La salida a bolsa de SpaceX este junio resume bien la lógica del nuevo Silicon Valley. La compañía espacial de Elon Musk llegó a superar en cotización a Amazon durante sus primeros días en los parqués, a pesar de que sus cuentas no tienen comparación posible: el año pasado Amazon ingresó 625.000 millones de euros, de los que extrajo unos 68.000 millones de beneficio neto. SpaceX facturó unos 17.000 millones, registrando pérdidas netas de 4.250 millones de euros.
Lo que la empresa de cohetes de Musk vende a los inversores no son sus cuentas, es una promesa. La de ser justo lo que ha sido Amazon hasta ahora: una de las empresas que sostenga la infraestructura básica de la sociedad digital. Si la megacorporación fundada por Jeff Bezos lo ha hecho en la era de Internet, SpaceX promete hacer lo mismo en la etapa de la inteligencia artificial.
El sorpasso de SpaceX evidencia una tendencia mayor que se consolidará con las salidas a bolsa de Anthropic y OpenAI, previstas para este año. Por primera vez en casi dos décadas, Silicon Valley asiste a un cambio de guardia en su corte tecnológica. Las GAFAM, las siglas que representaban a las empresas que articulaban buena parte de la actividad digital (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) están cediendo el paso a un nuevo acrónimo, bautizado por los analistas como los MANGOS.
MANGOS hace alusión a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Son las empresas por las que pasará (o se espera que pase) cualquier cadena de valor que involucre a la inteligencia artificial. Desde los chips a los centros de datos, pasando por las aplicaciones prácticas, tanto civiles como militares.
No es que Amazon, Apple o Microsoft vayan a dejar de dominar sus respectivos mercados. Siguen siendo máquinas de generar ingresos y beneficios estables, pilares de una economía digital ya consolidada. No obstante, su papel empieza a parecerse más al de compañías maduras que a las desarrolladoras de vanguardia. Así lo evidencian las declaraciones de sus propios directores ejecutivos, como el Apple denominando la IA actual como una “carrera sin sentido”; o el de Microsoft pidiendo que no se permita a las startups de IA “controlar la economía”.
El interés especulativo, y con él buena parte de la narrativa sobre quién va a moldear la tecnología que marcará próxima década, ha migrado hacia quienes compiten por definir la IA. Un grupo que sigue manteniendo tendencias propias del sector, como un personalismo casi dogmático en torno a la figura de sus líderes. Este es el quién es quién del nuevo grupo de los MANGOS:
Meta
Fundación: 2004 (reconversión en 2021).
Cotización bursátil: más de 1,25 billones de euros.
CEO: Mark Zuckerberg (42 años).
Fortuna personal: unos 1,75 billones de euros.
La primera superviviente del grupo de las GAFAM, pese a que estuvo a punto de caerse de él. Mark Zuckerberg pivotó su corporación de redes sociales, cambiándole el nombre de Facebook a Meta, por el metaverso, apostando el todo por el todo a esta tecnología. La decisión provocó la mayor crisis de su historia, gastando decenas de miles de millones de dólares en proyectos que no produjeron ningún negocio viable y llegando a caer un 76% en bolsa. Pero Zuckerberg convirtió la crisis en oportunidad: cuando llegó la revolución de la IA, solo tenía que redirigir ese esfuerzo a un nuevo objetivo.
Hoy Meta vale el doble que antes de meterse en el callejón sin salida del metaverso. Los analistas le conceden un lugar en los MANGOS a pesar de no ser un actor relevante en modelos avanzados de IA por su control de la cadena de valor: sus plataformas son el canal de distribución más grande del mundo, con más de 3.500 millones de usuarios activos. Simplemente por facilidad de acceso, Zuckerberg puede determinar qué IA usa buena parte de la población mundial.
No obstante, las dudas asaltan a su recién creado departamento de “superinteligencia”. Avocado, el último modelo de IA que está preparando, acumula tres retrasos consecutivos desde finales desde 2025 por no dar el nivel para competir con ChatGPT o Claude y los inversores vuelven a impacientarse. “Seguiremos realizando inversiones sustanciales en infraestructura para entrenar modelos punteros y ofrecer superinteligencia personal a miles de millones de personas y empresas en todo el mundo”, promete Zuckerberg.
Anthropic
Fundación: 2021.
Valoración: unos 830.000 millones de euros (última ronda de financiación privada).
CEO: Dario Amodei (43 años).
Fortuna personal: 13.500 millones de euros.
A finales de 2020, la presidenta de vicepresidenta de Seguridad y Políticas de OpenAI, junto con el vicepresidente de Investigación, decidieron salir del puntero laboratorio de IA. Daniela y Dario Amodei pensaban que la organización que terminaría alumbrando a ChatGPT no se estaba tomando lo suficientemente en serio la seguridad en el desarrollo de la IA. Unos meses después fundaron Anthropic. Este 2026 han conseguido algo que parecía imposible: superar a OpenAI como líder del sector de la IA.
Hoy Daniela es la presidenta de la compañía y Dario su director ejecutivo. La primera está gestionando la salida a bolsa de la empresa y su hermano, el desarrollo tecnológico. Anthropic representa la vanguardia de la IA, con los sistemas más avanzados y el proyecto más consistente para generar un modelo de negocio sostenible, apoyado en los usos empresariales. No obstante, su éxito la ha colocado en el disparadero: la Casa Blanca la vigila de cerca por la capacidad de sus inteligencias artificiales de explotar brechas informáticas, lo cual ha puesto en alerta la ciberseguridad mundial. Su modelo Fable ha sido el primero de la historia cuyo uso ha sido vetado a ciudadanos extranjeros, el último de una ya notable lista de choques de los Amodei con Trump.
Nvidia
Fundación: 1993.
Cotización bursátil: unos 4,5 billones de euros.
CEO: Jensen Huang (63 años).
Fortuna personal: 150.000 millones de euros.
En la fiebre del oro de la IA, Nvidia es la que vende los picos: sin sus chips, no hay carrera. Tras casi 30 años especializada en el hardware para videojuegos, un golpe del destino hizo que la misma arquitectura de procesador con la que lideraba ese negocio fuera también la ideal para entrenar inteligencia artificial. Esto la colocó como la principal proveedora del componente crítico del nuevo orden tecnológico, pero en el foco de todas las miradas que hablan de burbuja: ¿es sostenible que una diseñadora de chips sea el centro de la nueva economía de la IA?
Jensen Huang, su CEO, asegura que sí. Niega que vaya a haber una gran explosión y vaticina que esta tecnología se convertirá en un recurso básico de la sociedad, similar a la electricidad. “La IA no es un avance puntual ni una aplicación. Es infraestructura esencial. Todas las empresas la utilizarán. Todas las naciones la necesitarán”, afirma: “Los centros de datos van a pasar a ser realmente fábricas de IA. Generaremos IA igual que ahora generamos electricidad”. Mientras esos centros de datos sigan construyéndose sin parar, Nvidia seguirá surfeando la ola: en 2025 tuvo un beneficio neto de 103.000 millones de euros y un margen bruto del 75%, el más alto de todas las grandes tecnológicas.
Fundación: 1998.
Cotización bursátil: unos 4 billones de euros.
CEO: Sundar Pichai (54 años).
Fortuna personal: 1.400 millones de euros.
La segunda y última superviviente de las GAFAM. Como Meta, Google demuestra por qué la facilidad para llegar a los usuarios sigue siendo clave en la era de la IA. Su modelo Gemini es, para muchos, simplemente “la IA del móvil”. La que está ahí, siempre disponible. Está integrada en los teléfonos del sistema operativo Android, controlado por la multinacional, lo que hace que sea de uso masivo. Pero al contrario que los de Zuckerberg, Google sí se ha ganado una posición entre los sistemas más potentes, ya que Gemini rivaliza en capacidades con ChatGPT y Claude.
Haber sabido responder al envite inicial de OpenAI y adaptar su buscador y todas sus herramientas a la era de la IA la ha convertido en la segunda empresa más valiosa del mundo. Su liderazgo se parece más al de las empresas tradicionales, con un Sundar Pichai designado por el consejo y con menos capacidad de movimiento que otros magnates tecnológicos. Lo cual no evita que el enorme peso de Google, tanto económico como en sectores como la defensa, le granjeara un asiento en la famosa foto de Trump con su corte tecnológica. “La IA será el cambio más profundo de nuestras vidas. Mayor que el paso a la informática personal o al móvil. Y hará más para democratizar el acceso a la información que el propio internet”, dice.
OpenAI
Fundación: 2015.
Valoración: 756.000 millones de euros (última ronda de financiación privada).
CEO: Sam Altman (41 años).
Fortuna personal: 3.000 millones de euros.
OpenAI es el laboratorio que desencadenó la fiebre de la IA generativa y, en buena medida, la responsable de que hoy exista el acrónimo MANGOS. El 30 de noviembre de 2022, OpenAI lanzó ChatGPT y cambió para siempre la historia de la tecnología: en cinco días tenía un millón de usuarios; en dos meses, cien millones. Ninguna herramienta digital había alcanzado esas cifras tan rápido en toda la historia de Internet. Su CEO, Sam Altman, se convirtió en uno de los “profetas” que avisaban de la llegada de una nueva era y pasó tres años recorriendo capitales del mundo con la promesa de que sus productos lo iban a poner todo patas arriba.
El propio Altman ya ha empezado a reconocer que “se equivocaron bastante” en algunos de sus pronósticos, como el de que ChatGPT provocaría un apocalipsis laboral. Una autocrítica que llega en uno de los momentos más incómodos para la compañía: superada por Anthropic en tecnología, ingresos y valoración, OpenAI tiene sobre sí el peso de la duda de cómo va a financiar los ingentes gastos en computación que se ha comprometido a hacer en los próximos años, superiores al billón de euros. Una de las posibilidades que ha puesto encima de la mesa es extraer datos de los usuarios para hacer publicidad personalizada, algo que puede atemperar los nervios de los inversores pero disgusta a la inmensa mayoría de los usuarios.
SpaceX
Fundación: 2002.
Cotización bursátil: unos 1,75 billones de euros.
CEO: Elon Musk (54 años).
Fortuna personal: 850.000 millones de euros.
La empresa más heterodoxa del grupo, pero a la vez, la que mejor lo define. La principal característica de los MANGOS es que se han colocado en la posición de ser la infraestructura dominante de la IA, y SpaceX promete exactamente eso: está construyendo centros de datos masivos, tiene un modelo de lenguaje propio (Grok, que aunque avanzado, es el menos usado de todos y acumula polémicas) y quiere ser la ascensorista que ponga la IA en órbita.
Ahí, cree Musk, está el verdadero futuro de esta tecnología. El fundador de SpaceX ha pasado de hablar de “hacer posible la vida multiplanetaria” a insistir, en los últimos meses, en lo importante que sería controlar lo que pasa justo a las afueras de la atmósfera: “En cinco años habrá más IA en órbita que en la Tierra. La única forma racional de escalar el cómputo de IA es trasladarlo a un lugar con energía abundante y espacio”. Otros avisan de que se trata de una de sus ideas descabelladas, como el hyperloop.
Sin embargo, conviene prestar atención no solo a lo que Musk, sino también a lo que . El único negocio rentable de SpaceX a día de hoy es Starlink, su red de comunicación por satélite. La misma con la que el magnate frenó un contraataque ucraniano que pudo cambiar el curso de la guerra con Rusia. Una demostración de que estar en los MANGOS no es solo cuestión de cifras, sino de manejar las llaves de la infraestructura crítica de la era de la IA.