La Guardia Civil recupera en Sevilla una bula papal del siglo XVI sustraída por un vecino hace 50 años
La historia de la bula que el Papa Pío V había promulgado durante su pontificado hace cinco siglos, concediendo privilegios e indulgencia plenaria a Fernando Arias de Saavedra, VII señor de El Viso y IV conde de Castellar, y a los hombres que combatieron junto a él en la Batalla de Lepanto, se conocía desde siempre en el Viso del Alcor, un pueblo de poco menos de 20.000 habitantes de la provincia de Sevilla del que eran originarios muchos de aquellos combatientes.
Hoy, recuperada por la Guardia Civil, esta pieza de gran valor histórico regresa al Viso del Alcor y devuelve a esta localidad sevillana un documento estrechamente relacionado con uno de los episodios más importantes de su historia.
Como si de un cuento se tratase, la leyenda de la bula se había transmitido de padres a hijos durante los últimos 450 años. Sin embargo, hacía décadas que se le había perdido el rastro y la falta de información sobre su paradero llegó incluso a poner en duda su propia existencia y el verdadero alcance histórico del documento. Muchos llegaron a pensar que se trataba tan sólo de una vieja historia que tenía más de mito que de realidad.
Tras dos años de trabajo, agentes del Área de Investigación de la UPRONA y del Grupo de Patrimonio de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Sevilla daban con ella. El documento, asociado a la Batalla de Lepanto y al señor de El Viso, había estado más de cincuenta años en casa de un vecino del pueblo que, conocedor de su valor histórico, la encontró cuando era un niño y la ha conservado todo este tiempo entre sus posesiones más preciadas.
El vecino, que prefiere mantener el anonimato, no había cumplido los 15 años cuando se topó con la bula de Pío V. En la antigua parroquia de Santa María del Alcor estaban de obras y entraba y salía gente ajena al templo constantemente así que este niño visueño, que hoy rondaría los 70 años, decidió llevársela a casa y guardarla. Pasaron los años y el niño fue creciendo, pero nunca llevó la bula de regreso al templo.
En octubre de 2024, agentes de Patrimonio de la Guardia Civil comenzaron a buscarla y pusieron en marcha una singular investigación para dar con ella, descubrir qué había ocurrido con el documento y averiguar donde habría estado todos estos años. En este tiempo, los agentes trataron de reconstruir la historia reciente de la bula y dar con indicios que les permitieron determinar dónde o quién podría tenerla.
Se toparon con referencias al documento pontificio en varias publicaciones, entre ellas, un artículo publicado en el año 2000 y otro, de mayo de 2025, en una revista cultural local. Ambos incluían una fotografía de la pieza.
Poco a poco fueron cerrando el círculo hasta que dieron con aquel niño que en los años setenta se había llevado a casa la bula de Pío V. Nunca trató de venderla ni de obtener beneficio económico alguno, solo quería "protegerla y preservarla", dijo a los agentes cuando le tomaron declaración.
Una vez descubierto, entregó voluntariamente el pergamino histórico, una de las dos únicas bulas que se cree envió Pio V a Sevilla durante su pontificado.
La intención nunca fue espuria y en cualquier caso, el delito habría prescrito por lo que este hombre no se enfrenta a ningún cargo, han explicado a EL MUNDO desde Guardia Civil, pero dada la trascendencia que el documento tiene para el pueblo, no quiere que se sepa su nombre, aclaran.
El análisis de la pieza determinó que presentaba características materiales, paleográficas y gráficas compatibles con un documento pontificio original de la segunda mitad del siglo XVI, correspondiente al pontificado de Pío V.
Esto y la comparación de una copia del asiento registral original de la bula, conservado en el Archivo Apostólico Vaticano, con el documento recuperado en España ha permitido confirmar su autenticidad y acreditar que se trata de la bula cuya pista se había perdido hace medio siglo.
La Batalla de Lepanto y el Viso del Alcor
Un 7 de octubre de 1571 la armada de la Santa Liga -una coalición militar financiada en gran parte por Felipe II de España- se enfrentó a la armada turca en el Golfo de Patras, frente a las costas de la ciudad griega de Naupacto, también conocida como Lepanto. El objetivo de la Santa Liga -impulsada desde Roma por el Papa Pío V- no era otro que frenar la creciente expansión del imperio otomano en el Mediterráneo.
En aquella contienda naval, que dio la victoria al ejército católico comandado por don Juan de Austria -hijo ilegítimo de Carlos I- y que ha pasado a la historia como la Batalla de Lepanto, lucharon, entre otros, un joven Miguel de Cervantes Saavedra, al que un disparó le alcanzó la mano izquierda, inutilizándosela de por vida, lo que le valió el sobrenombre de 'el Manco de Lepanto'.
Años más tarde, en el prólogo de sus Novelas Ejemplares, el genial literato español se refirió a la Batalla de Lepanto como "la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros".
Igual que Cervantes, en las naves del imponente ejército católico se embarcaron otros tantos españoles, entre ellos, Fernando Arias de Saavedra, que lo hizo junto a un nutrido grupo de hombres del Viso del Alcor.
Tras la batalla y en agradecimiento a su contribución a la causa, Pío V promulgó una bula papal en la que otorgaba privilegios e indulgencia plenaria a la parroquia de Santa María del Alcor en agradecimiento a Fernando Arias y a los hombres de su comarca que acudieron a combatir a Lepanto.
En la parroquia visueña permaneció durante siglos hasta que un crío del pueblo se lo llevó a casa. Hoy, recuperada por la Guardia Civil, vuelve a estar donde le corresponde.