El tipo más bajito y menudo de toda la final era el más peligroso. Rebusca la ACB en su arcano para encontrar un MVP con semejantes números, un jugador más desequilibrante en el desenlace del título que Jean Montero. Desde Sabonis nada igual rezan los titulares y esa equiparación habla por sí sola. Más que las estadísticas (23,8, puntos, 5,5 asistencias y 30,3 de valoración...) y casi tanto como las sensaciones. Se recordará la segunda Liga Endesa del Valencia Basket y siempre irá unida al nombre propio del dominicano.
Un base, electricidad pura, que desequilibró al Barça como hizo con casi cualquiera esta temporada, su quinta en España. También con el Panathinaikos en los cuartos de final de la Euroliga (a pesar de sus 22 años) cuando intentaron pararle de cualquier manera, aunque incluso no fuera deportiva. Difícil ante un chico forjado en las calles de Santo Domingo, que, como contaba en una entrevista en este periódico, aprendió «haciendo un aro con la rueda de una bicicleta» mientras le rodeaban otras cosas, por ejemplo la delincuencia que acabó con su primo Pochocho.
Jean pondrá rumbo a Olympiacos en breve, un fichaje cantado, el mejor postor ante un talento que ya no tiene comparación en Europa. «Es un crack, lo ha hecho muy bien. Y estamos muy orgullosos de él. Donde vaya, bienvenido será», le lanzó Juan Roig en pleno Palau Blaugrana. Imposible retenerlo para el Valencia Basket como antes lo fue para los equipos que le precedieron, la forja de un genio. Porque Montero llegó con 16 años a la cantera del Gran Canaria -después de ser bautizado como 'El Problema' en un torneo de las Américas, «40 puntos a Argentina, 30 a Estados Unidos... Era un problema literalmente para los rivales»-, y con 17 debutó en la ACB. «Desde que llegó mostró un descaro poco habitual. Incluso impactaba que alguien tan joven se tirara los tiros que se tiraba o se jugara balones ante bases con mucha experiencia. Especialmente entrenando, porque esa primera temporada no tuvo tantas oportunidades en partidos», recuerda Javi Beirán, compañero entonces del dominicano.
«Alegría, descaro y respeto»
Durante ese curso, el del Covid, Montero jugó cinco partidos de amarillo a las órdenes de Porfi Fisac. El campeón del mundo destaca «su alegría, su descaro y a la vez también su respeto. A mí me escuchaba y le tengo mucho cariño». Pero si algo le llamaba ya la atención, era «su autoconfianza, la base de su carrera».
Los sueños de grandeza de Jean le llevaron a buscar el sueño de la NBA a través de la academia de talentos Overtime Elite. Llegó a disputar una Summer League con los Knicks, pero no resultó elegido en el draft de 2022 y tuvo que deshacer el camino. El siguiente punto de partida fue el Betis de Luis Casimiro.
«Comenzada la temporada se nos va Shanon Evans a la mitad y nos quedamos sin referente anotador. Todos miraban a Jean. Yo le preguntaba a Eulis Báez [había compartido vestuario con su compatriota en el Granca], porque tenía dudas de un chico de 19 años entonces, que estaba de vuelta de EEUU, y él me decía: 'Pablo, el chiquitín que viene es muy bueno. Confía'», rememora Pablo Almazán, capitán de aquel equipo sevillano y actual jugador del San Pablo Burgos. «Tuvo ciertos problemas de papeles con Gran Canaria, pero acabó llegando. Recuerdo que el primer o segundo partido no le fue demasiado bien. En el pasillo que va del gimnasio a la pista en el pabellón San Pablo, Jean iba hablando con Eulis y con Tyson Pérez. Y él se lo dijo claro a los dos: 'Ustedes no se preocupen por nada. Cuando llegue el momento caliente, denme la bola y yo gano el partido'. Me quedé alucinado, pensando, 'otro flipado más'. Pero ese flipado nos ha callado la boca a todos. Eso le define. Es su naturaleza», relata el alero granadino.
En 16 partidos, Montero dejó su huella, 17,6 puntos de media, una eclosión. Refrendada la siguiente temporada en el Morabanc Andorra (15,7, 5,6 asistencias...), donde Natxo Lezkano le convenció de jugar de base, algo que en su infancia Chicho Sibilio (para el que Jean tuvo un bonito recuerdo tras la final) ya sugirió a su padre. Y, sin solución de continuidad, las dos últimas en el Valencia, el equipo al que había dejado prendado tras asestarle, un 12 de mayo de 2024, 35 puntos para 47 de valoración. «Aunque básicamente es un anotador, suma en muchas cosas. Los dos años con Pedro [Martínez] le han ayudado muchísimo en conocimiento de juego, a entender reglas básicas de defensa», explica Beirán sobre quien para él está ya «entre los cuatro o cinco mejores de Europa».
Montero es don y trabajo. «Ves de dónde viene, la humildad con la que afronta todo. El baloncesto es para él un reto diario», cuenta Almazán, que recuerda cómo aquel joven reaccionaba a las «broncas»: «Con orgullo y personalidad. Y con respeto a la figura del veterano. Se callaba y te respondía en el campo. Es la clave para ver cómo responde ahora a la presión. Le veía en el OAKA y tenía la misma cara que con 19 años. Para él la presión era cuando tenía que sacar adelante a su familia".