Cultura

Julie Delpy: "El racismo es una expresión más del machismo"

Julie Delpy: "El racismo es una expresión más del machismo"

Julie Delpy (París, 1969) está enojada. «El mundo actual me enfada muchísimo. Ves a toda esta gente, que no sabes de dónde ha salido, afirmando disparates como que la Tierra es plana o que las vacunas no sirven para nada y no das crédito. ¿Dónde estaban antes? ¿A qué escuelas han ido? ¿Acaso no han ido nunca al médico? A veces creo que es como un test. Todos éstos son como un banco de pruebas donde los megarricos del mundo ensayan sus experimentos. "Si somos capaces de que se crean toda esta mierda, les podemos convencer perfectamente de que si nos bajan los impuestos a nosotros, ellos se benefician", se deben estar diciendo. Y quizá por eso también ves cómo la clase trabajadora vota a la extrema derecha o la gente humilde se convence de que la emigración es una amenaza. Están embruteciendo a la población para controlarla». Y dicho lo cual, la cineasta se muestra al otro lado del Zoom (desde París) ya no enfadada, sino a punto de estallar. «Y además este calor no ayuda», dice y se ríe.

A su modo, todo lo anterior (el cabreo y la carcajada final) define bastante bien la última película de la que fuera protagonista de la trilogía de Linklater Antes de... que aterriza estos días en la cartelera. Conoce a los bárbaros es comedia, pero duele tanto como la más enfurecida de las tragedias. Es fábula, pero sin renunciar a su dosis de manifiesto político. Está ambientada en Francia, pero su argumento vale igual para España incluso. Un bonito pueblo bretón decide mostrar su solidaridad al mundo acogiendo en su seno a una familia refugiada de la guerra de Ucrania. Pero como sea que las solicitudes son demasiadas, lo que les llega son refugiados, sí, pero sirios. Es decir, musulmanes y con la piel algo más oscura. Y entonces, surgen asuntos tales como la xenofobia, el racismo y otros accidentes de la vida extrema y ultramoderna.

«Francia», dice la directora, «ha sido pionera en muchas cosas, incluido todo lo relativo al fascismo. La idea del gran reemplazo que tanto entusiasma a Trump es nuestra y eso de la prioridad nacional, también. El que las ha difundido ha sido Steve Bannon, una especie de Hitler reencarnado y orgulloso de serlo, pero el genuino inspirador es Le Pen». Y sigue: «Lo curioso es que la evidencia no sirve para nada. Estados Unidos vive una crisis que está destruyendo la nación y no pasa nada. Y eso a la vez que a un país gobernado por la izquierda como España le va bien económicamente. Ese es el motivo por el que Trump odia tanto a España, porque es la prueba de que no tiene razón». Pausa. «¿Cómo es posible que la gente se haya convencido de que el problema son cuatro emigrantes en la frontera y no que los ultrarricos hayan dejado de pagar impuestos. El gran logro de la derecha es convencer a la clase trabajadora de que vote contra sí misma», insiste.

Para Delpy, el problema es algo tan elemental y humano como el más elemental de los humanismos. «Si me decidí a hacer una comedia en vez de un drama, que quizá es lo que pide esta historia, es porque después de investigar y hablar con decenas de refugiados, me di cuenta de lo absurdo de la situación. Los problemas surgen cuando la gente se siente rechazada y no querida. Nadie que llega a un país nuevo huyendo de una dictadura busca problemas. Es nuestro odio y nuestro rechazo los que les estigmatiza y les obliga a vivir escondidos en barrios marginales. Si te dicen que no vales nada todos los días, después de un tiempo, es difícil mantener una actitud positiva». Pausa. «Sin embargo, y eso está comprobado, cuando la gente es bien recibida y se les asimila, todo suele salir bien... Y eso es lo absurdo».

En su cinta, el problema lo genera, en buena medida, siempre un hombre...
Es un hecho comprobado. El odio siempre se dirige al padre de familia, no a la madre, los abuelos o los hijos. Y siempre parte de otros hombres. El racismo es una expresión más del machismo; el racista tiene miedo de que le roben sus testículos, su esposa, su trabajo. Es muy primitivo.

Julie Delpy está enojada. Y se diría que con razón.


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