creer. Sentías que el mundo estaba cambiando y querías formar parte de eso. Y a eso nos dedicamos una década después", recuerda.
- ¿Y cómo vive el reverso de todo eso que vivimos ahora con la contrarreforma que propone la extrema derecha en todo el mundo?
- Me parece una pesadilla. Es sencillamente espeluznante, pero lamentablemente no me parece inesperado. El sistema lo ha articulado muy bien y ha creado a su propio monstruo. Empezamos celebrando la ignorancia en la televisión y creando dioses de barro con esos niños bobos que salen de Gran Hermano que solo generan mucha estupidez y que, además, la festejan. Hemos rechazado los pilares del pensamiento sobre los que se funda el siglo XX. Cualquier atisbo de excelencia es tachado e pedantería. Y todo ello ha creado un modelo social perfectamente manejable, un terreno abonado para las pulsiones neoliberales más feroces. Eso hace que haya un montón de gente completamente despistada de la realidad que se desayuna feliz todos los días con un montón de mentiras. Llevamos 20 años configurando donde estamos ahora mismo.
Félix Sabroso, el claroscuro de los monstruos y tres temporadas de Furia. Brillante Luna de Valencia.