El amor entre Leo Messi y el Mundial ha surgido en la madurez, algunos dirían que de manera tardía, pero el argentino está escribiendo su página propia en la historia del campeonato de la FIFA. Aunque sea en su sexta participación y a un día de cumplir 39 años, tras dos temporadas jugando en la MLS con el Inter de Miami y alejado de la presión de los títulos que vivió en su etapa en el Barça y en el PSG.
Cuajar un torneo donde sonreír y disfrutar era la guinda que le faltaba después de alzar la Copa del Mundo en Qatar, pero es que además se ha soltado la correa para pulverizar no sólo sus registros personales, sino los de la historia de la competición.
Con su doblete ante Austria, sumado al hat trick frente a Argelia, ya es indiscutiblemente el máximo realizador histórico de la Copa del Mundo, superando a Miroslav Klose y dejando atrás a uno de sus ídolos, Ronaldo Nazario. «Él tuvo varias lesiones graves de rodilla y yo por suerte no», dijo cuando le mostraron al brasileño proclamándole mejor jugador de la Historia. La razón que aún impulsa a Messi es sencilla: «Disfruto de jugar, de pasarlo bien dentro del campo».
«Se le nota comprometido»
El argentino vive rodeado de una banda que, como ocurrió hace cuatro años, le rodea y le ayuda a ser mejor. Quizá esa sea una clave que explique por qué sus números mundialistas son mejores ahora que cuando estaba en el mejor momento de su carrera. Debutó en el Mundial de Alemania y marcó su primer gol, a pase de Carlos Tévez, un 16 de junio a Serbia. Justo ante Argelia hace una semana, cuando hizo el hat trick, se cumplieron 20 años. De Sudáfrica en 2010 se volvió en blanco y se desquitó en Brasil con cuatro tantos y el amargo sabor de perder la final contra Alemania. En Rusia, ya con muchos galones, no le fue mejor: un gol.
No arrancaba Messi, que acumulaba un Balón de Oro tras otro, y no funcionaba Argentina, un orden que cambió en positivo en las dos últimas ediciones. «Cuando se activa Leo, se activan todos. Ese es el mérito del equipo», resumía Lionel Scaloni, el hombre que ha encontrado las teclas para hacerle disfrutar y que parezca eterno. «Se le nota comprometido y es por algo», defendió el seleccionador, que lo rodea para que le alcance a todo, aunque eso suponga sacrificar otros peones: «Leo juega porque lo digo yo», sentenció.
Si alguna vez se cuestionó a Messi por sus resultados, ya nadie puede hacerlo. Si en Qatar marcó siete goles y les llevó a la tercera estrella, en Estados Unidos, en solo dos partidos, lleva cinco, y ahora espera Jordania. Es fácil que supere esa cantidad y sume otro récord más. «Estoy feliz por los goles, por la victoria y por clasificar primeros. Lo importante es que el equipo ganó a un rival intenso. Había que jugarlo y lo sacamos de esta manera», se limitaba a reconocer el jugador, que suma proezas. Son 18 goles en Copas del Mundo, pero también es quien más partido ha jugado, 28, con más minutos (2.489) y quien más ha festejado la victoria (18).
Encima, quiere más. «Me dio bronca fallar el penalti porque lo pateé muy mal», se lamentaba en la zona mixta, rodeado de decenas de micrófonos que buscaban su reacción y a los que, algo que no esmuy habitual, fue atendiendo poco a poco, con los mismos argumentos. A los récords ni les echa cuentas. «Feliz por regalarle alegría a la gente, a los nenes, a quien lo vieron en el trabajo. Hay que ir pasito a pasito, que esto es largo», advirtió.
«Es el mejor de la Historia. No sé si porque ya ganamos todo y está más tranquilo, o porque cada vez quiere más. Es un ejemplo para nosotros», resumía Emiliano Martínez, el guardameta de la Albiceleste. De momento, la banda ya piensa cómo van a celebrar que el mejor hombre en un Mundial cumple mañana, 24 de junio, 39 años, a pleno rendimiento y liderando el camino a la cuarta estrella.