Los penaltis condenan por tercera vez consecutiva a Países Bajos y Marruecos jugará ante Canadá
El premio era cruzarse en octavos con Canadá. Una presa demasiado golosa para Marruecos y Países Bajos, que libraron en Monterrey una colosal batalla, plagada de todos los elementos que convierten a la Copa del Mundo en un espectáculo inigualable. La intensidad dramática alcanzó su apoteosis en la tanda de penaltis, donde una parada de Bono ante Crysencio Summerville y el acierto postrero de Ismael Saibari otorgaron el pase a los Leones del Atlas. [Narración y estadísticas (1-1, 2-3)].
Otra vez la maldición de los 11 metros para los holandeses, que encadenan 16 partidos sin perder en el torneo, pero que vuelven a despedirse del modo más atroz. Como en las semifinales en Brasil 2014 y los cuartos en Qatar 2022. Ambas frente a Argentina. Otro revés para Ronald Koeman, incapaz de sujetar los nervios en toda la noche. En el cómputo global de los 120 minutos, Marruecos fue mejor, pero el desenlace resultó de una crueldad intolerable para la Oranje.
Neil El Aynaoui abrió para los marroquíes con un balonazo al larguero y Justin Kluivert se topó de inmediato con el poste. En el tercer turno, Bart Verbruggen parecía tener en su poder el disparo de Soufiane Rahimi, antes de que el balón se le escabullera entre las piernas. A Quinten Timber le traicionaron los nervios y envió fuera su lanzamiento, pero Achraf Hakimi tampoco pudo mantenerse ajeno a la presión. Al borde del colapso cardiaco, los hinchas neerlandeses asistieron a la asombrosa intervención de Bono, la manopla arriba, sin dejarse vencer ante el engaño de Summerville. El quinto turno fue la justa recompensa al partidazo de Saibari.
16 años después
Habían transcurrido ya dos horas largas desde la primera irrupción de Summerville, erigido en figura de este Mundial. Mucho más serias fueron las dos llegadas inicial de Marruecos. Un cabezazo de El Aynaoui, a la salida de un córner, que debió tapar Verbruggen como mejor pudo. Un minuto después, Hakimi exigió otra certera respuesta al guardameta del Brighton & Hove Albion.
Este sistema defensivo Koeman, con sus tres centrales, nada tiene que envidiar a los erigidos por Bert van Marwijk o Louis van Gaal. Y más allá de los gustos o las exquisiteces baste recordar que la última derrota oranje en la Copa del Mundo se remonta a la final de 2010 contra España. Es un portento físico este equipo naranja, que percute, que choca, que jamás ceja en el empeño. Salvo Frenkie de Jong y Denzel Dumfries, sus otro nueve titulares proceden de equipos de la Premier League, así que ritmo hubo a raudales en el Estadio Monterrey.
Al filo del descanso, Bono tuvo que interponer una manopla para sacar por encima del travesaño el zurdazo de Micky van de Ven. En el tiempo añadido, Saibari no acertó a empujar, en el segundo palo, un libre directo servido por Hakimi desde la derecha.
El mayor inconveniente para Koeman fue que todas las virtudes de su equipo resultan equiparables a las de su rival. Como en su debut ante Brasil, la campeona de África se mantenía al acecho, afilando sus cuchillos, a la espera de cualquier despiste. Tras el paso por vestuarios, Azzedine Ounahi empezó a sentirse más cómodo y Brahim Díaz pudo dibujar alguna filigrana.
Cuando el centrocampista del Girona puso dos balones al espacio para Hakimi, la Oranje Army se echó a temblar en las tribunas. El primer disparo del capitán marroquí hizo saltar astillas en el travesaño y el segundo no fue gol por la providencial aparición de Van de Ven. La situación se antojaba crítica, así que Koeman tuvo que intervenir de manera urgente.
Las lágrimas de Gakpo
Tras el parón para los anuncios, rompió su línea de tres centrales para dar paso a Teun Koopmeiners y así igualar el pulso en la medular. Aún más chocante fue su apuesta por Wout Weghorst, un veterano que levanta 197 centímetros del suelo. Por azares del fútbol fue el punta del Ajax quien inició la acción del 1-0, ganando un balón aéreo al despistado Mazraoui. A la fe de Summerville, asisitiendo desde el suelo, hubo que añadir la puntualísima aparición de Gakpo.
El sexto gol para el futbolista del Liverpool en la Copa del Mundo, su competición fetiche. En 2022 había marcado de forma consecutiva en las tres jornadas de la fase de grupos. Hace unos días ya le hizo un doblete a Suecia, pero este gol era especial. Sólo unas horas antes su pareja había perdido, en el quinto mes de embarazo, el hijo que esperaban.
Con apenas 20 minutos por delante, Mohamed Ouahbi debía tomar decisiones. Alguna inevitable, como prescindir de Ayyoub Bouaddi, el mediocentro sobre el que orbita su fútbol. Otra impopular, como sentar a Brahim, el ídolo de 38 millones de compatriotas. El infatigable Saibari se veía demasiado solo ante Virgil van Dijk, que empezó a festejar cada tackle como un gol por la escuadra. Todo parecía perdido para los Leones del Atlas. Hasta que en el primer minuto del añadido, Issa Diop se aventuró en el área rival para cabecear a la red un perfecto envío de Chemsdine Talbi.
Los nuevos bríos del extremo del Sunderland, belga de nacimiento y marroquí de adopción, se hicieron sentir también en la prórroga. Suya fue la jugada, en el minuto 98, para Rahimi, que hizo todo lo que se espera de un delantero. Una maniobra deliciosa para dejar sentado a Koopmeiners y un remate de primeras que ya presagiaba el 2-1. Verbruggen, con la pierna y el guante derechos, protagonizó una de las mejores paradas del certamen.
Marruecos persistía en su dominio, aunque ya nadie contaba con gasolina en la reserva. El viernes había arrancado con el agónico gol de Gabriel Martinelli a Japón y el fracaso de Alemania ante Orlando Gill. Después de tres semanas y una ristra interminable de goleadas insulsas, el Mundial 2026 al fin puede darse por inaugurado.