Cultura

Hiam Abbass: "Antes de ser masacrado por el Estado de Israel, el pueblo palestino lo fue por los británicos"

Hiam Abbass: "Antes de ser masacrado por el Estado de Israel, el pueblo palestino lo fue por los británicos"

Cuenta que, de niña, en una representación escolar le tocó interpretar a una madre que acababa de perder a su hija. Ni por edad ni por experiencia, sea en la vida que sobre las tablas, le cuadraba un papel tan grave. Pero lo hizo. «Me impresionó mucho que justo al acabar miré al público y vi a mi madre y a buena parte de mi familia... y todos estaban llorando. Ser capaz de hacer sentir a alguien algo tan profundo e inexplicable me resultó una revelación. No sé si fue eso lo que me llevó a ser actriz, pero sí sé que ése es mi primer recuerdo de actriz. Y mi primer éxito», dice Hiam Abbass y se ríe.

La que habla parece un mujer, una mujer como otra cualquiera, y en verdad, es un mito. Mujer y mito. El cine contemporáneo en cualesquiera de sus formas pasa por el cuerpo menudo y la dicción entusiasta y veloz de esta actriz nacida en Palestina hace 65 años. Desde la última versión de Blade Runner, de Dennis Villeneuve, a Los límites del control, de Jim Jarmusch, pasando por Los limoneros, de Eran Riklis, sin olvidar ni la serie Succession (insoslayable el genio cruel y lúcido de Marcia Roy) ni su papel a las órdenes de Spielberg en Múnich, no hay cineasta que, como su familia en aquella primera representación, no se haya rendido y emocionado con su trabajo. «Entiendo mi oficio como una forma de acceder a otros mundos. Mi identidad palestina va íntimamente ligada a mi identidad cinematográfica global. Mi identidad no es excluyente, sino al revés: soy palestina a fuerza de ser ciudadana del mundo. Esté donde esté, Palestina siempre me llama», comenta.

Las carteleras presentan ahora uno de sus últimos trabajos, Palestina 36. La cinta firmada por Annemarie Jacir se une a una reciente ola de ansiedad, llamémoslo así, por conocer las raíces de un pueblo, el sentido de un sufrimiento, de la que también forman parte trabajos como La voz de Hind, de Kaouther Ben Hania, o Todo lo que fuimos, de Cherien Dabis. «A veces hay que explicarlo. Pero la historia del pueblo palestino no empezó el 7 de octubre como parece viendo determinados informativos. Todo viene de antes y es importante conocer el papel jugado por el Reino Unido en la gran injusticia que persigue a Palestina. Antes de ser masacrado por el Estado de Israel, el pueblo palestino lo fue por el británico. Y eso es importante que se conozca y tengo la impresión de que la gente desea conocerlo porque sencillamente no entiende el genocidio que lleva contemplando en directo desde hace años», dice para situar la película y situarse a ella misma dentro de ella.

Palestina 36 cuenta la historia de dos familias durante el año que indica el título, cuando Palestina dejó de ser colonia británica. De un lado, la familia que vive en un pueblo asiste entre atónita y solo impotente a la desposesión de sus tierras a medida que los colonos judíos huyen de la persecución y del antisemitismo europeo. Del otro, la familia que vive en la ciudad sueña con la posibilidad de un estado propio y hasta compartido ante la libertad que se acerca. La película se ordena (o desordena) alrededor de fragmentos de vidas de apariencia inconexos: una periodista idealista, un chófer enamorado, un represor brutal... Y así hasta que, con cuidado, a distancia tanto de la épica como del victimismo, todo coincide en un único instante; un instante de verdad y de sufrimiento.

«Creo que es responsabilidad del artista expresarse y comprometerse con lo que considera justo. No me refiero a coger un megáfono y ponerse a soltar proclamas. Es algo más básico y moral. Empiezo a hartarme cuando escucho a colegas decir que todo es político. Creo que decir eso es una manera de cruzarse de brazos y no hacer nada. En verdad, creo que hay mil maneras de ayudar: puedes donar dinero o, sobre el terreno, colaborar de alguna forma. Mi modo de colaborar es con películas. El cine puede abrir los ojos, despertar conciencias, cambiar el mundo...», afirma rotunda y no es que den ganas de llorar, pero se comprende perfectamente que hubo un día, muy al principio, en que todos la que la vieron lloraron.


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