Estos días hablar de hogar es hablar de cómo se pasa el calor extremo en tu casa. Gente sin aire, gente con aire, ventiladores de techo, ventanas abiertas o cerradas copan la conversación. Si el concepto hogar va asociado generalmente a calidez, ahora queremos lo contrario: fresquito.
Llevo pocos meses en Madrid y decidí buscar piso compartido, para ver si ahorro y un día me cuelo en la estadística de las compraventas inmobiliarias, 50.000 al mes se cierran aunque han caído. Por ahora aparezco en las cifras de las personas que alargan lo de compartir piso más allá de los 40. Ya somos el 20%, según un estudio de pisos.com.
Y cuando uno se pone a buscar, sea piso o sea habitación, la competencia es tan voraz que, si te urge encontrar casa, tu filtro para elegir no es muy alto: que tus compis sean majos, que haya luz natural, que el piso no se caiga a cachos. La cuestión es que con este mercado salvaje, uno no tiene como ponerse exigente y condicionar su nuevo hogar a que tenga aire acondicionado y piscina.
Pues bien, ahí me tengo que considerar afortunado. Porque yo no lo sabía, pero al llegar a mi piso compartido comprobé que tiene aire acondicionado (bueno, y piscina, esto sí que lo sabía y la verdad es que es un lujo, lo menciono casi cada día porque nunca antes). Pasé una noche de martes horrible porque no lo pusimos, pero me recuperé bajo su brisa mientras escribía este post. No como el 33% de la población, que no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada en verano, según Greenpeace. Más que en invierno, aunque la pobreza energética sigamos viéndola asociada a los días de frío. Entre los más vulnerables, ese porcentaje se dispara al 53%. Madrid, Extremadura o Murcia superan el 60% de familias vulnerables que no pueden.
Pienso en las personas con problemas cardiovasculares y económicos. Solo se me ocurre que brigadas de instaladores de aires acondicionados se desplieguen para poner allí aires acondicionados. ¿Cuántas personas mayores morirán este verano por no contar con un aire?
Y pienso en las personas que buscan piso ahora. Con lo difícil que es encontrar cuatro paredes y un techo, estás para exigir aire acondicionado. Pero llegar a un hogar y pasar calor en las primeras noches te puede llegar a poner de muy mal humor. Y si tienes la suerte de tener aire, por si no fuera poco el precio del alquiler o de la hipoteca, lo difícil que es dejar de pensar en cómo vendrá la factura de la luz. Y ahí vive atrapada gran parte de la población, entre la pobreza energética y la emergencia de la vivienda.
Hay otras fórmulas, pero creo que menos eficaces que el aire acondicionado, durante las olas de calor. A mí el ventilador de columna siempre me ha ido de maravilla y voy a ver si me hago con uno para poder dormir sin aire. Pero tendrán que quedar disponibles en las tiendas, que viven verdaderos vendavales de compra de estos electrodomésticos.
Y luego está el aislamiento de las ventanas y una cosa muy española que consigue protegernos del impacto del sol para calentar las casas: las persianas. De esto me advierte la periodista Andrea Arnal, experta en cambio climático, que me da una idea que me guardo para hacer durante el verano sobre la importancia de este invento.
Los relatos de pobreza suelen tener momentos de pasar frío en la vivienda. Pero pasar calor en tu propia casa es una normalidad que va más allá incluso de las familias vulnerables y la protección a estas personas es lento e insuficiente.
El dato
7.726.708 son las viviendas no principales que hay en España. Cuando hablamos del déficit de 750.000 viviendas con respecto a la creación de hogares, una parte bien podría saldarse movilizando alguna de estas, que incluyen turísticas, segundas residencias y vacías, según el Observatorio del Ministerio de Vivienda. Son el 28,6% del total de viviendas en España y aunque se han reducido en los últimos años, desde 2002 oscilan en un porcentaje cercano al 30%. Entre ellas hay 341.000 viviendas turísticas en España, donde caben 1,7 millones de personas, un 10% menos que el año pasado.
Poder público
El PP sigue apretando a la Ministra de Vivienda en el Congreso y en el Senado mientras mantiene una política cuanto menos errática de vivienda en las Comunidades que gobierna, que son mayoría y es donde están la mayor parte de las competencias. Los precios no bajan más en estos territorios donde no aplica los topes al alquiler de la Ley de Vivienda y además, en Madrid, la vivienda asequible deja de serlo cuando se suman gastos inflados de comunidad, IBI, garaje obligatorio (a veces dos plazas para una persona) por encima del mercado y trastero. Es una realidad que atraviesa todos los bloques del Plan Vive.
No es que el Ministerio de Vivienda, que cumple 3 años en noviembre, haya mejorado la situación de la problemática que le da nombre. Al contrario, está peor que nunca y los precios no han parado de subir, si bien es cierto que se han contenido donde se ha aplicado el tope al alquiler. Pero en cualquier caso, la estrategia del PP de aceptar el dinero del Plan Estatal de Vivienda, aplaudido por el Banco de España aunque insuficiente para la mayoría de expertos con los que he hablado, y luego recurrir al Supremo las condiciones que no le gustan sigue siendo una estrategia del ruido por encima de los ciudadanos. Esta semana Extremadura, Andalucía y Madrid han registrado sendos recursos al Supremo porque, denuncian, el plan de cofinanciación vulnera competencias autonómicas.
Se cumplen también dos años desde que se registró en el Congreso la propuesta para regular el alquiler de habitaciones y de temporada, una vía de escape para esquivar las leyes de alquiler de la LAU y poner la vivienda a precios por encima de mercado y sin protección para los inquilinos. El propio Pedro Sánchez reconoció la urgencia de aprobar esta ley el pasado mes de enero, pero ahí sigue, paralizada.
Poder privado
¿Quién quiere centros de datos? El último boom tecnológico e inmobiliario, que crece al calor de una Inteligencia Artificial que flirtea con hacer estallar una burbuja, hace subir los precios de la luz y de la vivienda. Lo explica Antonio M.Vélez en esta noticia a partir de una investigación de Yale y Chicago. Lo que nos falta.
Booms como este responden a la innovación tecnológica. Otros, como el de vivienda, se aferran al desequilibrio entre la oferta y la demanda. O sea, una crisis, un momento de tensión, es una oportunidad para lucrarse. En su tendencia por contarlo todo en inglés, el sector inmobiliario ha invertido 471 millones en healthcare en el primer trimestre en Esapaña, cuarto mercado europeo. No es que sea negativo que vaya a haber más residencias de ancianos o hospitales privados, pero sí que habrá que estar atento a cómo avanza la privatización de la salud y a si la inversión pública en sanidad (con un modelo de control de calidad mejor que el de las residencias concertadas) también se pone las pilas.
De inversión inmobiliaria se habló también en una jornada de Culmia que me dejó bastante sorprendido. A la empresa inmobiliaria de promociones de obra nueva, que factura 480 millones al año, no se le ocurrió otra cosa que convocar la presentación de un informe sobre vivienda en una iglesia. Era todo muy extraño, entre luces doradas y con el título 'Golden years'. Lo son, de hecho, para estas empresas, pero no para quienes sufren la asfixia del alquiler o la presión de la hipoteca.
En las redes
Hay gente que no tiene vergüenza. Y en otro nivel están algunos promotores inmobiliarios como Julio Alcalde, CEO de Élite Inmobiliaria, vendiéndote esta azotea donde hay que vivir agachado como si fuera una ganga. Y por 259.000 euros. He tenido que regalarle una visualización al TikTok original para comprobar si era una broma o era real.
El lector denuncia (o consulta)
Si tienes alguna situación con tu vivienda que quieras denunciar, lo investigamos. Si tienes alguna consulta, hablamos con un experto o experta e intentamos resolverla. Escríbeme sobre todo ello a [email protected]
Me despido por esta semana con el deseo de que bajen algo las temperaturas y podamos vivir sin estar pendientes de si podemos sobrevivir a salir a comprar el pan.