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Lamine Yamal también llena la panza del Barça en Europa

Lamine Yamal también llena la panza del Barça en Europa

syaCuántos goles marcará el Barça es una pregunta que ni cotiza siempre que Pedri y Lamine Yamal estén en el campo. Es cuestión de tiempo que uno agite la varita y el otro afile el colmillo para que, aun sin 9 puro, acabe dándose un festín. Si en la Liga arrasa a rivales sin piedad, cuando cruza la frontera encuentra a rivales correosos que le encuentran las cosquillas... también. Porque cuanto más cuesta arriba se pone un duelo, más agita Lamine al equipo para desatar una voracidad que les acaba llenando la panza. Ni siquiera necesita a Raphinha. [Narración y estadísticas: 1-4]

No es el Barça perfecto, porque es una tarea titánica mantener su portería a cero en Europa, pero necesita poco para ajustar la mirilla. Al Galatasaray le costó media hora aguantar el vendaval que desataba Pedri en cada pelota que pasaba por sus botas. Sin el brasileño, ese bendito 9 que se encontró Flick, tocaba jugar sin una referencia clara, con Dani Olmo de avanzadilla, pero con Lamine, Anthony Gordon y hasta Fermín aparecieron para desajustar la zaga turca, que empezó atosigando con faltas.

El canario es capaz de pensar con claridad bajo toda la presión que se pueda imaginar y encontró a Olmo, con un pase filtrado que rozó Lamine para anularlo todo por fuera de juego, pero también al extremo inglés, que se sometió a Yilmaz una y otra vez. El Barça pisaba el área con facilidad, aunque sin encontrar la lucidez de la definición. Parecía cuestión de paciencia que alguno de los talentos en ataque azulgrana ajustara ese último disparo. Fue Olmo el que tuvo la mejor ocasión en un centro de Lamine al segundo palo que no pudo conectar de cabeza.

Media hora de dominio del Barça que borró de un plumazo Rafael Leao, ganándole la carrera a Eric García por el costado izquierdo para servir un balón a la frontal donde, solo, apareció Batrakov para rematarlo, con tan buena suerte que un leve roce de Cancelo en su intento de despeje evitó la parada de Joan Garcia. En la primera contra, el Galatasaray ya tenía premio. Pero es que aún puedo hacer más daño. En un córner al segundo palo apareció Osimhen, sin Cubarsí en su vigilancia, para peinar la pelota y que Yilmaz la mandara de otro testarazo al fondo de la red. Esta vez la suerte fue del Barça porque el turco estaba ligeramente adelantado y las líneas del VAR lo pillaron. No subió el gol al marcador porque, aunque pareciera demasiado castigo, había sido fruto del acertado despertar de los otomanos.

Ese aldabonazo volvió a despertar al conjunto de Hansi Flick al filo del descanso. Fue Cancelo quien apareció por el perfil zurdo para cazar un balón que quedó vivo después de que los centrales turcos tumbaran a Lamine y Olmo en la frontal. El empate del portugués permitía al Barça resetear y apretar el acelerador, forzando a Galatasaray a sujetarse en su guardameta. Çakir atajó el disparo de Gordon con una mano vital y despejó de manera magistral una falta directa del falso 9 inventado para este partido.

Lamine, desencadenado

No retrocedió ni una pizca la intensidad de los blaugranas en la segunda parte. Es más, apareció su colmillo. Si alguien en el Ali Sami Yen pensó que su equipo había conseguido eclipsar a Yamal, cuánto se equivocó. Ese jugador al que el centrocampista Lemina vaciló con que no había oído hablar de él dejó su huella en Estambul.

Primero se asoció con taconazo y pared con su amigo Fermín para dejar a Gordon un remate franco que el inglés no sabe ni cómo falló. Después le regaló el segundo gol culé al onubense, poniéndole en la cabeza un centro con el interior que apenas tuvo que empujar. Probó también el candidato al Balón de Oro con el remate que lleva su sello, ese recorte para armar su zurdazo, pero decidió dejar una perla nueva: se lanzó hasta la línea de fondo en una pugna con Elmali, en un flash pensó en la rabona, rectificó sobre la misma raya, recortó y centró con el exterior para que Gordon, esta vez sí, marcara el tercero. Aún le quedaba algo más en la chistera, un centro a Gabriel Jesus que, con el mal control del brasileño, se convirtió en una asistencia para el gol de Adeyemi en la primera pelota que tocaba. Para entonces, el Galatasaray se había esfumado.


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