Clarissa Ward es hoy la periodista estrella de la CNN, con el permiso de la mítica Christiane Amanpour. Esta norteamericana nacida en Londres en 1980 es actualmente la corresponsal internacional jefe de la la cadena, reconocida a nivel mundial por sus arriesgadas coberturas de conflictos armados y crisis humanitarias en zonas de guerra.
Ha informado durante más de 15 años desde las líneas de frente en lugares como Siria, Irak, Palestina, Ucrania o Yemen y se hizo mundialmente famosa por transmitir en directo desde las calles de Kabul (Afganistán) la toma de poder de los talibanes, en agosto de 2021. Tienen en su haber varios premios Emmy y Peabody y es autora del autobiográfico "On All Fronts: The Education of a Journalist", donde narra su experiencia cubriendo la guerra y el extremismo global.
En redes sociales, Ward tiene un enorme predicamento, tanto en sus publicaciones sobre el terreno como en las reflexiones que hace en la retaguardia, en casa, tratando de explicar con calma las claves de los acontecimientos. Y esta semana se ha dedicado a mirar la crisis de la frontera entre Ceuta y Marruecos desde otro ángulo, poco explorado.
"Las imágenes que han salido de Ceuta en los últimos días van a tener un gran impacto en la política y en las elecciones aquí en Europa", arranca su vídeo en Instagram, que recuerda a quien haya estado "completamente desconectado" que miles de personas, hasta 72.000, han pasado por el Tarajal estos días. Iban 72 víctimas mortales cuando tomó el micro de solapa. Ahora se sabe que son al menos 141.
Resalta que, según España, prácticamente todos los migrantes que cruzaron a su territorio ya estaban en Marruecos de vuelta. "Pero la rápida resolución de esta crisis no cambia el impacto de las imágenes que estamos viendo. Y no sólo porque los políticos estén intentando sacar rédito de lo sucedido y de las causas que lo provocaron, sino también por el efecto que tienen sobre ciudadanos corrientes como tú", indica.
"¿A qué me refiero? Hay un fenómeno extraño, pero bien documentado, que ocurre en el cerebro humano cuando observa una multitud en lugar de un rostro individual. En 2021, un grupo de investigadores realizó diez experimentos con cerca de 4.000 europeos y descubrió que el simple hecho de ver a refugiados sirios retratados en grandes grupos, en lugar de individualmente, hacía que los espectadores les atribuyeran una menor capacidad para sentir culpa, ternura y compasión. En otras palabras, menos emociones de las que asociamos con ser plenamente humano. No porque los observadores sean crueles, sino porque la propia imagen, a esa escala, activa algo más parecido a una respuesta de amenaza que a una respuesta empática", explica la reportera.
De fondo a sus palabras se añaden capturas y resaltados de un informe llamado When the lens is too wide the political consequences of the visual dehumanization of refugees (Cuando la lente es demasiado amplia, las consecuencias políticas de la deshumanización visual de los refugiados), publicado por la revista Nature, con entrevistas a más de 4.000 ciudadanos europeos.
Los especialistas Ruben T. Azevedo, Sophie De Beukelaer, Isla L. Jones, Lou Safra y Manos Tsakiris dan nombre a este fenómeno: el "efecto de la víctima identificable". Funciona a la inversa de lo que podríamos esperar, expone la reportera: "cuanto más personas aparecen sufriendo en una misma imagen, menos probable es que cualquiera de ellas sea percibida como una persona individual". La insensibilización queda clara.
El estudio también reveló que, después de ver imágenes de grandes grupos, los participantes "eran significativamente menos propensos a firmar una petición favorable a los refugiados" y, en cambio, "significativamente más propensos a firmar una petición contraria a ellos". "Y este detalle es importante", resalta Ward. La razón: que también aumentaba de forma "medible" la probabilidad de que los encuestados "eligieran un rostro con apariencia más dominante y menos fiable, algo que el propio estudio describía como líderes con una apariencia 'autoritaria' en una tarea hipotética de selección de líderes".
La informadora de la CNN no nombra las palabras "ultraderecha" o "extrema derecha", pero sobrevuelan su vídeo todo el tiempo.
Una vez visto...
El estudio de hace cinco años se centraba en refugiados sirios que huían de una guerra, algo que no se iguala ni por cifras ni por motivaciones con lo ocurrido entre España y Marruecos. "Los migrantes que cruzaron a Ceuta eran principalmente marroquíes y, en su mayoría, no parece que estuvieran escapando de un conflicto armado. Europa absorbió aproximadamente un millón de refugiados en 2015. En Ceuta, en cambio, casi todos los migrantes que cruzaron ya han regresado a Marruecos", insiste la periodista.
Habrá, pues, quien trate de relativizar el impacto de lo visto, dadas las diferencias. Pero, aún así, en vista de las conclusiones del informe, lo que teme Ward es que las imágenes permanezcan mucho tiempo en la retina de los ciudadanos, empezando por nuestro país y por el resto de Europa.
"Las imágenes no desaparecen de la memoria. ¿Recuerdan aquel infame cartel de campaña que Nigel Farage lanzó en 2016?", dice, mientras se ve al líder ultraderechista de Reino Unido, entonces al mando de UKIP y ahora de Reform UK, presentando una campaña de cara al refrendo del Brexit. Mostraba una larga cola de inmigrantes y refugiados (ninguno de ellos de raza blanca) junto al eslogan "Ruptura: la UE nos ha fallado". Fue denunciado por por incitar al odio racial.
"A estas alturas todavía no sabemos realmente cómo ocurrió lo de Ceuta ni por qué ocurrió. Y en las próximas semanas y meses aparecerán muchos reportajes rigurosos e importantes que intentarán explicarlo. Pero, según mi experiencia, las elecciones suelen decidirse más por la imagen que permanece grabada en la mente y en las emociones de la gente que por la nota al pie que más tarde la corrige", concluye.
Todo un aviso a navegantes.