En Un artista del hambre, Kafka imagina la atribulada existencia de un hombre que convierte su falta de apetito en espectáculo público. Y lo hace de manera tan cabal y sostenida que no solo pierde grasa y masa muscular sino atractivo para los espectadores. Para el que sufre y pasa hambre en la más absoluta soledad, en cambio, tanta incomprensión acaba en simple pánico. Lo trágico mantenido en el tiempo desespera a unos y aterroriza a otros. Insaciable, de Natalie Erika James, podría considerarse algo así como una nueva versión de la fábula kafkiana, pero con una importante modificación o adenda: ahora el ayuno no es tanto un espectáculo de feria como una imposición social por aquello de los cuerpos normativos y la vigilancia en red. Es decir, la misma feria de antes, pero de otro modo.
La directora australiana, como ya hiciera en Relic, se entretiene en reinterpretar el terror desde una mirada más amplia, más social o simplemente menos encerrada en el gueto. No se trata tanto de jugar a las metáforas más o menos cultas, más o menos elaboradas, más o menos intelectualizadas (pensemos en el denominado "Terror elevado" capitaneado por Robert Eggers, Ari Aster o Jordan Peele), sino de utilizar las herramientas del género para recrear el ambiente y modos que destila una situación o argumento tan común que necesariamente da pánico. Si de alguna película reciente se encuentra la nueva propuesta de Natalie Erika James es, en efecto, de La sustancia, de Coralie Fargeat.
Insaciable narra la historia de una mujer (soberbia Midori Francis) traumatizada, obsesionada o simplemente acosada por la idea de un cuerpo que no tiene. Así hasta que un buen día descubre las pastillas mágicas que le llevarán a su peso ideal en cómodos plazos de ayuno intermitente. Problema: la composición del remedio milagroso no es otro que cenizas humanas. Pronto no tardará en aparecer el hungry ghost (fantasma hambriento de la difunta) que reclamará lo suyo. Con este punto de partida, la directora compone una auténtico recital de mal rollo de la mano de una ambientación tan angustiosa como pegajosa, gomosa y acertadamente repugnante. El gran logro de Insaciable reside en sincronizar con acierto y buen tino los tiempos de la desesperación y del simple asco. Pocas veces la comida basura es representada de manera certera como exactamente lo que es: una deliciosa y muy dulce mezcla de la más absoluta de las mierdas.
Bien es cierto que, como en Relic, en su empeño de serlo todo a la vez, la película no acaba de cumplir con lo prometido. En su voluntad de ser al mismo tiempo drama familiar, crítica social y película de terror genuina, Insaciable se queda por momentos en tierra de nadie incapaz de decidir cuál es exactamente su peso ideal. Digamos, por estirar los paralelismos hasta el ridículo, que la dieta de la película se antoja ligeramente desequilibrada. Sea como sea, lo que queda es el buen pulso de una directora imbatible en su pericia para hacernos sentir mal por lo que sencillamente hacemos mal. Por lo demás, siempre quedará la duda qué le habría pasado al personaje de Kafka si hubiera llegado a conocer un McDonald's.
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Directora: Natalie Erika James. Intérpretes: Midori Francis, Danielle Macdonald, Madeleine Madden. Duración: 112 minutos. Nacionalidad: Australia.