Lo de acostarse con gente empezó / en 1963 / (más bien tarde para mí): / cuando levantaron la prohibición de Chatterley / y los Beatles grabaron su primer elepé. / Antes solo había habido / algo así como un regateo, / disputas por un anillo, / un oprobio permanente / que empezó a los 16. Annus Mirabilis, el famoso poema de Philip Larkin, viene enseguida a la cabeza al leer El público secreto, el monumental libro que Jon Savage se ha dedicado a narrar la historia de la cultura popular a través de sus artistas LGTBIQ+. O, por darle la vuelta a la definición, el libro que cuenta la historia de la liberación sexual de gays y lesbianas a través de un puñado de artistas y obras de arte que abrieron el camino y lo simbolizaron. Little Richard aparece en la portada y en el primer capítulo. En las siguientes 700 páginas se suceden las historias de James Dean, SalMineo, Andy Warhol, Dusty Springfield, Janis Joplin, los sastres mods, The Kinks, The Rolling Stones, The Beatles y Brian Epstein, Village People, Rock Hudson, New York Dolls, Joe Dallesandro... Esa lista incluye a muchos heterosexuales, sí. También Philip Larkin fue heterosexual.
- ¿No es un poco raro que Larkin, que era una criatura de Oxford, 20 años mayor que Lennon y McCartney, usara la referencia de los Beatles en su poema?
- Supongo que los Beatles simbolizaban para él un cambio radical en la sociedad, una revolución que se basaba en la sexualidad y en la transparencia ante la sociedad. ¿Cuando nació Larkin? ¿En 1922, 1923? La gente que nació en los años 20 y 30 tuvo una actitud muy diferente ante la sexualidad y la homosexualidad a la de alguien nacido en 1945. Con un poco de suerte, un inglés de 1945 fue parte del cambio que representaron los Beatles. Supongo que hay un poco de envidia en esos versos, envidia por no haber podido vivir con ligereza. La verdad es que me interesan más los Beatles que Philip Larkin.
Jon Savage no es cualquier escritor: su carrera empezó en el periodismo musical pero, desde ahí, se dirigió hacia la historia de la cultura. Escribió la biografía de los Sex Pistols England's Dreaming y la del año 1966, 1966: The Year the Decade Exploded. En 2018, publicó en España Teenage: La invención de la juventud, una historia de la adolescencia entendida como un fenómeno cultural moldeado por el romanticismo del siglo XIX, la sociedad de consumo, el trauma de las dos guerras mundiales y la llegada de las radios y los tocadiscos a las casas de la clase media europea y estadounidense. El público secreto, en parte, empieza donde terminaba Teenage ya que explica la liberación gay como una consecuencia de la eclosión del concepto de adolescente en la primera mitad del siglo XX.
Así que, si Larkin hablaba de 1963 como el año en el que cambió todo, ¿cuál fue el año simbólico de la liberación gay en el mundo de la cultura pop? "1967, quizá. En 1957 ya hubo un hito en el Reino Unido, el Informe Wolfenden, que recomendó despenalizar parcialmente las relaciones sexuales consentidas entre hombres. Ahí empezaron a cambiar algunas cosas. En 1964 aparecieron dos libros de éxito que retrataron de una manera diferente el mundo de los homosexuales hombres. En 1967 el Gobierno asumió el Informe Wolfenden y lo aplicó por fin. Y entonces ocurrió algo muy importante: se acabó el chantaje, que era era algo tremendo. A Brian Epstein le hicieron chantaje".
La conversación con el autor de El público secreto pasa del conocimiento histórico al relato personal. Por ejemplo: ¿por qué no aparece Elton John en el libro? "Aparece una vez y no aparece más porque no me gusta. Me parece horroroso. No me gusta y no lo necesito para contar lo que quiero contar. No es una enciclopedia de gays y lesbianas. Ese libro ya lo hizo Martin Aston [Breaking down the walls of heartache], y es muy valioso", contesta Savage, guasón y seguro de sí mismo.
Entonces, ¿se anima al menos a comparar el impacto de Rodolfo Valentino y de Marlene Dietrich en el periodo de entreguerras con el de, por ejemplo, James Dean y Dusty Springfield, en los años 50 y 60? "Valentino y James Dean nos parecen muy diferentes porque la manera de actuar de Valentino es de otra época, nos queda muy lejana. Pero hay algo que los une. A menudo, las grandes estrellas de la cultura popular han tenido un aura de ambigüedad y de androginia. De Marlene Dietrich se pensaba que era lesbiana porque llevaba pantalones. Valentino parecía homosexual porque se maquillaba y llevaba joyas. Y su estrellato empezó por un hecho muy importante: las chicas lo adoraban. Eran las chicas las que lo querían así, nada macho, sensible, un poco femenino. Con James Dean fue la misma historia". ¿Y Marlene Dietrich? "Marlene Dietrich era una mujer divertida, retadora. Dusty Springfield era lo contrario, una chica torturada que lo pasaba mal".
- Entonces, lo que hace que la cultura popular del siglo XX promueva imágenes de ambigüedad y transgresión sexual es la demanda de las mujeres que idealizan a hombres más femeninos después del desastre de las dos guerras mundiales. ¿Es eso?
- Sí. Las mujeres ya no querían a John Wayne, querían a James Dean. Y ese proceso se alimentaba a sí mismo. En las primeras fotografías de los Beatles, ¿quién los rodea? Las fans, las chicas. Por tanto, los Beatles eran feminizados, se volvían femeninos ante la mirada del mundo. A Elvis Presley le pasó lo mismo. A Elvis se le caricaturizaba como a un artista de burlesque. O a Frank Sinatra. Hoy nos parece increíble pero Sinatra parecía 'no suficientemente hombre'. Lo interesante es que esa percepción abría oportunidades para los hombres y las mujeres homosexuales.
Tomemos, por ejemplo a los Rolling Stones, que aparecen descritos tres veces seguidas en El público secreto en la página 308: eran "ariscos, desaliñados, delincuentes" en 1963. Eran "elegantes, afeminados y callejeros", en 1967. Se les reconocía por su "pelo largo, ropa elegante, lenguas afiladas y porque, a medida que avanzaba la década, eran cada vez más andróginos". Unas líneas adelante se lee: "El manager Andrew Loog Oldham los manipuló y dio forma, los moldeó a su imagen y semejanza. [...] Andrew descubrió el mundo gay en Londres y se volvió muy amanerado. A Mick le encantaba y copiaba todos sus gestos". Como es sabido, Jagger y compañía se acostaban con mujeres, con una tras otra, pero su apariencia animaba a su público a "experimentar con distintas ideas sobre el género y la apariencia", según se lee en el libro de Savage.
- ¿Cuál es el artista más relevante en esta historia?
- Sylvester. El libro empieza con un artista negro lleno de furia, Little Richard, y acaba en Sylvester, que representará el final del viaje. Sylvester asume quién es con alegría, no pide perdón, se divierte y tiene un gran éxito [You Make Me Feel (Mighty Real)]. Bueno, David Bowie es el segundo artista más relevante pero a poca distancia.
- ¿Y en su vida? ¿Qué artista ha sido importante en su historia de hombre homosexual?
- Bowie, sin duda. Estoy pensando en una declaración que dio en enero de 1972. Dijo: "Soy gay y soy feliz". En esa época yo estaba obsesionado con su canción Queen Bitch. En 1972 empezaba a darle vueltas a la idea de buscar activamente la compañía de otros gais, aunque yo sabía que era homosexual desde antes, desde los 13 o los 14 años. Por eso, la música de 1966 y 1967 resuena con mucha fuerza en mí. La Velvet Underground, por ejemplo. Empecé con 14 años a escuchar a la Velvet y fue una obsesión. Mis amigos de clase escuchaban Deep Purple y Black Sabbath. Y yo les decía: no, no y no, muchas gracias, pero no. Después, me acuerdo de Roxy Music. No diría que fuesen un grupo muy gay en sus temas, pero la sofisticción de sus canciones y de su imagen fue importante para mí. Y yo estuve en el punk, obviamente, aunque el punk, al principio, no era muy amistoso con el tema gay.Hay una línea de Sex Pistols en la canción New York que dice "You poor little faggot" ["Tú, pobre mariquita"]. Me acuerdo de ir con amigos a un concierto de los Screamers en Los Ángeles. La mitad de los que íbamos éramos gais y ninguno dijo nada. Después, llegaron Soft Cell, Boy George y Annie Lennox. Y me gustó mucho Sylvester.
"Para mí, hubo otro momento clave en mi vida", continúa Savage. "Vi una película llamada The War Game de Peter Watkins, un documental hecho sobre el supuesto de que una bomba atómica caía en una ciudad de Inglaterra. ¿Qué pasaría? Salí del cine con una sensación de desengaño terrible. Todo me parecía un engaño.Lo que decían mis padres, lo que decían mis profesores... Pensé por primera vez que todos deberíamos vivir en la manera en que deseamos".
- Ahora que se acaba de morir David Hockney, él sí que aparece en su libro.
- Aparece poco y ahora me arrepiento de no haberle dedicado más páginas.Qué pena que se haya muerto. Fue uno de esos artistas que abrieron camino. Hace un par de años hubo una exposición en la Tate Modern sobre pintura británica en la segunda mitad del siglo XX y el momento culmimante era una sala en la que aparecían confrontados un cuadro de Hockney y otro de Francis Bacon.
- ¿Y a usted le gustaba más el de Hockney?
- Sin duda. Bacon está lleno de culpa, dolor y violencia.En Hockney está la alegría. Bacon era mayor y representaba el momento previo a la libertad gay. Es un pintor muy potente pero es tan oscuro... Mucha gente ha luchado por superar ese momento. Yo no necesito recordar esa imagen. No me gusta. Me gusta la alegría y el amor a la vida.
Lo justo será terminar con Annus mirabilis, el poema de Philip Larkin sobre 1963. "De golpe, entonces, paró la pelea: / todos sintieron lo mismo / y vivir se transformó / en un brillante saltar la banca, / en un no poder perder".